Ganas de Escribir. Página web de Juan Torres López
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Primero Misa y comulgar, luego mentir, atacar a inmigrantes y odiar al adversario

Publicado en La Voz del Sur el 30 de enero de 2026

Los principales líderes de la derecha española, Alberto Núñez Feijóo, Santiago Abascal y la madrileña Isabel Díaz Ayuso, hacen constantes manifestaciones públicas de catolicismo. En las pasadas fiestas de diciembre incluso gastaron abundante munición mediática para criticar a sus adversarios que las felicitaban en general y no como Navidad.

Feijóo acaba de decir hace pocos días que los ideales de su partido son «la libertad, la paz, la democracia, la sostenibilidad, la defensa del Estado de Derecho y la tradición y la cultura cristiana». Aunque Abascal afirma que su partido no es confesional y que en él caben personas de diferentes creencias, en diversas ocasiones se ha declarado expresamente católico. Y lo mismo ocurre, e incluso en mayor grado, con Díaz Ayuso. En su último discurso navideño, dijo que «el nacimiento de Jesús es un mensaje de amor y verdad» y que «ser católico es la antítesis de ser racista o insolidario».

La derecha española ha sido siempre de sacristía y siempre ha presumido de alma limpia y conciencia recién planchada. Sus líderes se santiguan en público, comulgan y hacen continua ostentación de fe. Pero salen de las iglesias y acto seguido se ponen a mentir con tranquilidad pasmosa.

No exagero. Estos últimos días lo están haciendo sin piedad, vergüenza ni límite para combatir no a la regularización de inmigrantes en sí, sino al gobierno -según ellos enemigo de España- que ha aprobado la medida (defendida entre otras instituciones por la Conferencia Episcopal y las patronales de sectores en donde se emplea a mayor número de trabajadores extranjeros).

Denuncian los dirigentes de la derecha que la regularización del gobierno de Pedro Sánchez modificará el censo electoral.

Dejando a un lado que dan por hecho que los inmigrantes regularizados votarían en masa a la izquierda -lo que desde luego estaría por ver-, se trata de una afirmación mentirosa porque en España (como en todos los países) sólo votamos los nacionales, y una cosa es regularizar y otra nacionalizar.

No cabe pensar ni por un momento que Feijóo, Ayuso y Abascal y su plétora de asesores no sepan la diferencia entre ambos procesos, de modo que es inevitable asegurar que están mintiendo a sabiendas.

Los dirigentes de la derecha española presumen de fe, de tradición y de valores cristianos, pero cuando bajan del altar hacen política o incluso gobiernan como si el Evangelio fuera un folleto publicitario que reparten para captar votos.

Y no sólo mienten, sino que mantienen completamente alterados los valores y principios éticos que cabe asociar con el catolicismo. Se supone que ser cristiano es seguir a Jesús de Nazaret quien, según el Evangelio de Mateo, dijo: “Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el Diablo y sus ángeles (…) era forastero, y no me acogisteis».

Feijóo, Abascal y Ayuso mienten y criminalizan sin misericordia a las personas que trabajan a nuestro alrededor, empleadas allí donde nosotros no queremos trabajar, o que vienen a suplir nuestra falta de mano de obra. Y lo hacen, además de mintiendo, con inhumano desprecio, como igualmente le sucedió a José Luis Martínez-Almeida, alcalde de Madrid, quien también ha confesado en diversas ocasiones su ferviente catolicismo. En noviembre de 2024 dijo: «He sido bendecido por el don de la fe», pero su ayuntamiento prohibió que una ONG repartiera bocadillos a personas sin hogar. A diferencia, como en los casos anteriores, de la enseñanza de Jesús: “… tuve hambre, y no me disteis de comer».

La fe católica de los dirigentes de la derecha española es de quita y pon. Se la lleva el humo cuando se trata de ayudar al débil o de repartir la riqueza: «Lo más grave de la ley es la justicia, la misericordia y la fidelidad» (digo yo, que esta última también aplicada a la verdad).

La regularización de inmigrantes no da papeles automáticos, no concede nacionalidad, no otorga derecho a voto, no convierte a nadie en delincuente ni supone invasión alguna. Es simplemente un intento -modesto y hasta tardío- de sacar de la clandestinidad a personas que ya viven y trabajan en nuestro país, al que de esa forma ayudan a sostener y hacer más grande y próspero. Pero mentir sale más barato que pensar, el miedo moviliza más que la verdad y a estos dirigentes que presumen de católicos le vale todo para acabar con sus adversarios.

Ahora bien, si la fe de los Abascal, Feijóo y Ayuso no parece muy coherente por todo esto que señalo, el príncipe de los sepulcros blanqueados («¡escribas y fariseos, hipócritas!: por fuera parecen hermosos, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda podredumbre») es, sin lugar a dudas, el obispo de Orihuela-Alicante, José Ignacio Munilla.

Este va mucho más lejos. No sólo no se pronuncia con las palabras de Jesús que he mencionado, ni habla como quien cree en ese Dios justo y misericordioso, sino creyendo que él mismo es Dios omnisciente y que, por tanto, dispone de la capacidad que ningún ser humano tiene: la de saber las intenciones reales de cualquier otro y, en este caso, las de Pedro Sánchez y su gobierno cuando proponen la regularización.

Según este obispo, no la han aprobado por las razones que han señalado: dar un justo estatus legal, seguridad jurídica, derechos y una vía ordenada de integración a miles de personas que ya están entre nosotros, la inmensa mayoría de ellas conviviendo aquí en paz y generando riqueza; para favorecer la cohesión social y la dignidad humana, permitiendo que ejerzan sus actividades legalmente y reciban las contraprestaciones que legalmente les corresponda; para desarrollar una política migratoria basada en derechos humanos, integración y convivencia, no sólo compatible sino que impulsa el crecimiento económico; y para atender la demanda ciudadana plasmada en una Iniciativa Legislativa Popular suscrita por cientos de miles de firmas.

No. El Obispo asegura que esta medida se ha tomado como “estrategia para conseguir otros fines”, para hacer «patente el desprecio de nuestros gobernantes hacia los pensionistas y hacia los inmigrantes, a quienes utilizan como moneda de cambio…».

Dijo Jesús en su Sermón de la montaña: «Guardaos bien de los falsos profetas, que vienen a vosotros disfrazados de oveja, pero por dentro son lobos voraces. Por sus frutos los conoceréis».

Por mucha Misa a la que vayan y organicen, por muchas veces que comulguen y por muy abundantes que sean sus declaraciones de fe, los dirigentes de la derecha española no pueden disimular cuáles son sus actos reales. Por sus frutos se les puede conocer perfectamente y por eso se les puede decir exactamente lo mismo que dijo Jesús a los fariseos: «Os hacéis pasar por justos delante de la gente, pero vuestro interior está lleno de hipocresía y maldad».

Mucha misa, mucha comunión y mucho símbolo y actos religiosos… pero poca justicia, poca misericordia y demasiada mentira.

PD. Después de haber publicado este artículo, una amiga me envía el siguiente video de hace unos años en el que se ve a Isabel Díaz Ayuso declarando que no es creyente. Más engaño todavía.

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