Sobre las mentiras de Esperanza Aguirre

Sobre las mentiras de Esperanza Aguirre

Ayer comentaba que la presidenta de la Comunidad de Madrid mentía, seguramente por dejarse llevar por su fundamentalismo ideológico neoliberal, cuando decía que todos los analistas económicos están a favor de las políticas de austeridad que ella defiende (aunque en puridad no sean eso, sino simples recortes sociales para ayudar más al capital privado). Hoy traigo una prueba de lo que digo: el reciente informe de la UNCTAD, un organismo de las Naciones Unidas dedicado a promover el comercio y el desarrollo, titulado Informe 2011 sobre el comercio y el desarrollo: Desafíos de política en la economía mundial de postcrisis. En él también se defiende lo contrario de lo que propone la Señora Aguirre y se afirma que la aparente única política posible de los neoliberales va a producir muchos daños a las economías:

 

Muchos de esos países han reorientado su política fiscal, abandonando los planes de estímulo y optando por la reducción del gasto público, lo cual podría provocar un estancamiento prolongado, o incluso una contracción, de su economía. Habida cuenta del estancamiento del empleo y los salarios en los Estados Unidos, Europa y el Japón, estos países deberían seguir adoptando políticas de reactivación económica en vez de tratar de «recuperar la confianza de los mercados financieros» con recortes prematuros del gasto público. El principal riesgo global es que los salarios y los ingresos de las masas no aumenten lo suficiente para alimentar un crecimiento sostenible y globalmente equilibrado, basado en la demanda interna. Esto significa que el riesgo de que aumente la inflación a consecuencia de una subida de los precios de los productos básicos es muy pequeño. Solo unos cuantos países caracterizados por un fuerte crecimiento económico y una dinámica de aumento excesivo de los salarios se exponen a riesgos inflacionarios.

Una regulación estricta del sector financiero, a fin de orientarlo más hacia la inversión en capital fijo, es indispensable para dar mayor estabilidad a la economía mundial y ponerla de nuevo en la vía del crecimiento sostenible. Para ello se requiere una mayor coherencia entre el sistema de comercio multilateral y el sistema monetario internacional. A nivel nacional y regional, hay razones de peso para reorientar la política fiscal teniendo en cuenta los imperativos de la situación macroeconómica general en vez de centrarse exclusivamente en equilibrar presupuestos o alcanzar objetivos rígidos de reducción del déficit público. Ahora bien, a menos que se invierta la tendencia actual a una disminución de los ingresos previstos de los hogares medios, y se opte de nuevo por políticas que fomenten el aumento de los ingresos colectivos para impulsar un desarrollo sostenible y equilibrado en los países ricos y los países pobres por igual, todos los demás intentos de reactivar el crecimiento serán vanos.

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