El 29N te juegas tu pensión. Las mentiras sobre las pensiones, desmontadas con claridad. Juan Torres López
Este folleto es el resumen de un libro de próxima aparición, sobre el mismo tema y con la misma estructura, en el que sus argumentos se desarrollan con más extensión y profundidad y donde se proporcionan las fuentes de los datos y opiniones de este texto.
«¡Que se callen con las pensiones!»
El 14 de octubre de 2026, el director de Okdiario, Eduardo Inda, le dio un consejo al Partido Popular en el programa Horizonte de Cuatro. Su portavoz en el Congreso, Ester Muñoz, acababa de decir en un pódcast que el sistema público de pensiones «va a petar» y volvía a meter susto sobre el futuro de las pensiones. Inda, más listo, pidió silencio: «Que se callen con las pensiones el PP, que hablen el día 30 de noviembre, el 1 de diciembre, el 10 de enero, cuando ya estén formando gobierno, pero antes, por favor, que estén callados (…) ¡cállate con las pensiones que es un tema, que son 10 millones y medio de personas, con sus diferentes familias!».
El periodista de extrema derecha no le pidió al PP que fuera transparente y explicara lo que propone, sino que se callara durante la campaña electoral. ¿Lo hizo porque sabe que sus propuestas benefician a la población y le darían más apoyo si las difundiera, o por todo lo contrario, porque sabe que no conviene que la gente las oiga?
La respuesta es clara. Cada vez que hablan de pensiones se ve por dónde quieren ir, y no quieren que la gente lo sospeche. La portavoz del PP dice que el sistema «va a petar». El responsable económico de Vox, José María Figaredo, lo llama «zombi» y «quebrado» y propone sustituirlo en parte por cuentas individuales de capitalización (es decir, por un fondo que cada persona va acumulando a lo largo de su vida laboral con lo que pueda ir ahorrando). Y el PP lleva años preparando ese camino: en 2014, Esperanza Aguirre defendió que las cotizaciones se consideraran un capital individual de cada trabajador, como en las compañías de seguros, y el Gobierno de Rajoy premió con ventajas fiscales los planes privados, subió las pensiones solo un 0,25 % durante varios años y vació la hucha. Son formas distintas, más bruscas o más suaves, de ir en la misma dirección: debilitar el sistema público para que cada vez más gente tenga que poner su jubilación en manos de bancos y aseguradoras.
Ese es su objetivo y, para conseguirlo, vienen elaborando desde hace más de cuarenta años una sarta de mentiras que repiten y difunden sin parar por todos los medios que controlan. Pero siempre ocultan lo fundamental: la privatización ha sido un completo desastre allí donde se ha aplicado. Ha dado lugar a pensiones muy bajas, a más desigualdad y a un coste mayor para el Estado, porque cuando los fondos privados quiebran recurren a él para que los rescate.
Por eso, el 29 de noviembre no se elige solo un gobierno. También se decide si las pensiones públicas siguen siendo un derecho de todos o empiezan a convertirse definitivamente en un negocio de unos pocos. Te juegas tu pensión, y en este folleto voy a desmontar una a una las mentiras que utilizan para engañarte y quedarse con tu dinero.
Quienes difunden estas mentiras tienen todo el poder de su lado: dinero para pagar informes, fundaciones y expertos, y periódicos y televisiones que las repiten a diario. Frente a eso, lo único que puede inclinar la balanza es que mucha gente se informe, piense con su propia cabeza y sea capaz de responderles en voz alta. Por eso no basta con leer este folleto. Te pido que lo aprendas y que lo difundas. Es tu munición pacífica, la de los argumentos, frente a quienes te engañan constantemente.
El gran engaño y cómo lo han construido
Todo lo que te cuentan sobre las pensiones persigue un mismo fin: convencerte de que la pensión pública no te conviene y de que debes ir pasándote a la privada.
Nadie te lo dice así, porque no lo aceptarías. Por eso te llevan hasta ahí poco a poco, paso a paso y mentira a mentira. Cada paso es como el eslabón de una cadena: parece razonable por sí solo y te prepara para el siguiente, hasta que la conclusión parece caer por su propio peso. Así funciona el engaño:
Primer paso: convencerte de que no hay pensiones para tanta gente mayor, porque vivimos más años y cada vez hay más personas mayores y menos trabajando. (mentiras 1 y 2)
Segundo paso: convencerte de que las cuentas no salen, porque hay déficit y la hucha está vacía. (mentiras 3 y 4)
Tercer paso: convencerte de que es injusto, porque los jóvenes pagan a los viejos unas pensiones excesivas. (mentiras 5 y 6)
Cuarto paso: convencerte de que no hay más remedio que recortar, para «salvar» al sistema público. (mentiras 7, 8 y 9)
Quinto paso: convencerte de que el sistema público no vale, porque es una estafa y «va a petar», y quien lo dice, además, es la ciencia. (mentiras 10 y 11)
Sexto paso: llevarte a lo privado, porque, si quieres tener pensión cuando te jubiles, será lo único seguro. (mentiras 12, 13 y 14)
Son seis pasos, que se dan con catorce mentiras. Y una más, la decimoquinta (mentira 15), que no viene de ellos sino de nosotros mismos: creer que lo público aguantará pase lo que pase.
Vamos a desmontar el recorrido, tal y como ellos lo hacen, paso a paso.
Mentira 1
«Las sociedades son cada vez más viejas: será imposible pagar tantas pensiones»
La repiten los servicios de estudios de bancos y aseguradoras, las fundaciones que financian y muchos tertulianos, con gráficos de apariencia científica, y la derecha la convierte en su lema: el sistema «va a petar».
Por qué es mentira
Es verdad que vivimos más y que hay menos nacimientos. La mentira está en el salto que se da de «habrá más personas mayores» (verdad) a «por eso será imposible pagar las pensiones» (falso).
Es mentira que el envejecimiento haga imposible pagar las pensiones porque estas no las pagan uno, muchos o pocos trabajadores, sino lo que se produce en el conjunto de la economía. Y lo que nos dice la experiencia es que cada año se produce más con el mismo trabajo o incluso con menos porque aumenta la llamada productividad (la cantidad de bienes o servicios que cada persona que trabaja es capaz de producir). Incluso con un crecimiento modesto de la productividad, en 2060 España producirá más del doble que en 2007. Por tanto, aunque las pensiones se lleven entonces una parte mayor, quedará mucho más que ahora para todo lo demás. Dicho de otro modo, quizá más fácil de entender: lo que importa para el futuro de las pensiones no es solo el número de personas que trabajen y estén jubiladas, sino el tamaño de la «tarta» que se produzca y cómo se reparta. Eso sí, que la tarta crezca es una condición necesaria, pero no suficiente: también cuentan los salarios por los que se cotiza, los ingresos fiscales y las decisiones sobre cómo se distribuye la riqueza, entre otras circunstancias.
Es mentira que el envejecimiento haga imposible pagar las pensiones como lo demuestra el que quienes lo anuncian llevan cincuenta años equivocándose en esa predicción. No se puede predecir con tanta antelación la población total y mucho menos el número de pensionistas o de personas empleadas que habrá. Un simple ejemplo para demostrártelo: en 1995 se calculó que en 2030 habría 5,1 millones de pensionistas. Pero la realidad fue que, ya en 2009, había 5,2 millones y, sin embargo, la Seguridad Social tuvo superávit ese año.
Es mentira que el envejecimiento sea lo que haga imposible pagar las pensiones porque lo que cuenta (además de lo que ya te he dicho) no es cuántas personas tienen edad de trabajar, sino cuántas trabajan y cuánto cobran. Hoy solo trabajan dos de cada tres personas en edad de hacerlo. Si hubiera más empleo y mejores salarios, el sistema podría tener más pensionistas y seguir equilibrado. Y una buena parte de ese margen está en las mujeres: si trabajaran y cobraran como los hombres, el sistema tendría muchos más ingresos sin necesidad de recortar nada.
El argumento demográfico contra las pensiones públicas también es mentira porque, si el envejecimiento hiciera imposible pagarlas, lo mismo ocurriría con las privadas. Cuando te jubiles, lo que comas y quien te cuide lo producirán los que trabajen en ese momento, tengas pensión pública o plan privado. Quien se jubile en el futuro con un plan privado tendrá que vender sus acciones a quienes trabajen entonces y, por consiguiente, si no hay suficientes trabajadores para aportar una parte de su sueldo en cotizaciones, como dicen que ocurrirá con las públicas, tampoco habrá suficientes para dedicar esa parte a comprar los productos financieros que necesitarán vender quienes se estén jubilando para convertir en pensión el dinero líquido que reciban.
Para qué te la cuentan
Te cuentan esta mentira para que aceptes los recortes como una ley de la naturaleza. Si el problema es que vivimos demasiado, ya no preguntarás quién decide cuánto se dedica a las pensiones ni quién paga. Aceptarás que te las bajen o te retrasen la jubilación como quien acepta que llueve.
Y te cuentan esta mentira para enfrentar a las generaciones. A las personas mayores las hacen sentir que son un gasto que sobra. A los jóvenes los convencen de que nunca cobrarán una pensión, para que no la defiendan y contraten un plan privado.
Lo que puedes responder
Las pensiones las paga lo que produce el país, y cada vez producimos más. Lo que importa es cuánta gente trabaja y cuánto cobra. Y si la demografía hundiera las pensiones públicas, hundiría también las privadas. Y remata con una pregunta: «¿Cuántas veces habéis acertado los que lleváis medio siglo anunciando la insostenibilidad y la quiebra de las pensiones públicas?»
Mentira 2
«La carga de las pensiones será insoportable»
La difunden organismos internacionales, servicios de estudios y columnistas económicos, y la repiten los partidos que proponen recortar, con una palabra elegida con cuidado, «carga», y una cifra de gasto para mediados de siglo que suena enorme.
Por qué es mentira
Lo que se presenta como un peso insoportable es, en realidad, una decisión política sobre cómo repartir lo que produce un país rico.
Es mentira que el gasto en pensiones vaya a ser insoportable porque ni quienes lo anuncian se ponen de acuerdo sobre cuál es ese nivel fatídico. En los estudios que se han hecho para España, las estimaciones del gasto en pensiones a mediados de siglo van del 12 % al 26,6 % del PIB. Esa diferencia tan grande se explica porque cada estudio parte de supuestos distintos sobre el empleo, la productividad, la inmigración o la cuantía de las pensiones. Es normal que así sea, pero demuestra que el resultado depende de lo que se suponga y de lo que se decida hacer, y que no hay ninguna cifra fatídica escrita en el futuro. Si es evidente que no es igual de insostenible un 12 % que un 26 %, ¿en qué quedamos?
Es mentira que las pensiones sean una carga porque, en realidad, son renta. Se gastan casi enteras, y enseguida, en la cesta de la compra, en la farmacia, en el bar o en ayudar a hijos y nietos. Por tanto, no son una carga que se tira, sino que se convierten en ventas para miles de empresas, en empleo y en impuestos. Si se recortan, las tiendas venden menos, las empresas despiden y toda la economía se resiente.
Es mentira que no podamos permitirnos más gasto en pensiones porque la economía crece y cuando lo hace aumenta el tamaño de la tarta. Si cada año se produce más, las pensiones pueden llevarse una porción mayor y aun así quedará más que ahora para todo lo demás. Por supuesto, siempre que una parte suficiente de esa riqueza llegue al sistema a través de los salarios y los impuestos.
Y es mentira que ese gasto vaya a ser insoportable para España si, dentro de veinticinco o treinta años, alcanzara más o menos el porcentaje del PIB que Italia ya dedica hoy a pensiones sin haberse arruinado.
Para qué te la cuentan
Te cuentan esta mentira para que, sin darte cuenta, veas tu pensión como algo que hay que aliviar. Y aliviarla significa siempre lo mismo: jubilarse más tarde y cobrar menos pensión.
Te cuentan esta mentira para enfrentarte con otros grupos de población a ver quién se quita más peso de la espalda. Y, sobre todo, porque tratan de hacerte creer que si las pensiones son una carga, no habrá dinero para la sanidad, la educación o la vivienda de los jóvenes. Así consiguen que pensionistas y enfermos, abuelos y nietos, se peleen por el mismo trozo de tarta.
Te cuentan esta mentira para que nadie mire hacia arriba. Porque mientras discutimos por las pensiones, nadie habla del fraude fiscal, de las grandes fortunas que pagan menos que una nómina, del rescate de la banca o del gasto militar. No se les ocurre llamar «carga» a un tanque; solo es carga para ellos tu pensión, o la de tus padres o abuelos.
Lo que puedes responder
Ni ellos se ponen de acuerdo: sus previsiones van del 12 % al 26,6 % del PIB. Y la pensión no es un fardo, es renta que se gasta cerca de casa y sostiene ventas y empleo. Y remata con una pregunta: «¿Por qué llamáis «carga» a la pensión de mi madre y nunca a un tanque?»
Mentira 3
«Se gasta tanto en pensiones que hay déficit constante y eso hunde la economía»
La publican fundaciones y economistas habituales en prensa y televisión, y la usan los partidos que reclaman recortar, con una resta muy simple entre cotizaciones y pensiones y la comparación con una familia que gasta más de lo que gana.
Por qué es mentira
Decir que las pensiones públicas están en peligro porque hay un déficit constante es engañoso, porque la palabra «déficit», aplicada a las pensiones, es una trampa. Fíjate bien: si te dicen que alguien incurre en déficit porque gasta más de lo que ingresa, inmediatamente piensas en una conducta desacertada o incluso condenable. Si, por el contrario, te dijeran que algo tiene financiación insuficiente, enseguida reclamarías que le dedicaran más dinero. ¿Tengo que explicarte lo que supone esa diferencia?
Es mentira que haya un déficit que hunde las pensiones y la economía porque a las pensiones se les exige lo que no se exige a ningún otro servicio público. Nadie dice que el ejército, la policía, los bomberos o la administración de justicia tengan déficit: tienen financiación suficiente o insuficiente. Se dedica a ellos una determinada cantidad financiada con impuestos porque así lo decidimos. Lo que llaman déficit de las pensiones es, simplemente, la parte de la financiación de las pensiones públicas que, cuando sea necesario, tendríamos que poner entre todos.
Es mentira que pagar pensiones con impuestos y no solo con cotizaciones sociales, si estas son insuficientes, lleve a la ruina, como demuestra que todos los países de Europa lo hacen y no están arruinados. Dinamarca, por ejemplo, paga así el 60 % de sus pensiones y Alemania, una de cada tres. Ninguno está en quiebra.
Es mentira que el sistema esté en un abismo porque, aunque hiciera falta más dinero, sería una cantidad asumible. Para cubrirla bastaría con que España recaudara algo más cerca de lo que recaudan sus vecinos europeos y con que pagaran lo que les corresponde quienes más tienen y defraudan más que nadie.
Finalmente, es mentira que el «déficit» de las pensiones públicas lo provoquen las personas que las cobran porque, como hemos visto, los ingresos del sistema dependen de variables que responden a decisiones políticas generales y, sobre todo, del modo en que se reparte la riqueza. Con la misma población y los mismos pensionistas, si los salarios pierden peso frente a los beneficios, se cotiza menos y aparece el déficit. Pero si los salarios se recuperan, el déficit desaparece. Te lo demuestro con un ejemplo muy sencillo:
Supongamos un país en donde el ingreso total o PIB es de 100 euros, el gasto total en pensiones el 18 por ciento y en el que las pensiones públicas las financian los trabajadores con un 30 por ciento del salario.
Si las rentas del trabajo, los salarios, representaran el 70 por ciento del ingreso total (un porcentaje que casi llegó a alcanzarse en algunos países en los años sesenta del siglo pasado), la Seguridad Social dispondría de 21 euros (el 30 por ciento de 70), es decir, tendría un superávit de 3 euros (21 € − 18 €).
Ahora imaginemos que, siguiendo todo igual (la estructura y edad de la población, la tasa de dependencia, etc.), se imponen políticas que benefician a las rentas de capital y se reducen los salarios, de modo que la participación de estos últimos en la renta cae hasta el 50 por ciento (más o menos como estamos ahora).
En este caso, los ingresos de la Seguridad Social serían solo de 15 euros (el 30 por ciento de 50 €). Habría un déficit de 3 euros (15 € − 18 €).
Está claro: el «déficit» no lo producen la demografía, el número de pensionistas ni la cuantía de las pensiones. Puede producirlo, simplemente, una mayor desigualdad entre salarios y beneficios.
Para qué te la cuentan
Te cuentan esta mentira para preparar el recorte. Primero se anuncia una quiebra que no llega nunca. Después, con el miedo ya instalado, se presenta como inevitable que hay que bajar las pensiones, retrasar la jubilación o subirlas menos que los precios. Cada uno de esos recortes deja un hueco entre lo que cobrarás y lo que necesitarás para vivir, y en ese hueco aparece el banco con su plan privado.
Y te la cuentan para que no se hable de quién debe pagar las pensiones. Si todo el debate gira en torno a un supuesto déficit de las cotizaciones, nadie plantea que hay insuficiente financiación y, por tanto, que hace falta más dinero, más impuestos que paguen sobre todo quienes tienen más ingresos y más riqueza, no quienes menos tienen. Hablar de déficit sirve para que esa demanda no llegue a hacerse.
Lo que puedes responder
¿Tienen déficit el ejército, la policía o la justicia? Se pagan con impuestos, como una parte de las pensiones en toda Europa. Y el déficit lo provoca el reparto, no que haya más viejos y viejas: con salarios dignos, las cuentas salen. Y remata con una pregunta: «¿Por qué nunca hay déficit cuando se trata de rescatar bancos o comprar armas?»
Mentira 4
«La hucha está vacía»
Ha sido durante años un titular repetido en periódicos, radios y televisiones, con la imagen más casera de todas: tu pensión estaba guardada en una hucha que los jubilados de hoy ya se han gastado.
Por qué es mentira
La hucha, el Fondo de Reserva de la Seguridad Social, existe. Pero no es lo que te dicen.
Es mentira que tu pensión dependa de la hucha porque nunca estuvo guardada ahí. El Fondo de Reserva es un colchón para años malos. Ni en su mejor momento daba para pagar más de unos pocos meses de pensiones.
Es mentira que, si la hucha se vacía, no habrá pensiones porque las pensiones de mañana se pagarán con lo que produzca el país mañana, no con lo que se guarde hoy. Igual que el pan que comamos en 2050 se hará en ese año.
Es mentira que la hucha esté vacía porque hoy tiene más de 15.000 millones de euros, su nivel más alto en diez años, y crece cada año.
Y es mentira que la hucha se vaciara sola o por el aumento del gasto en pensiones. La vació una decisión política. Durante los años de crisis, el Gobierno de Rajoy recibió el fondo con casi 67.000 millones y lo dejó en algo más de 8.000. Lo usó para tapar el agujero que abrían en las cotizaciones el paro y la caída de los salarios, en lugar de reforzar el sistema con impuestos, y llegó a cambiar la ley para poder sacar más de lo que estaba permitido. Y además hizo eso, y esto es lo grave, mientras dedicaba decenas de miles de millones a rescatar y ayudar a la banca.
Para qué te la cuentan
Te cuentan esta mentira para provocarte miedo y para que, justo detrás, tengas el impulso de ahorrar por tu cuenta. Y eso significa contratar el plan de pensiones que el banco te ofrece como una bicoca: una bicoca por la que te cobrará comisiones cada año y que, esa sí, es la que realmente puede vaciarse de verdad.
Y, por supuesto, te cuentan esta mentira para esconder que, si las reservas del sistema público de pensiones son pocas o muchas, es por decisiones políticas, como la que tomó el Gobierno del Partido Popular.
Lo que puedes responder
Tu pensión no sale de la hucha, que es un colchón para años malos, sino de lo que produzca el país cuando te jubiles. La hucha no está vacía: está en su máximo en diez años. Y la vació el Gobierno de Rajoy mientras rescataba bancos. Y remata con una pregunta: «Si tanto os preocupa la hucha, ¿por qué no explicáis quién la vació y de dónde habéis sacado el dinero para llenar la de los bancos?»
Mentira 5
«Las pensiones obligan a que los jóvenes paguen a los viejos»
La difunden en redes sociales influencers económicos y la propaganda de la derecha dirigida a la juventud, aprovechando una rabia legítima: «tu sueldo de miseria sirve para que los jubilados con piso propio se vayan de viaje con el Imserso».
Por qué es mentira
La precariedad de los jóvenes es real. Lo falso es que la culpa la tenga la pensión de sus abuelos.
Es mentira que los jóvenes mantengan a los viejos porque el sistema funciona como un relevo. Quienes trabajan hoy pagan las pensiones de ahora, igual que los pensionistas actuales pagaron durante cuarenta años o más las de sus padres. Y a los jóvenes de hoy les pagarán su pensión quienes trabajen mañana.
Es mentira que con pensiones privadas esta «injusticia», que no lo es, desaparecería: a quien está jubilado, siempre lo sostienen quienes trabajan en ese momento. Si es mediante una pensión pública, a través de sus cotizaciones. Si es privada, porque quienes trabajen tendrán que desprenderse de una parte de su renta para comprar los títulos en los que está invertido el ahorro de quien se jubila y que este necesita convertir en dinero. Solo hay una diferencia: en el caso del ahorro privado, el gestor no para de cobrar comisiones.
Es mentira que la derecha defienda a la gente joven cuando propone que haya pensiones privadas basadas en el ahorro particular y no en la solidaridad entre generaciones. En realidad, si llevara a cabo su propuesta, obligaría a los jóvenes a pagar dos veces: tendrían que desviar una parte de las cotizaciones a cuentas privadas, y con otra tendrían que seguir pagando las pensiones de sus mayores y, además, ahorrar en su propio plan. Ninguna generación ha cargado con tanto.
Es mentira que las cotizaciones solo sirvan para mantener a otras personas, porque en parte también protegen hoy a quien las paga, cuando se producen situaciones de incapacidad, viudedad u orfandad. En particular, la pensión de viudedad, que cobran sobre todo mujeres, es para muchas de ellas su único ingreso.
Es mentira que la pensión de los mayores sea el problema de la gente joven. Lo que ahoga a la juventud son el alquiler por las nubes, la precariedad, los salarios bajos, la inseguridad y la falta de expectativas. Y muchos jóvenes salen adelante precisamente gracias a la pensión de sus abuelos.
Para qué te la cuentan
Te cuentan esta mentira para desviar tu rabia. Si culpas a tu abuela y a tu abuelo, no culparás a quien te paga poco y te cobra mucho por el alquiler.
Te cuentan esta mentira para romper la solidaridad entre generaciones, que es lo que de verdad sostiene el sistema público: algo como las pensiones públicas que todos sienten como suyo no se puede desmontar. Pero si se convence a la gente de que son un privilegio de otros, sí.
Te cuentan esta mentira para empujarte al «sálvese quien pueda». Porque si crees que lo público solo sirve para mantener a otros, buscarás tu propia salida; y es ahí donde te estará esperando, de nuevo, el beneficiario de la mentira, el banco con su plan privado.
Lo que puedes responder
No mantengo a nadie: corro mi turno en un relevo que mis abuelos ya corrieron. Con un plan privado pasaría lo mismo, pero con un banco cobrando por medio. Y lo que proponéis me obligaría a pagar dos veces. Y remata con una pregunta: «Mi problema es mi sueldo y mi alquiler, no la pensión de mi abuela. ¿Qué proponéis para eso?»
Mentira 6
«Las pensiones públicas son excesivas en relación con los salarios»
La publican los periódicos económicos y los servicios de estudios, la reproducen todos los medios y la usan los partidos que piden «moderar» el gasto, con una comparación que parece incontestable: hay pensiones más altas que muchos salarios.
Por qué es mentira
La comparación es real, pero la conclusión está al revés.
Es mentira que las pensiones sean excesivas porque, si una pensión supera a un salario, lo escandaloso es el salario. Lo indignante no es que quien cotizó cuarenta años cobre una pensión digna, sino que se pueda pagar tan poco por trabajar a jornada completa.
Es mentira que los pensionistas cobren mucho si se toma como referencia la pensión media, porque la media engaña. La inflan quienes se jubilan tras carreras largas y bien pagadas, pero debajo quedan millones de viudas y pensionistas que apenas llegan al salario mínimo o ni siquiera lo alcanzan. Y hay una bolsa muy grande de pensiones muy bajas que cobran mujeres, bien porque son viudas, bien porque han tenido vidas laborales interrumpidas por cuidar de hijos y mayores.
Es mentira que las pensiones se hayan disparado porque, si han subido más que los salarios, es porque la ley las protege de la subida de los precios. Los salarios no tienen esa protección y por eso han perdido poder de compra. La diferencia no demuestra que las pensiones sean altas, sino que a los trabajadores les han dejado perder sueldo.
Es mentira que sea un exceso que la pensión represente una buena parte del último sueldo porque es justamente para eso para lo que existe: para que, al jubilarte, no caigas en la pobreza y puedas seguir viviendo más o menos como antes.
Para qué te la cuentan
Te mienten diciéndote que las pensiones son muy elevadas para que aceptes bajarlas hasta acercarlas a los salarios. Nunca proponen lo contrario: subir los salarios hasta acercarlos a una pensión digna.
Te cuentan esta mentira para que cobrar poco parezca lo normal: primero se mantienen bajos los salarios y después se usan como vara de medir para recortar las pensiones. Así te tienen discutiendo si tu abuela cobra demasiado, cuando la pregunta es por qué su nieto cobra tan poco.
Lo que puedes responder
Si una pensión supera tu salario, el problema es tu salario. La media engaña: millones de pensionistas, sobre todo mujeres, cobran muy poco. Y las pensiones suben con los precios por ley; los salarios no. Y remata con una pregunta: «¿Por qué siempre proponéis bajar pensiones y nunca subir salarios?»
Mentira 7
«Para salvar las pensiones hay que retrasar la jubilación y bajar su cuantía»
La recomiendan organismos como la Comisión Europea o la OCDE y la aplicó el PP en 2013 con su «factor de sostenibilidad», presentándola como una medida técnica, sin ideología: si vivimos más, habrá que trabajar más y cobrar menos.
Por qué es mentira
Retrasar la jubilación y bajar las pensiones son solo dos de las posibilidades para «ajustar» las cuentas del sistema, justo las que pagan las clases trabajadoras.
Es mentira que no haya más remedio que recortar porque se puede ingresar más: con más empleo y mejores salarios, haciendo que los sueldos más altos coticen por todo lo que ganan, persiguiendo el fraude, financiando una parte con impuestos en los que pague más quien más tiene y disminuyendo la desigualdad entre rentas del trabajo y del capital. Elegir el recorte es elegir que pague siempre la misma gente.
Es mentira que retrasar la jubilación no sea un recorte porque, aunque la pensión de cada mes sea la misma, la cobras durante menos tiempo. Si antes te jubilabas a los 65 y ahora a los 67, y vives los mismos años, cobrarás la pensión dos años menos. Con una pensión de 1.200 euros y sus catorce pagas, esos dos años menos de cobro suponen unos 33.000 euros que dejas de recibir. Es una cuenta sencilla, que solo compara los años de cobro, porque el efecto final depende de más cosas, como la pensión que se tenga o los años cotizados. Pero lo que no cambia es que trabajas y cotizas dos años más. No te bajan la pensión de cada mes, pero te quitan una parte importante de lo que vas a cobrar en total.
Es mentira que aumentar la edad de jubilación sea un ajuste adecuado para todo el sistema ante la prolongación de los años de vida por una sencilla razón: no toda la población vive más tiempo por igual. La esperanza de vida es una media que esconde una desigualdad enorme. En una misma ciudad, en los barrios pobres se vive muchos años menos que en los ricos. Por tanto, subir la edad por igual para todos castiga a quien empezó antes a trabajar, hizo trabajos más duros y vive menos. Es dar más al que más tiene.
Es mentira que se pueda trabajar siempre hasta los 67 porque muchas empresas despiden a la gente a partir de los 55, y a esa edad es muy difícil encontrar otro empleo. Para muchas personas, subir la edad de jubilación significa llegar a ella desde el paro y con menos pensión. Y castiga especialmente a las mujeres, que tienen vidas laborales más cortas y con más interrupciones por los cuidados, y a quienes completar los años de cotización que se exigen les cuesta mucho más.
Para qué te la cuentan
Te cuentan esta mentira para desarmarte. Contra una decisión política se puede protestar, votar en contra o salir a la calle. Contra una fatalidad, como envejecer o que llueva, no se puede hacer nada. Por eso presentan el retraso de la jubilación y el recorte de las pensiones como algo que impone la realidad y no como algo que decide un gobierno. Si te convencen de que no hay alternativa, ni siquiera te plantearás oponerte, y ya no tendrán que convencerte de nada más.
Te cuentan esta mentira para abrir paso al negocio. Cada año de retraso en la jubilación y cada recorte en la cuantía hacen más pequeña tu pensión pública, y una pensión más pequeña deja una brecha más grande entre lo que cobrarás y lo que necesitarás para vivir. Justo la brecha que ya sabes que se necesita ensanchar para que al banco le resulte más fácil colocarte su plan privado, presentado entonces como un complemento imprescindible. Primero te recortan lo público diciendo que no hay remedio, y luego te venden lo privado como remedio.
Te cuentan esta mentira para que el ajuste lo pague siempre la misma gente. Cuando dicen que no hay más remedio, lo que de verdad dicen es que no quieren otro remedio. Por ejemplo, que pagaran más los beneficios de las grandes corporaciones y las mayores fortunas o que se acabara con el fraude y la evasión fiscal. El recorte que presentan como inevitable es, en realidad, una elección política sobre quién paga más y quién menos o nada.
Lo que puedes responder
Sí hay remedios: más empleo, mejores salarios, justicia fiscal y perseguir el fraude. Retrasar la edad es un recorte: dos años más trabajando son dos años menos cobrando, y castiga a quien vive menos. Y remata con una pregunta: «¿Por qué el ajuste lo pagan siempre las clases trabajadoras y nunca los beneficios ni las grandes fortunas?»
Mentira 8
«Subir cotizaciones para pagar las pensiones destruye empleo»
La repiten las organizaciones empresariales cada vez que se sube una cotización, y los economistas que las acompañan en los medios, con el lenguaje de un manual de economía: o pensiones o empleo.
Por qué es mentira
El dilema es falso, y los hechos lo demuestran.
Es mentira, de entrada, porque la cotización no es un impuesto sobre el empleo, sino una parte de la remuneración de tu trabajo que se destina a financiar derechos y prestaciones sociales: tu pensión futura, tu baja o tu paro. Bajarla no te sube el sueldo, te lo baja.
Es mentira que las cotizaciones decidan cuánto empleo hay porque las empresas no crean empleo solo porque tengan costes laborales más bajos, sino en función de la demanda que tienen de lo que venden. Un bar lleno contrata, aunque tenga que pagar cotizaciones altas; un bar vacío no contrata, aunque no tenga que pagar cotizaciones.
Es mentira que subir las cotizaciones destruya empleo en cualquier caso. Su efecto depende de cuánto se suban y de la situación de la economía, y lo demuestran largos periodos en diferentes países y, recientemente, España, donde se han subido por varias vías y, sin embargo, el empleo y la afiliación a la Seguridad Social han alcanzado máximos históricos.
Es mentira que necesitemos cotizaciones bajas para tener empleo porque países como Alemania o los nórdicos tienen cotizaciones y salarios más altos que España, y menos paro.
Para qué te la cuentan
Te cuentan esta mentira para que el único camino que quede sea el recorte. Si no se pueden subir los ingresos, solo queda bajar las pensiones, y una pensión pública más pequeña, como ya sabemos, es justo lo que necesitan para venderte un plan privado.
Te cuentan esta mentira para que las empresas paguen menos por cada trabajador. Pero no por lo que dicen: en realidad, cada punto de cotización que no se sube es dinero que no va a tu pensión, sino que se queda en los beneficios.
Te cuentan esta mentira para tenerte en silencio y con miedo, pues si crees que defender tu pensión puede costarte el empleo, renunciarás a lo segundo por temor a perder lo primero.
Lo que puedes responder
La cotización es parte de mi remuneración, destinada a mis derechos: bajarla es bajarme el sueldo. El empleo lo crea la demanda, y Alemania o los países nórdicos tienen cotizaciones más altas que España y menos paro. Y remata con una pregunta: «Si subir las cotizaciones destruye empleo, ¿cómo es que, después de subirlas, en España hay más gente trabajando que nunca?»
Mentira 9
«Recortar pensiones libera dinero para cosas más útiles»
Te la cuentan, con el acento responsable de quien solo parece querer gestionar bien, economistas y responsables políticos que presentan las pensiones como simple consumo improductivo y la educación, la investigación o la defensa como inversión.
Por qué es mentira
Es mentira decir que se recorta en pensiones para «gastar mejor» porque lo que se esconde detrás de esos recortes suele ser una decisión política para que el dinero vaya a otros bolsillos y, a menudo, a gastos mucho menos productivos, desde cualquier punto de vista, que las pensiones.
Es mentira que recortar pensiones libere dinero para la juventud porque, cuando se ha hecho, no ha ido allí. En los años en que las pensiones apenas subían y perdían poder de compra, también se recortaba en educación, sanidad e investigación.
Es mentira que no haya dinero para las pensiones porque, cuando interesa que lo haya para otros gastos, aparece cuando se quiere. Para rescatar a los bancos aparecieron unos 60.000 millones de euros que no se van a recuperar. Y ahora se piden para gasto militar cantidades que casi duplican lo que costaría garantizar las pensiones de por vida.
Finalmente, es mentira que las pensiones sean gasto improductivo o inútil porque son de lo más útil que hay: sacan de la pobreza a millones de mayores, se gastan casi exclusivamente en nuestra economía, crean empleo en todo el país y pueden generar, por su efecto multiplicador sobre el gasto, una renta final mayor que la inicial. El gasto militar también genera actividad industrial y empleo, pero un misil o un tanque, una vez fabricados, no prestan ningún servicio a la gente, y en buena parte se compran fuera. Y eso por no hablar del bienestar o el malestar humano que cada uno lleva detrás.
Para qué te la cuentan
Te cuentan esta mentira para cambiar el destino del dinero público sin que te des cuenta. Si ves tu pensión como un gasto prescindible y las armas o las ayudas a la banca como inversiones, aceptarás que el dinero de las personas mayores acabe en otras manos supuestamente más «productivas», y no en las de quienes necesitan recursos para tener una vida mínimamente digna.
Te cuentan esta mentira porque las palabras tienen la capacidad de «fabricar» la realidad. Llamar «gasto» a la pensión de tu madre e «inversión» a un misil no es una descripción técnica, sino una forma de convencerte. Sería mucho más difícil que lo consiguieran si dijeran claramente «preferimos comprar armas a pagar pensiones dignas».
Lo que puedes responder
Cuando se recortaron pensiones, también se recortó en educación y sanidad. Para rescatar bancos hubo dinero, y para armas lo hay. La pensión se gasta aquí, crea empleo y da bienestar. Y remata con una pregunta: «¿A qué cosas más útiles os referís? Decid cuáles, y explicad por qué siempre acaban siendo armas o bancos.»
Mentira 10
«Las pensiones públicas son una estafa piramidal»
Circula en redes sociales, en canales de «educación financiera» y en discursos de la nueva derecha, y en España la han sostenido políticos como Albert Rivera, Sílvia Orriols o Iván Espinosa de los Monteros, como si fuera la verdad que los economistas no se atreven a decir.
Por qué es mentira
Basta saber qué es una estafa, y más concretamente una piramidal, para ver que no se parece en nada al sistema público.
Es mentira que las pensiones públicas sean una estafa porque una estafa engaña, y las pensiones públicas funcionan con reglas escritas en la ley que todo el mundo conoce. Nadie oculta que las pensiones de hoy se pagan con las cotizaciones de hoy.
Es mentira que las pensiones públicas sean una estafa piramidal porque una estafa piramidal no produce nada, solo mueve dinero de unos bolsillos a otros, mientras que detrás de las pensiones hay millones de personas trabajando y produciendo bienes y servicios reales.
Es mentira que el sistema público de pensiones esté condenado a hundirse como una estafa piramidal, como demuestra la experiencia. Esas pirámides necesitan cada vez más participantes y se derrumban en pocos años, en cuanto dejan de entrar. El sistema público lleva más de un siglo en pie y ha resistido guerras, crisis y épocas con muy pocos nacimientos. Que haya durado tanto no garantiza por sí solo su futuro, que depende de las decisiones que se tomen, pero sí demuestra que no funciona como una pirámide.
Es mentira que sean las pensiones públicas las que pueden evaporarse y que por eso convengan más las privadas, porque eso no ha pasado nunca, mientras que sí se han evaporado muchos fondos privados milmillonarios que dependen de la evolución de la Bolsa y las finanzas.
Para qué te la cuentan
Te cuentan esta mentira para que pierdas el respeto al sistema público. No tienen datos, pero repetir la palabra «estafa» hasta que te suene inseparable de «pensión pública» consigue asentar una idea sin que haya hecho alguno que la pruebe.
Te cuentan esta mentira para que, creyendo que el sistema de pensiones públicas es un enfermo que está en fase terminal, dejes de defenderlo. Nadie sale a la calle por algo que considera un fraude o que se va a acabar, mientras que recortar un timo puede parecer hasta merecido.
Te cuentan esta mentira para que busques refugio en lo privado porque, si lo público es una estafa, lo sensato parecerá lo que el banco te ofrece, aunque en realidad sea justamente lo único que sí puede dejarte sin nada.
Lo que puedes responder
Una estafa engaña y una pirámide no produce nada. Las pensiones públicas funcionan con reglas que todos conocemos, se apoya en millones de personas trabajando y lleva más de un siglo en pie. Y remata con una pregunta: «Si es una estafa piramidal, ¿cómo es que lleva más de cien años pagando?»
Mentira 11
«Hay consenso científico sobre la insostenibilidad de las pensiones públicas»
La transmiten telediarios y todo tipo de medios con informes de organismos de prestigio y estudios de fundaciones privadas presentados como investigación neutral, mientras a quien discrepa se le trata de ignorante o «populista».
Por qué es mentira
En economía se discute mucho y detrás de cualquier discusión hay intereses, ideologías y, sobre todo, una decisión sobre adónde va el dinero, algo que no se resuelve con «ciencia», sino con política y poder. Y cuando se trata de pensiones, más todavía.
Es mentira que los organismos oficiales digan que el sistema es insostenible porque lo que prevén es solo que el gasto aumentará y el hecho de que algo cueste más no significa que no se pueda pagar. Ese salto no lo dan sus informes, sino quienes los citan, porque la financiación mayor o menor de las pensiones, como de cualquier otro gasto, es una decisión política.
Es mentira que las predicciones sobre la insostenibilidad de las pensiones públicas sean científicas porque, en la ciencia, cuando una teoría falla una y otra vez, se abandona. Sin embargo, quienes defienden que las pensiones públicas se van a hundir y que las privadas son más seguras llevan cincuenta años fallando y siguen repitiendo lo mismo.
Es mentira que la gran cantidad de opiniones e informes que defienden que las pensiones públicas son insostenibles sea neutral. Buena parte de esos estudios los financian bancos y empresas que ganarían con la privatización para difundir el catastrofismo que les interesa. Prueba de ello es que pagan una vez detrás de otra a quienes siempre se equivocan. No tiene explicación, salvo que no estén buscando acertar ni descubrir la verdad.
Es mentira que haya consenso porque muchos economistas defienden que el sistema es perfectamente sostenible, e incluso un organismo internacional como la Organización Internacional del Trabajo defiende los sistemas públicos, como el español, basados en la solidaridad entre generaciones.
Es mentira que el debate sobre las pensiones sea una cuestión técnica o científica porque lo que se plantea es cuánto dedicamos a un fin o a otro, y en concreto a que nuestras personas mayores vivan con dignidad. Eso, como ya te he dicho, solo puede ser una decisión política, sobre la que cualquier persona tiene el mismo derecho a pronunciarse que el más sabio de los expertos.
Para qué te la cuentan
Te cuentan esta mentira para ganar el debate sin discutirlo. Si dudar de la quiebra de las pensiones parece tan absurdo como negar que la Tierra es redonda, ya no hace falta responder a ningún argumento.
Te cuentan esta mentira para apartarte de una decisión que te pertenece. Si convencen a la gente de que los asuntos de las pensiones son cosa de especialistas, la gente los dejará en manos de «los que saben», que a menudo son los que tienen intereses en el resultado.
Te cuentan esta mentira para disfrazar de ciencia un negocio. Cuando la privatización se presenta como conclusión de los expertos, parece algo riguroso y sensato, y no lo que realmente es: la forma de que la banca se quede con el negocio de gestionar el dinero de las pensiones y cobre por ello.
Lo que puedes responder
Los informes oficiales dicen que el gasto subirá, no que sea insostenible. Un consenso que falla siempre no es ciencia. Y no hay tal consenso: muchos economistas y la OIT defienden los sistemas públicos. Y remata con una pregunta: «¿Quién paga los informes que hablan de la insostenibilidad de las pensiones públicas, y cuántas de sus predicciones se han cumplido?»
Mentira 12
«Tu dinero está más seguro y rinde más en un plan de pensiones privado»
Te la cuentan en la oficina del banco, en los anuncios y los «expertos» en finanzas, con un gráfico de la Bolsa que siempre sube, un simulador de su rentabilidad y la promesa de que desgrava en el IRPF.
Por qué es mentira
Es mentira, y los datos del propio sector lo demuestran.
Es mentira que un plan privado sea un buen negocio para ti porque el que gana siempre es el banco. Te cobra comisiones cada año sobre todo lo que tienes acumulado, ganes o pierdas.
Es mentira que un plan privado rinda más porque, en general, ni siquiera supera en rentabilidad a la inversión más sencilla y barata. Entre 2010 y 2025, solo uno de cada siete fondos de pensiones ganó más que los bonos del Estado, que no cobran comisiones ni necesitan gestor.
Es mentira que un plan privado rinda más porque, según la propia patronal del sector, los planes de pensiones con 25 años de antigüedad han ganado de media más o menos lo mismo que han subido los precios: descontadas las comisiones y la inflación, la mayoría de los planes de pensiones en España no logran a largo plazo una rentabilidad real superior al 1 %. A veinticinco años, según los cálculos del catedrático Ignacio Zubiri, apenas llega al 0,42 %.
Es mentira que un plan privado pueda sustituir a la pensión pública porque, con esa rentabilidad minúscula, no puede proporcionar pensiones que den para vivir dignamente. Según los cálculos del catedrático Ignacio Zubiri, con la rentabilidad media que vienen proporcionando, ahorrando el 10 % del sueldo durante treinta años la pensión privada no llegaría al 15 % del último salario. La pública, por el contrario, suele cubrir de media en torno al 70 u 80 % del último salario.
Es mentira que un plan privado sea más seguro porque es lo único que puede evaporarse. Si la Bolsa se hunde cuando vas a jubilarte, como en 2008 o como les ha pasado este año a los chilenos, pierdes y no hay tiempo de recuperarlo.
Es mentira que un plan privado te proteja como la pensión pública, porque un plan de ahorro individual, como los que te ofrecen en el banco, es una bolsa de dinero, y cuando se gasta, se acaba. Si vives más de lo previsto, te quedas sin nada. La pensión pública, por el contrario, no se acaba nunca: la cobras cada mes hasta el último día de tu vida, vivas los años que vivas, y además sube cada año con los precios. Y, a diferencia de un fondo privado, te protege si quedas incapacitado para trabajar y, si faltas, protege a tu familia con pensiones de viudedad y orfandad. Un plan de ahorro individual no te da nada de eso. Hay productos privados que garantizan una renta de por vida, pero no son los planes de ahorro de los que hablamos y, en cualquier caso, suelen ser caros y lo que pagarán de pensión dependerá de lo que hayas podido ahorrar. Pregúntaselo a los abogados españoles que eligieron la Mutualidad privada en lugar de la Seguridad Social: después de toda una vida aportando, muchos cobran 300 o 400 euros al mes, sin prestaciones de viudedad, orfandad e incapacidad comparables a las de la Seguridad Social. Y lo que ahora piden es volver a lo público.
Es mentira que un plan privado sea una solución para la mayoría porque la mayoría no puede ahorrar. A quien gana poco o paga un alquiler que se come medio sueldo no le sobra dinero, y nunca en su vida podría reunir una pensión privada como la peor de las públicas. Menos aún pueden las mujeres, que cobran menos, trabajan más a tiempo parcial y dejan de ingresar cuando cuidan: en un plan privado, cada año de cuidados es un año sin ahorro. Los planes privados pueden servir a quien más gana, sobre todo gracias a sus ventajas fiscales, pero ni siquiera esas personas están libres de perderlo todo si las finanzas van mal o hay una crisis, algo que en los últimos cincuenta años no ha sido lo extraordinario, sino lo normal.
Y es mentira que un plan privado sea una inversión en tu futuro, porque muchas veces invierte en destruirlo. Los fondos de pensiones privados son grandes inversores en petróleo, gas, carbón y otras actividades que agravan el cambio climático y dañan el medio ambiente, porque van adonde más rinde el dinero a corto plazo. Hay fondos que actúan con responsabilidad social, como el neerlandés ABP, el mayor de Europa, que decidió desprenderse de unos 15.000 millones de euros invertidos en petróleo, gas y carbón. Pero son la excepción, y ABP es un fondo colectivo de empleados públicos, no un plan individual vendido en la ventanilla de un banco.
Para qué te la cuentan
Te cuentan esta mentira porque el dinero de las pensiones es la mayor masa de ahorro de un país. Si una parte se desvía hacia planes privados, los bancos y las aseguradoras cobrarán comisiones año tras año sobre una cantidad ingente de dinero.
Te cuentan esta mentira porque quien gestiona ese ahorro de millones de personas decide también dónde se invierte, y eso no solo da más beneficios, sino también un enorme poder financiero, mediático y político.
Te cuentan esta mentira para cambiar la forma en que contemplamos la vejez y para que nos volvamos individualistas y ajenos a las demás personas que tenemos a nuestro alrededor. En el sistema público, la jubilación es un derecho que se garantiza entre toda la población. En el privado, cada uno depende de lo que haya podido ahorrar y de su suerte en los mercados. Quien tiene su futuro en una cuenta individual deja de defender lo que es de toda la sociedad. Y así es más difícil que haya cohesión social y respuestas colectivas ante quienes utilizan su poder para generar sumisión ante el malestar y la frustración que producen.
Lo que puedes responder
En general el fondo privado rinde muy poco y es muy inseguro: entre 2010 y 2025, solo uno de cada siete fondos superó a los bonos del Estado. No da para vivir, no es seguro y se acaba; la pensión pública se cobra de por vida. Y remata con una pregunta: «Si cambiar a la pensión privada es tan buen negocio, ¿por qué quienes las tienen terminan tantas veces pidiendo volver a lo público o que los rescate el Estado?»
Mentira 13
«Los complementos privados refuerzan el sistema público de pensiones»
La promovieron el Banco Mundial y la Comisión Europea, y la defienden en España Vox, con sus cuentas individuales, y el PP, con sus ventajas fiscales a los planes, aunque también gobiernos del PSOE han impulsado los planes privados. Suena moderada: no quitar nada, solo añadir un «complemento».
Por qué es mentira
Que existan planes privados para quien quiera ahorrar algo más no es el problema. La mentira es presentarlos como algo que refuerza lo público.
Es mentira que los complementos privados refuercen el sistema público, porque no le aportan ni un euro. El dinero que alguien mete en un plan privado va a una cuenta a su nombre gestionada por un banco, no a la Seguridad Social. Con él no se paga ninguna pensión de hoy ni se mejora ninguna de mañana. Por mucho que crezcan los planes privados, la Seguridad Social no tiene ni un euro más para pagar pensiones.
Es mentira que los complementos privados refuercen el sistema público porque, en realidad, le quitan recursos. Las ventajas fiscales a los planes son recursos que el Estado deja de ingresar y, además, de modo injusto, puesto que benefician sobre todo a quien más gana. Mucho más, si se aplicara el modelo mixto que propone Vox, en el que una parte de lo que hoy se cotiza al sistema público iría a la cuenta individual.
Es mentira que los complementos privados se sumen a la pensión pública porque, en el modelo de pilares, ocupan parte de su lugar. La pensión pública quedaría reducida al mínimo vital que evite caer en la pobreza, y el resto dependería de lo que cada uno haya ahorrado y de cómo vayan los mercados. En un sistema así, las mujeres arrastran a la vejez toda la desigualdad que han sufrido en su vida laboral.
Es mentira que los complementos privados refuercen la pensión pública porque solo tienen sentido si esta se recorta. Si la pensión pública fuese a seguir siendo suficiente, nadie necesitaría pagar comisiones para completarla.
Es mentira que el modelo mixto alivie a las nuevas generaciones porque las obliga a pagar dos veces: las pensiones de los que ya están jubilados y su propio ahorro privado.
Es mentira que el modelo de capitalización refuerce a las pensiones públicas porque no es eso lo que ha sucedido allí donde se ha puesto en práctica. De los treinta países que privatizaron total o parcialmente sus pensiones, dieciocho tuvieron que dar marcha atrás, según la Organización Internacional del Trabajo.
Para qué te la cuentan
Te cuentan esta mentira porque una privatización planteada abiertamente no saldría adelante: la inmensa mayoría de la gente considera la pensión pública como algo suyo. Por eso se habla de «complemento». Es la forma de que lo que se busca no suene a quitar, sino, falsamente, como hemos visto, a añadir.
Te cuentan esta mentira para cambiar el sistema poco a poco. Primero se regulan los planes privados, luego se les dan ventajas fiscales, después se promueven los de empresa y más tarde se propone desviar cotizaciones a cuentas individuales. Cada paso parece inofensivo pero, sumados, trasladan el peso del sistema de lo público a lo privado.
Te cuentan esta mentira porque, cuando el pilar privado ya es grande, recortar la pensión pública deja de parecer una agresión: «ya tienes tu complemento» y crees que estás asegurado.
Lo que puedes responder
Un plan privado no aporta ni un euro a la Seguridad Social, y sus ventajas fiscales le quitan recursos. Solo hace falta si te van a recortar la pensión pública, y el sistema mixto obliga a pagar dos veces. Y remata con una pregunta: «Si queréis reforzar la pensión pública, ¿por qué no proponéis más ingresos para el sistema público?»
Mentira 14
«Donde se han privatizado las pensiones, quienes las reciben viven mejor»
Durante décadas, la derecha y los medios que la apoyan pusieron como ejemplo el «milagro» de Chile y, ahora que Chile ya no se sostiene, prefieren citar a los Países Bajos, Dinamarca o Suecia.
Por qué es mentira
Chile es el mejor laboratorio que existe, porque allí se ha hecho durante más de cuarenta años exactamente lo que hoy nos proponen. Pero el resultado real es el contrario de lo que te prometen.
Es mentira que en Chile las pensiones privadas sean mejores: prometieron pensiones de alrededor del 70 % del sueldo y hoy los hombres cobran una pensión mediana del 27 % de su salario y las mujeres, del 11 %, menos de la mitad. Es lo que pasa cuando la pensión depende solo de lo que cada uno ahorra.
Es mentira que en Chile las pensiones privadas sean más seguras. En este mismo año 2026 algunas de las gestoras más grandes perdieron cerca de 7.700 millones de dólares por una apuesta especulativa en los mercados financieros que salió mal, y el golpe más duro lo recibió el fondo de quienes están a punto de jubilarse. ¿La solución que se les ha propuesto? Seguir trabajando unos años más en lugar de jubilarse.
Es mentira que en Chile la privatización aliviara al Estado porque las pensiones son tan bajas que ha tenido que crear una pensión pública, pagada con impuestos, para que los mayores no caigan en la pobreza.
Es mentira que en Chile confiaran en el sistema quienes lo impusieron. Hasta en eso mienten: la dictadura de Pinochet dejó fuera a los militares y a la policía, que conservaron el sistema público y hoy cobran pensiones mucho más altas que las privadas.
Es mentira que en Chile la gente esté contenta con el sistema. Millones de personas salieron a la calle gritando contra los fondos privados, y en 2025 se aprobó una reforma que va en dirección contraria a la privatización.
Es mentira que Chile sea una excepción porque, como te he dicho, dieciocho de los treinta países que privatizaron sus pensiones tuvieron que rectificar. Y en Europa lo hemos visto con el fondo de pensiones de los eurodiputados: aunque el Parlamento Europeo ponía dos euros por cada uno del diputado, quebró, y ahora lo pagan los contribuyentes.
Es mentira que los Países Bajos, Dinamarca o Suecia demuestren que lo privado funciona porque sus sistemas no se parecen a lo que aquí se propone. En los dos primeros, los fondos son colectivos y solidarios, gestionados en buena parte por sindicatos y empresarios, sobre una pensión pública para todos. Y Suecia mantiene un sistema fundamentalmente público. Funcionan gracias a lo colectivo y lo público, no a pesar de ello.
Para qué te la cuentan
Te cuentan esta mentira porque todo producto se vende mejor con un caso de éxito, y cuentan con que no lo vas a comprobar. Pero, en cuanto se miran las cifras de Chile, el caso que se presenta como un éxito se convierte en la mejor prueba en contra de la privatización.
Te cuentan esta mentira para que el cambio parezca inevitable. Si «en el mundo» ya se ha demostrado que lo privado funciona, defender lo público parecerá una resistencia anticuada frente al progreso.
Lo que puedes responder
En Chile, las mujeres se jubilan con el 11 % de su sueldo, el Estado tiene que tapar los agujeros y los militares que lo impusieron se quedaron en el sistema público. Y dieciocho de treinta países que privatizaron dieron marcha atrás. Y remata con una pregunta: «Si la privatización fue un éxito en Chile, ¿por qué millones de personas salieron a la calle rechazando la privatización y se terminó reformando el sistema?»
Mentira 15
«No hay que preocuparse: las pensiones públicas son sostenibles pase lo que pase»
Esta no la difunden ellos: nos la podemos contar nosotros mismos, después de ver que las demás eran falsas, pensando que, si llevan cincuenta años anunciando la quiebra y no ha llegado, esto no lo toca nadie.
Por qué también es mentira
Creer que el sistema público de pensiones será sostenible en cualquier circunstancia es un autoengaño porque las pensiones públicas solo se pueden pagar si se toman las decisiones adecuadas. Decir que nuestro sistema es sostenible no quiere decir que sea invulnerable.
Es mentira que las pensiones estén garantizadas pase lo que pase porque dependen del empleo y de los salarios, de la evolución de la productividad y de la desigualdad, entre otras variables, como hemos visto. Si hay mucho paro, contratos precarios y sueldos bajos, se cotiza menos. Y si una parte cada vez mayor de la riqueza va a beneficios y cada vez menor a salarios, no hay sistema de pensiones, ni público ni privado, que aguante. Si las políticas que producen estos efectos siguen imponiéndose, la quiebra puede llegar, pero no por culpa de la demografía, sino de ellas.
Y es mentira que no haya peligro para el futuro de las pensiones públicas porque esa tendencia al deterioro económico ya está en marcha. En los últimos años la economía ha crecido mucho más que los salarios, y los jóvenes, hombres o mujeres, cobran menos y pagan más por la vivienda que las generaciones anteriores a su edad.
Y finalmente, se autoengaña quien crea que las pensiones solo se pierden si caen de golpe porque se pueden ir perdiendo poco a poco, con pequeños ajustes técnicos que nadie vigila. Cada uno parece inofensivo, pero todos juntos pueden dejarlas irreconocibles.
Lo que debes recordar
Las pensiones no están garantizadas pase lo que pase: lo están si las defendemos. Se pierden poco a poco, con ajustes que nadie vigila. Por eso hay que blindarlas en la Constitución. Y pregúntate: «¿Qué voy a hacer yo, a partir de hoy, para defenderlas?»
Lo que puedes hacer
Para no caer en el engaño, ni en el que te cuentan desde fuera ni en el que te puedes contar tú, y para que ni el miedo ni la confianza ciega te paralicen, lo que tienes que hacer es actuar.
Infórmate, lee, compara y pregunta de dónde salen los datos que te dan y quién paga a quien te los cuenta.
Debate y discute, en casa, en el trabajo, en el bar, en las redes. Cada mentira que se queda sin respuesta gana terreno; cada una que desmontamos es un avance nuestro.
Responde y usa los argumentos de este folleto, recórtalos, compártelos. No hace falta ser economista para desmontar estas mentiras cuando se tienen los datos a mano.
Organízate y únete a otras personas, forma grupos, participa en las asociaciones de pensionistas, en tu sindicato, en tu barrio, en tu facultad o instituto, porque también te afecta todo eso si eres joven. Las pensiones públicas se conquistaron colectivamente y se tienen que defender igual.
Y exige. El futuro de las pensiones es una decisión política, y por eso no puede quedar a merced del gobierno de turno ni de la presión de los bancos. Exige empleo digno y mejores salarios, lucha contra la desigualdad, por la justicia fiscal y la democracia también para decidir sobre la economía y dentro de las empresas, y pide que las pensiones públicas se blinden en la Constitución, para que ninguna mayoría pasajera pueda ir recortándolas poco a poco.
Y, para terminar, no olvides que en las elecciones del 29 de noviembre también se decide sobre todo esto, sobre tu futuro y el de las generaciones que vienen detrás. Las pensiones públicas no están quebradas ni condenadas, pero sí en peligro si no somos capaces de reclamar y conseguir políticas que generen buen empleo, salarios dignos, impuestos justos y mejor reparto de la riqueza.
Quienes quieren convertirlas en un negocio ganarán si la mayoría se cree sus mentiras o si tú también te engañas y te quedas inmóvil o en silencio.
Juan Torres López
Es economista, doctor en Ciencias Económicas y escritor, ha sido profesor y catedrático de las universidades de Granada, Málaga y Sevilla hasta su jubilación. Es autor de más de mil artículos académicos, de actualidad y divulgación económica, y de una treintena de libros. Los últimos: Para que haya futuro, Cómo sobrevivir al trumpismo y a la economía de la motosierra, La vida es un derecho, no una mercancía y La guerra en Irán. Anteriormente, en 2013, publicó junto a Vicenç Navarro Lo que debes saber para que no te roben la pensión (Espasa). Todos sus escritos y demás datos personales y profesionales están en la página web www.juantorreslopez.com y sus lecciones de economía en www.ecolecciones.com.
Se autoriza a copiar y compartir libremente este folleto citando al autor y siempre que sea sin fines comerciales ni modificaciones.