Ganas de Escribir. Página web de Juan Torres López
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El reloj de la izquierda española lleva atrasada la hora de Venezuela

Publicado en Ctxt.es el 9 de enero de 2025

Cuando quedaban unos meses para acabar el curso académico 2001-2002 un colega me dijo que dos profesores de la Universidad de Valencia estaban buscando a un economista académico para incorporarse, durante el periodo estival, a un equipo de consultoría internacional que deseaba crear el presidente de Venezuela, Hugo Chávez.

Yo acababa de pasar por un periodo de sufrimiento personal, por razones que no vienen al caso, y vi allí la oportunidad de poner distancia. Además, me atraía esa actividad, así como conocer con mayor profundidad un país del que había leído bastante, pues allí se encontraba desde hacía años una familiar a la que siempre he querido y admirado mucho. Acepté la oferta y me fui en cuanto acabé la actividad del curso académico (por cierto, sólo a cambio de una muy reducida dieta para gastos del día a día, y no haciéndome rico, como puede comprobar fácilmente quien indague un poco sobre mi vida).

Ahora que me acabo de jubilar es posible que escriba una especie de memorias de los dos periodos en los que estuve allí, cargados de anécdotas, información y conocimientos que quizá sirvan -además de para pasar un buen rato- para dar un poco de luz sobre lo ocurrido durante el último cuarto de siglo en aquel país. En este artículo, sin embargo, me limitaré a exponer en voz alta una reflexión rápida sobre algo que en estos últimos días me dicen que no es la hora de expresar en público (una advertencia de silencio más de las que, curiosamente, siempre tienen en mí el efecto contrario al perseguido por quienes me las hacen).

Cuando en 2002 comenté a mis amigas y amigos de izquierdas que me iría unas semanas de consultor a Venezuela para trabajar en el entorno del presidente Chávez recibía siempre la misma respuesta. Fueran del PSOE, IU, PCE o de otras organizaciones políticas o sindicales me decían que cómo hacía eso, que estaba loco, pues -según me aseguraban- Chávez era un militar golpista, de derechas e impresentable. Una opinión que mantenían incluso quienes tenían amplia experiencia como dirigentes y que duró mucho tiempo.

Tanto fue así, que una de las tareas que nos encomendamos quienes estábamos en aquel equipo fue la de difundir del modo más realista posible lo que estaba sucediendo en Venezuela, la naturaleza del proceso constituyente, las primeras medidas económicas, lo que había ocurrido con el golpe petrolero y, en fin, las expectativas de transformación social que se estaban abriendo.

No fue fácil porque el prejuicio en los ambientes de izquierdas hacia la revolución bolivariana era muy fuerte y no sólo en sus primeros tiempos. Sirva de ejemplo lo siguiente. Bastante más tarde, y sabiendo quienes organizaban una de las jornadas de Economía Crítica que se celebraron por entonces en España que yo había estado en aquel país, me invitaron a realizar una ponencia sobre la experiencia venezolana. Para explicar el apoyo social tan grande que tenía el chavismo de entonces, expliqué -entre otras cosas- lo que había supuesto la llamada Misión Identidad. Gracias a ella, en el momento en que lo expuse ya se había concedido la cédula (nuestro documento nacional de identidad) a cerca de 10 millones de personas. Cuando acabé mi exposición tomó la palabra una académica de izquierda muy conocida y respetada para decir que eso había que entenderlo como puro electoralismo. Argumentó que Chávez lo habría hecho con el exclusivo propósito de conseguir el voto de esa gente.

Alguien con una amplísima formación, con un compromiso político ejemplar durante décadas y referente de la izquierda y de la economía crítica en toda España no se percataba de que lo que estaba llevándose a cabo en Venezuela era una auténtica revolución. No entendía que, con ese acto concreto de conceder la cédula, se convertía en ciudadanos y ciudadanas a quienes antes no eran, sencillamente hablando, sino «nadies», personas que, para el Estado y la administración, no existían porque ni siquiera podían identificarse. Si a eso se añadía que comenzaban a recibir derechos, servicios y ayudas sociales, muy modestos pero por primera vez en su vida, se podía entender claramente por qué y cómo se estaba forjando una base social de militancia y apoyo electoral que iba a ser inquebrantable por muchos años.

Las cosas, la mayoría de las veces, son mucho más elementales de lo que parecen a simple vista. Al acabar una charla en Petare a la que me invitó un sacerdote belga que llevaba allí muchos años, se me acercó un señor muy mayor y me dijo, mientras me enseñaba su dentadura reluciente: «¿Sabe usted por qué voy a votar siempre al comandante Chávez y por qué daría mi vida por él?». Enseguida, él mismo me respondió: «Porque ahora me puedo reír».

Mi colega seguramente también seguiría creyendo que arreglarle la boca y operar de cataratas a docenas de miles de personas, o poner centros de salud con médicos cubanos, muy modestos y elementales, pero capaces de atender a quienes hasta entonces no había recibido el más mínimo servicio médico, eran igualmente medidas de electoralismo chavista.

Salvando algunos casos excepcionales, las izquierdas españolas tardaron en entender lo que estaba ocurriendo en Venezuela y le prestaron su apoyo con retraso.

Con el paso del tiempo, las cosas cambiaron y comenzaron a manifestarse apoyos, incluso por parte del PSOE de Rodríguez Zapatero, aunque casi siempre careciendo del necesario sentido crítico. Sobre todo, con uno de los aspectos que más gravemente minó la pureza inicial del proceso revolucionario, la corrupción.

Al poco tiempo de llegar a Venezuela en el verano de 2002, como he dicho, el presidente Chávez me expresó claramente lo que quería de mí: «Quiero que me des tu opinión, cuando te la pida, con plena independencia y sin dejarte llevar por lo que oigas en mi entorno, o en mi país». Cumpliendo con esa demanda, al poco tiempo me encontré en la primera de las situaciones en la que me consta que se sintió incómodo conmigo (aunque debo decir enseguida que eso no impidió que a partir de ahí me siguiera pidiendo opinión y que lo hiciera siempre con total cordialidad e incluso afecto). Me solicitó una noche mi opinión sobre la situación del país y le dije que había algo que me preocupaba especialmente. «¿Qué es?», me dijo, y le contesté que me refería a la corrupción. Enseguida me empezó a poner al tanto de detenciones de opositores corruptos que se habían producido en las últimas semanas. Yo lo sabía y no tuve más remedio que contestarle con el argumento que uno de mis compañeros de equipo utilizaba siempre que hablábamos de ese cáncer que se extendía también entre las propias filas del chavismo: «Presidente -me atreví a decirle- mientras usted anuncie cinco detenciones, como acaba de pasar, y ninguna de ellas sea de alguno de los muchos corruptos que hay en el Proceso (así se hablaba por entonces de la revolución), sus medidas ni serán creíbles, ni eficaces. Detenga a tres corruptos de la oposición y a dos de los de ustedes, como poco, y la gente comenzará a creer que de verdad se quiere acabar con la corrupción». Me miró serio, calló y cambió de tema.

Es verdad que la corrupción había sido siempre un mal endémico de Venezuela, pero la revolución bolivariana no sólo no le puso coto efectivo desde el inicio, sino que ella misma se vio envuelta muy pronto en multitud de casos que provocaban frustración, desaliento y creciente desafecto hacia sus dirigentes. Además, lógicamente, de problemas económicos, pues paralizaban la producción y distribución de bienes y servicios, haciendo perder millones de bolívares y dólares al Estado. Es decir, al pueblo.

Cuando explicaba todo esto a la gente de izquierdas que ya se habían convertido al chavismo lo que volvía a recibir era la incomprensión, el recelo y la crítica que tuve cuando les decía sin éxito, al inicio, que había que apoyar lo que se estaba gestando.

Con el paso del tiempo, los procesos se agudizaron y la revolución degeneraba sin parar. Principalmente, eso no puede olvidarse y hay que reconocerlo, por las dificultades extraordinarias que producían la presión y el ataque exterior, pero también por la traición a sus ideales originarios y a la corrupción, cada día en mayor medida, de una gran parte de su clase dirigente.

Aunque se mantenía la retórica revolucionaria y se intentaba garantizar derechos y proporcionar ayudas, la situación económica, política y social se fue deteriorando a pasos agigantados. Comenzó a extenderse la represión en la misma proporción en la que se perdía apoyo popular, se limitaban libertades y negaban derechos, se corrompían las elecciones y Nicolás Maduro terminó convertido en un pésimo y autoritario gobernante, encabezando un régimen que, desde un punto de vista progresista, apenas tenía por dónde salvarse, si se dejaba aparte su retórica antimperialista. Es sintomático, por ejemplo, que el Partido Comunista de Venezuela terminara estando contra el gobierno de Maduro, denuncie la «persecución y criminalización del movimiento obrero» y que, «ante la situación de hostigamiento por parte de Estados Unidos, lejos de que la élite gubernamental busque una salida democrática (…) lo que hace es continuar avanzando en sus despropósitos autoritarios, antidemocráticos».

Las izquierdas españolas, sin embargo, volvían a no percatarse de la realidad y a estar mal sincronizadas con lo que iba pasando en Venezuela. Llegaron tarde a la hora de apoyarla, y tarde se van a dar cuenta de que han seguido apoyando lo que no ha merecido ser apoyado.

No hablo, por supuesto, de los miles de venezolanas y venezolanos que han seguido fieles a los ideales que impulsaron la revolución y a quienes se debe lo bueno que ha quedado. Todos ellos, como el conjunto del pueblo venezolano, merecen reconocimiento y todo el apoyo. Me refiero a la mayor parte de la clase dirigente encabezada por Nicolás Maduro que es corresponsable, junto a los grandes grupos de poder oligárquico de Estados Unidos, del empobrecimiento de su pueblo y de la enorme tragedia que es muy posible que esté por venir.

He escrito en estos días lo que pienso sobre lo que acaba de suceder en Venezuela (Un crimen más de Estados Unidos) y tengo muy claro que el sufrimiento de su pueblo es, ante todo, consecuencia de una agresión continuada de Estados Unidos: un crimen político, económico y social que debe ser condenado sin reservas, gobierne quien gobierne en Caracas.

Pero precisamente porque esa agresión existe y es tan brutal, no se le puede responder renunciando a principios que siempre han de ser ingredientes fundamentales de la transformación social progresista. Las izquierdas no pueden defender con credibilidad la emancipación de los pueblos si relativizan la democracia, los derechos humanos, la justicia, la no violencia o la paz. Cuando se asumen como valores de quita y pon es imposible impulsar y sostener procesos transformadores: se vacían por dentro y se dejan sin futuro.

Esos valores no pueden ser meros adornos morales que se utilizan cuando conviene. Su defensa y puesta en práctica es una condición que inexcusablemente ha de darse para que la transformación social no derive en autoritarismo, corrupción o en una simple sustitución de las élites. Si sólo se exigen cuando los pisan “los otros” y se excusan cuando los vulneran «los nuestros», no sólo se pierde autoridad moral: se renuncia así, en la práctica, a la posibilidad de construir formas de vida alternativas justas y liberadoras que sean creíbles y permanentes para los pueblos.

Se perfectamente que no es fácil hacer efectivos esos principios cuando se tiene enfrente a un enemigo que no los respeta, ni consiente que se ejerzan en beneficio de toda la sociedad, pero es imprescindible hacerlo. Nadie dijo que cambiar un mundo dominado por una oligarquía tan inhumana y poderosa como la de hoy día fuese una tarea simple y sencilla.

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24 comentarios

julio collado 15 de enero de 2026 at 22:40

Pocas veces, he leído un comentario tan emotivo, tan sincero y tan reflexivo como el tuyo. Gracias por ayudarme a comprender la compleja situación venezolana.

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Edvillherr 16 de enero de 2026 at 00:07

¿Qué valor tenía que España se adelantara a la fiesta de la revolución castrense bolivariana populachera y guarachera? Si se trataba de una sarta de macacos gritones «brutocráticos» ignorantes. Fundaron un tonto Estado inútil. No creo que la izquierda española lograra entenderse con los chavistas, y si lo analizas nunca lo intentaron. Me extraña que usted, Juan Torres, se halla interesado en intentar compaginar. Si lo hubiera hecho y logrado no estaría usted satisfecho con lo que hoy es Venezuela.

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Juan Torres López 16 de enero de 2026 at 07:40

Lo que yo he hecho con Venezuela es lo que hago con cualquier otra experiencia, analizarla y sacar conclusiones con mi propia cabeza. Equivocadas unas veces, y correctas en otras, me imagino. Eso sí, yo nunca califico de macaco a ningún ser humano, por muy diferente del mío que sea sea su pensamiento. Saludos

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Tino 16 de enero de 2026 at 08:28

Aprecio el esfuerzo reflexivo del artículo, pero no puedo dejar de señalar algo esencial: llega demasiado tarde y, sobre todo, llega cuando ya no queda margen para la ambigüedad. Durante años, muchos intelectuales contribuyeron —con mayor o menor entusiasmo— a legitimar un proceso político que hoy muestra sin disimulo su deriva autoritaria, su corrupción estructural y su capacidad para acomodarse a cualquier poder externo, sea quien sea el inquilino de la Casa Blanca.

Por eso sorprende que ahora se presente esta revisión como si fuera un acto de lucidez solitaria frente a la ceguera ajena. No es así. La crítica que hoy se formula podría haber sido expresada hace mucho tiempo, cuando todavía tenía un coste político y cuando el deterioro del sistema no era tan evidente. En cambio, se ofrece ahora, cuando el chavismo ya ha agotado su propio relato y cuando incluso sus defensores históricos reconocen que el proyecto se ha convertido en algo muy distinto de lo que prometía.

También echo en falta una mención clara a episodios decisivos, como los procesos electorales cuestionados en su momento. Esa omisión no es menor: forma parte del núcleo del problema. No se puede reconstruir la historia sin asumir la responsabilidad que corresponde a quienes, desde posiciones de influencia, contribuyeron a dar credibilidad a un sistema que ya mostraba señales inequívocas de deterioro democrático.

Por eso, más que una reflexión valiente, lo que transmite el texto es la sensación de que, cuando el mundo deja de ajustarse a la propia visión, la culpa siempre recae en los demás: en la izquierda española, en los críticos de ayer, en los conversos de hoy. Es una forma de situarse siempre en el carril correcto, incluso cuando los hechos demuestran que se ha circulado durante años en dirección contraria.

La autocrítica es necesaria, pero solo es auténtica cuando incluye también la parte que a uno le corresponde. Y en este caso, esa parte sigue sin aparecer.

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Gabriel 16 de enero de 2026 at 08:46

La «izquierda» son los hechos, y empezó a existir cuando en el Parlamento francés los que querían el bienestar de la gente o «el pueblo» por las razones que fueran (su unidad en hechos) se sentaron a la izquierda. Mirar los hechos siempre es la clave. Yo también fui chavista desde el principio, cuando ni Fidel creía en Chávez. Después no me creí mucho ni la corrupción ni el autoritarismo aunque haberlos haylos. De todas maneras estas «desviaciones» son producto del hecho capitalista autoritario en el que no existe ni existió jamás ni puede existir: eso que izquierdas y derechas defienden: la Soberanía.

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Juanjo 16 de enero de 2026 at 10:45

Por su boca muere el pez y aqui tenemos un ejemplo muy simplón de la estructura mental de la derechona más rastrera y vulgar que opone a su propio interés, borrachos de egoísmo, todo intento de aliviar el sufrimiento de nuestros congéneres más indefensos incapaces de cultivar el menor síntoma de solidaridad. Las izquierdas deben dejar de actuar con los parámetros de la derecha si quieren alguna vez cumplir sus ideales humanistas.
Gracias JT por ofrecernos de primera mano un atisbo de lo que sólo hemos podido interpretar a través del bombardeo interesado y tramposo de los medios de «desinformación».

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Iluso 16 de enero de 2026 at 10:57

Es gratificante y exclsrecedor leer su artículo, pues en cierto modo me veo reflejado en él, pues me recuerda algunas discusiones con personas que solo ven el mundo en blanco y negro y se pierden los ricos matices del gris. En la izquierda de este país es muy habitual ir de bandos considerando que» el enemigo de mi enemigo, es mi amigo. Sin profundidad de análisis crítico, así tenemos la izquierda que tenemos, desmontada y sin alternativa de futuro.

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Juan Torres López 16 de enero de 2026 at 19:46

Hola

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Phil 17 de enero de 2026 at 02:39

Estimado Sr. Torres López,
​Le escribo estas líneas con el ánimo de proponerle una reflexión sobre la coherencia entre el análisis económico académico y la realidad empírica de los modelos que usted ha defendido o asesorado a lo largo de su trayectoria.
​Es innegable su capacidad para conectar con una audiencia que busca respuestas ante las imperfecciones del sistema actual. Sin embargo, resulta difícil conciliar su rigor como catedrático con la narrativa que usted construye, donde atribuye los males de las naciones exclusivamente a injerencias externas, como su reciente y categórica afirmación sobre el «desprecio» de Estados Unidos hacia Europa. Esta visión parece omitir sistemáticamente que el verdadero factor de empobrecimiento no es el «enemigo exterior», sino el fallo de diseño intrínseco de los modelos colectivistas.
​Para que este debate no quede en el plano de las ideas abstractas, le invito a analizar los resultados de la doctrina marxista y sus derivados cuando han pasado del papel a la realidad:
• ​Las tragedias de la planificación: ¿Cómo encajan en su discurso los millones de muertos del Gran Salto Adelante en China o el horror de los Jemeres Rojos en Kampuchea?
• ​La represión como método: El Holodomor ucraniano y las purgas estalinistas no fueron errores de ejecución, sino la herramienta necesaria para imponer un sistema que anula al individuo.
• ​El subdesarrollo europeo: El colapso de la Rumanía de Ceaușescu y el aislamiento de Albania demuestran que la búsqueda de la «igualdad» estatal solo logra la igualdad en la miseria y la falta de libertades.
• ​El fracaso iberoamericano: Usted conoce bien el caso de Venezuela, donde el modelo que usted asesoró ha provocado el mayor éxodo migratorio de la región. A esto se suma la deriva dictatorial en la Nicaragua de Ortega y el estancamiento crónico de Cuba, donde la «revolución» es hoy sinónimo de opresión y escasez.
​A la luz de este inventario de fracasos, me gustaría plantearle una pregunta trascendental: ¿Es posible que el comunismo y sus aledaños sean intrínsecamente nefastos para la libertad y el bienestar? ¿O seguirá sosteniendo que el sistema es perfecto y que simplemente «siempre se ha implementado mal»?
​Insistir en este dogma parece ignorar que el progreso humano solo florece donde hay seguridad jurídica, propiedad privada y libertad de pensamiento; elementos que los regímenes que usted justifica suelen destruir. Quizás sea el momento de admitir que las ideas que usted ha predicado durante décadas son, precisamente, las que han empobrecido a las naciones que pretendían salvar. Todo esto, no implica que otro pensamiento diferente al marxista sea perfecto, pero seguro que lo es mucho mas que el marxismo. Aproveche su merecido descanso el cual nosotros también aprovecharemos.
​Atentamente
Phil

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Juan Torres López 17 de enero de 2026 at 16:14

Me atribuye ustes ideas que no considero mías.
– Dice: «atribuye los males de las naciones exclusivamente a injerencias externas».
Es falso que yo piese o haya defendido eso. Dígame dónde.
– Dice: «el modelo que usted asesoró (en venezuela).
Es falso. No asesoré a ningún modelo. Forme parte de un. equipo internacional de consultores. Más bien me dediqué a poner de evidencia los fallos que percibía. Como escribí en el artículo de referencia, eso fue lo que me pidió el presidente Chávez. Estuve en aquel poís creo que poco más de cuatro meses.
– Dide: «eguirá sosteniendo que el sistema (comunista) es perfecto»
¿Cuábdo y dónde he dicho yo esoP?
– Dice: » las ideas que usted ha predicado durante décadas son, precisamente, las que han empobrecido a las naciones que pretendían salvar.»
¿Dígame cuáles son ewxactamente esas ideas que yo he defendido. Acabo de escribir dos libros en donde las expopngo. Dígame exactamente cuáles de esas que YO escribo son las que empobrecen.
Si usted es una persona honesta, le reto a que exponga mis ideas una detrás de otra, pero no me achaque lo que yo ni he escrito ni defiendo. Es muy fácil, basta co n deddicarle unas horas a la lectura.
Saludos

Responder
wenceslao 19 de enero de 2026 at 09:42

Señor:
Vaya, da la impresión de que texto no invita a una reflexión profunda, pero en realidad es un catálogo de lugares comunes del anticomunismo más elemental: una lista de horrores históricos lanzados en cascada, sin contexto, sin causalidad demostrada y con una conclusión prefabricada. Un método eficaz para convencer a convencidos, aunque poco útil para quien aún valore el pensamiento crítico.
El procedimiento es tan simple como previsible: si un régimen fue autoritario y se autodenominó socialista, entonces todo lo que ocurrió bajo su gobierno —hambrunas, purgas, genocidios o incompetencia— pasa automáticamente a ser culpa del marxismo. No hay análisis institucional, no hay variables políticas, no hay decisiones concretas: hay una ideología convertida en chivo expiatorio universal. Un enfoque que, aplicado con la misma ligereza a otras corrientes, haría intelectualmente inviables tanto el liberalismo como la democracia representativa.
Revelador que usted describa la represión como “herramienta necesaria” del socialismo, cuando la represión ha sido una constante histórica de Estados autoritarios de todos los signos, incluidos aquellos que se proclamaban fervientes defensores del mercado y la propiedad privada(o como hoy mismo tomo Groelandia por la buenas o por la malas Trump debe de ser marxista). Por esa regla de tres, habría que concluir que el capitalismo necesita campos de concentración, golpes de Estado y desapariciones forzadas para sobrevivir. Sospecho que no estaría usted dispuesto a aceptar esa conclusión, aunque se derive exactamente del mismo razonamiento.
Su desfile de ejemplos europeos —Rumanía, Albania, Europa del Este— omite cuidadosamente que el colapso no se produjo al “abandonar el marxismo”, sino al intentar sostener economías rígidas bajo sistemas políticos cerrados. Y que su posterior recuperación no vino de la mano del dogma liberal, sino de economías mixtas, Estados fuertes y transferencias públicas masivas. Detalles menores, sin duda, cuando se trata de sostener un relato.
En América Latina, el argumento alcanza su punto más débil. Presentar a Venezuela como “el experimento marxista definitivo” equivale a llamar “capitalismo avanzado” a un país dependiente casi exclusivamente del petróleo, con una burguesía rentista, una estructura productiva frágil y una gestión estatal errática. Pero el objetivo no es comprender, sino etiquetar. Y para eso, cualquier etiqueta sirve.
Su pregunta final —si el comunismo es intrínsecamente nefasto— no es una provocación intelectual, sino un eslogan reciclado. La verdadera pregunta, que usted evita con esmero, es por qué las sociedades más prósperas del mundo funcionan gracias a aquello que su texto desprecia: regulación, redistribución, servicios públicos universales y un Estado capaz de limitar el poder económico privado.
Nadie con un mínimo de formación sostiene que el marxismo sea una religión infalible. Pero convertirlo en el villano único de la historia moderna es una forma cómoda de no mirar de frente las crisis, desigualdades y conflictos generados por el capitalismo, es más, desde 1945 hasta hoy el 99% de las guerras, hambrunas, guerra química como rociar medio Vietnam con 80 millones de litros de agente naranja tienen al capitalismo como autor su brazo ejecutor USA y su texto no desmonta una teoría económica.
Desmonta, eso sí, la pretensión de rigor con la que intenta presentarse.

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Alberto Fernandez Fernandez 17 de enero de 2026 at 14:07

Lidia Falcon O’Neill en el 2019 escribió un artículo en Público en el que hacía un balance de la Venezuela chavista, cumplido el primer mandato de Maduro (2013-2019). El artículo se titula “Venezuela se respeta”. Se puede leer preguntando a Google “Venezuela se respeta Lidia Falcon”. Cito literalmente de este artículo el siguiente párrafo; “Lo cierto es que la “dictadura” de Maduro, como se complacen en repetir los politólogos defensores de la oligarquía venezolana, permite la publicación de toda clase de periódicos, revistas y panfletos contra el gobierno, entrevistas en televisión con los líderes de la oposición, en las que no se ahorran críticas a los dirigentes bolivarianos. Y las manifestaciones y convocatorias de los críticos con el régimen chavista, como hemos visto cuando el supuesto “presidente interino” (se refiere a Guaidó) reunía a miles de seguidores en las calles de las ciudades. Para quien hemos vivido, en nuestro propio cuerpo y sufrimiento, el franquismo, resulta un insulto que se difunda que en Venezuela existe una dictadura.”
Es cierto que los tertulianos que se supone de izquierdas, cuando hablan de Venezuela, empiezan con un desmarque de Maduro. Dicen “a mi Maduro no me gusta” o ponen en tela de juicio las últimas elecciones, siguiendo el dictado del emperador. En definitiva les gusta Corina y sobre todo volver a cobrar en la tertulia siguiente. Como callaron cuando el emperador nombró presidente interino a Guaido. Quien se avergüence del régimen bolivariano allá él. Yo no veo a la extrema derecha avergonzarse de Corina Machado, avergonzarse de los suyos.

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Phil 20 de enero de 2026 at 21:15

Estimado Wenceslao:
Agradezco su respuesta, que intenta elevar el debate al plano del análisis crítico. Precisamente por eso, y para evitar que mi intervención quede reducida a “lugares comunes del anticomunismo elemental”, voy a responder punto por punto con el mayor rigor posible, aportando contexto histórico verificable, distinguiendo entre autoritarismo genérico y las consecuencias específicas de la planificación central colectivista, y reconociendo abiertamente las imperfecciones del capitalismo. Mi objetivo no es convencer a convencidos, sino demostrar que la crítica al marxismo aplicado no es un eslogan, sino una conclusión basada en evidencia empírica repetida.
Antes de entrar en los puntos concretos, permítame una observación sobre el marco mental que parece guiar su respuesta. Usted reduce el espectro ideológico a una dicotomía maniquea: o se es marxista (o al menos simpatizante de modelos colectivistas), o se es automáticamente cómplice de fascismo, imperialismo o belicismo. Esta visión binaria —blanco o negro, sin matices— es la que permite justificar cualquier exceso en nombre de la “defensa” contra un enemigo absoluto, y es precisamente la que ha alimentado las peores derivas autoritarias de ambos signos a lo largo del siglo XX. Criticar el marxismo aplicado no me convierte en defensor del fascismo ni del imperialismo; simplemente me sitúa en la defensa de la evidencia histórica y de sistemas que, con todas sus imperfecciones, han generado mayor prosperidad y libertad.
Sobre el “catálogo de horrores sin contexto”
No presento una lista arbitraria, sino casos en los que un modelo económico explícitamente inspirado en el marxismo-leninismo (abolición de la propiedad privada de los medios de producción, planificación central obligatoria y supresión de los precios de mercado) se aplicó de forma sistemática.
El Gran Salto Adelante (1958-1962) no fue una hambruna “accidental”: fue la consecuencia directa de la colectivización forzosa de la agricultura y de decisiones centralizadas que ignoraron los incentivos individuales y la información dispersa que transmiten los precios. Estimaciones académicas serias (Frank Dikötter, Yang Jisheng) hablan de 30-45 millones de muertos.
El Holodomor (1932-1933) fue reconocido como genocidio por parlamentos de más de 20 países y por historiadores como Robert Conquest y Anne Applebaum: la requisición forzosa de grano para financiar la industrialización planificada dejó deliberadamente sin alimentos a millones de ucranianos.
Los Jemeres Rojos aplicaron literalmente la abolición del dinero y la propiedad privada en nombre del comunismo puro; el resultado fue 1,5-2 millones de muertos en cuatro años.
Estos no son “horrores de regímenes autoritarios genéricos”: son consecuencias directas del intento de eliminar el mercado y la propiedad privada.
Represión como “herramienta necesaria”
No afirmo que toda represión sea exclusiva del socialismo. Sí afirmo que, en los regímenes marxistas-leninistas, la represión fue estructuralmente necesaria para imponer y mantener un sistema que elimina los incentivos voluntarios y requiere coerción permanente para asignar recursos.
El capitalismo, aun en sus versiones autoritarias históricas (como ciertos regímenes militares en América Latina o dictaduras europeas del siglo XX), no necesita destruir sistemáticamente la propiedad privada ni los precios: por eso la represión, aunque existente, tuvo un carácter más político que económico-total. No existe paralelo serio con la invasión soviética de Hungría (1956) o Checoslovaquia (1968) para preservar el modelo colectivista.
Europa del Este: colapso y recuperación
El colapso del bloque soviético no se produjo por “mantener economías rígidas” en abstracto, sino por la inviabilidad crónica de la planificación central (déficit permanente de bienes de consumo, colas, mercado negro). La recuperación posterior sí incluyó elementos mixtos, pero el motor principal fue la liberalización de precios, la privatización y la integración en el mercado europeo único —no las “transferencias públicas masivas” como elemento causal primario—.
Países como Estonia o Polonia crecieron más rápido que los que mantuvieron mayor intervención estatal (comparar Estonia con Grecia o Portugal). Los nórdicos, que usted probablemente considera modelo, son economías de mercado altamente competitivas (según índices Heritage y Fraser) con un Estado de bienestar financiado precisamente por esa competitividad capitalista.
Venezuela y América Latina
Venezuela no era solo “un país rentista dependiente del petróleo”: antes del chavismo era la economía más próspera de Sudamérica, con una clase media robusta y reservas petroleras bien gestionadas. El derrumbe económico coincide exactamente con la aplicación progresiva del modelo “socialismo del siglo XXI”: expropiaciones masivas, controles de precios, control de cambios y planificación estatal. El PIB per cápita cayó más del 70% entre 2013 y 2023 (datos CEPAL y FMI), hiperinflación de millones por ciento y éxodo de 7,7 millones de personas.
No es una “etiqueta arbitraria”: es un caso documentado de aplicación contemporánea de ideas colectivistas.
Las sociedades prósperas y la “verdadera pregunta”
Las sociedades más prósperas del mundo (Dinamarca, Suecia, Suiza, Singapur, Países Bajos) combinan mercados libres, propiedad privada segura y competencia con Estados de bienestar generosos. Ninguna de ellas ha abolido la propiedad privada de los medios de producción ni ha intentado la planificación central. Al contrario: ocupan los primeros puestos en índices de libertad económica.
La regulación y la redistribución que usted menciona funcionan precisamente porque se insertan en un marco capitalista que genera la riqueza necesaria para financiarlas. Cuando se intenta invertir la prioridad (planificación primero, mercado después), el resultado histórico es empobrecimiento.
Guerras y responsabilidad histórica
Afirmar que “el 99% de las guerras y hambrunas desde 1945” son culpa exclusiva del capitalismo/EE.UU. es una simplificación tan gruesa como la que usted me achaca. La URSS invadió Afganistán (1979-1989), apoyó guerras en Angola, Etiopía y Camboya. China invadió Tíbet y chocó con Vietnam. Los regímenes marxistas participaron activamente en conflictos que causaron millones de muertos.
Los crímenes de guerra existen en ambos lados (el agente naranja fue uno; los campos de reeducación vietnamitas post-1975 o los bombardeos soviéticos en Afganistán fueron otros). La responsabilidad moral no se reparte por ideología, sino por hechos concretos.
En resumen: no pretendo que el capitalismo sea perfecto ni que el liberalismo no haya generado crisis (la de 2008 es un ejemplo evidente). Lo que sostengo, con evidencia histórica repetida en contextos culturales y geográficos muy distintos, es que el intento sistemático de sustituir el mercado y la propiedad privada por planificación colectivista ha producido siempre empobrecimiento masivo y, con frecuencia, represión a gran escala.
Si usted considera que todos estos casos son meras “desviaciones” o “implementaciones erróneas”, le pregunto respetuosamente: ¿qué condiciones mínimas deberían cumplirse para que una aplicación del marxismo no derive en los mismos resultados? ¿O seguimos esperando la “vez correcta” tras más de un siglo de intentos?
Quedo a la espera de su respuesta, con el mismo ánimo de debate riguroso que usted reclama.
Atentamente,

Responder
Wenceslao 22 de enero de 2026 at 09:58

Buen día.
Usted omite el factor decisivo del orden mundial “basado en reglas”( Permitame unas risas) que no es otro que “ la hegemonía estadounidense y su uso sistemático de la violencia, directa e indirecta” y además ejecutándola desde 1945 hasta hoy. No son “errores”, “excesos” o “casos aislados”, sino ante un patrón estructural de dominación.
Desde 1946, Estados Unidos ha sido el principal actor responsable de guerras, golpes de Estado, cambios de régimen, bloqueos económicos y guerras híbridas, a una escala que no tiene parangón histórico. No existe, desde el final de la Segunda Guerra Mundial, ningún otro país que alcance siquiera el 1% del volumen de intervenciones militares, encubiertas o económicas coercitivas ejecutadas por EE. UU.
Violencia estructural y no “excepcional”
No hablamos solo de guerras formales, sino de:
• Golpes de Estado patrocinados (Irán 1953, Guatemala 1954, Chile 1973, Argentina 1976, Brasil 1964, Indonesia 1965, entre decenas).
• Guerras por delegación con millones de muertos (Vietnam, Laos, Camboya, Afganistán, Irak).
• Bloqueos económicos que equivalen a guerras silenciosas (Cuba durante más de 60 años, Venezuela, Irak en los 90, que causó cientos de miles de muertes infantiles según la propia ONU).
• Extorsión económica y deuda como arma, documentada por John Perkins: condicionar infraestructuras, gobiernos y soberanía mediante instituciones financieras controladas por Washington.
• Vigilancia masiva ilegal global, revelada por Edward Snowden: espionaje sistemático a gobiernos, empresas y ciudadanos de países aliados y no aliados.
• Apoyo político, militar y diplomático a crímenes masivos, como el respaldo incondicional a Israel mientras se asesina a decenas de miles de civiles en Gaza, con armamento, inteligencia y cobertura diplomática activa.
Esto no es “capitalismo imperfecto”: es imperialismo contemporáneo.
La falacia de equiparar responsabilidades
Usted menciona Afganistán (1979), Hungría (1956) o Checoslovaquia (1968). Nadie niega esos hechos. La diferencia es cuantitativa, cualitativa y estructural:
• La URSS no mantuvo un sistema global de bases militares (EE. UU. tiene más de 750 en todo el mundo con beneplácito y si no cambiando a los políticos para que las acepten, en España tienen varias y la de Moron a perpetuidad y encima es un territorio superior a Gibraltar).
• No controló el sistema financiero mundial ni impuso sanciones extraterritoriales.
• No diseñó un orden jurídico internacional a su medida.
• No lideró un complejo militar-industrial que necesita guerra permanente para sostenerse.
Comparar la violencia soviética —real pero limitada en alcance global— con la de EE. UU. es como comparar un incendio local con un sistema de combustión permanente.
Prosperidad para unos, devastación para muchos
Las “sociedades prósperas” que usted cita existen dentro de un sistema internacional profundamente desigual, donde:
• La prosperidad del centro se sostiene sobre externalización de costes, explotación de recursos, mano de obra barata y coerción financiera.
• El “mercado libre” jamás se aplica simétricamente: EE. UU. protege sectores estratégicos, subsidia masivamente su industria y utiliza el dólar como arma geopolítica.
• Cuando un país intenta salirse del guion, enfrenta sanciones, golpes o guerra.
No es casualidad que la mayoría de países devastados desde 1945 —Corea, Vietnam, Irak, Afganistán, Libia, Siria— lo hayan sido tras intervención directa o indirecta de EE. UU.
El verdadero problema de su marco
Usted critica el “pensamiento binario”, pero incurre en otro:
capitalismo = prosperidad / socialismo = hambre.
Ese esquema ignora deliberadamente:
• El papel del sabotaje externo.
• La guerra económica.
• La asimetría de poder.
• El hecho de que ningún país ha desarrollado un proyecto alternativo sin ser atacado.
No es que “el socialismo fracase solo”; es que no se le permite existir sin asfixia.
No defiendo la infalibilidad de ningún sistema ni niego los crímenes cometidos por regímenes socialistas. Lo que afirmo —con hechos históricos acumulados durante casi 80 años— es que:
• Estados Unidos es el principal agente de violencia global desde 1945.
• Ningún otro país se le acerca ni remotamente en número de guerras, golpes, sanciones y agresiones.
• El debate sobre “fracaso económico” es incompleto sin analizar el contexto de coerción permanente.
• Hablar de “libre mercado” mientras se impone por la fuerza es una contradicción moral y empírica.
La pregunta final, entonces, no es cuándo llegará “la versión correcta” del marxismo.
La pregunta es: ¿cuántos países más deben ser destruidos para seguir llamando a este orden mundial “defensor de la libertad”?

Responder
Cervantino 21 de enero de 2026 at 14:40

PARA QUE HAYA FUTURO:
Diálogos entre Don Quijote Torres y Sancho Panza sobre el mundo que viene
Obra original inspirada en Cervantes y en las ideas de Juan Torres López

PRÓLOGO

Cuenta quien esto escribe que, andando el tiempo y mudando las costumbres, volvieron a aparecer en los caminos de España dos figuras que parecían salidas de un sueño antiguo: un caballero flaco, de mirada ardiente y palabra encendida, y un escudero robusto, de paso firme y juicio terrenal.

Decían algunos que eran sombras del pasado; otros, que eran espejos del porvenir.
Mas quien los oyó hablar juraría que estaban más vivos que nunca.

Porque si bien los tiempos cambian, las preguntas esenciales permanecen:
¿qué es la justicia?, ¿qué es la libertad?, ¿qué mundo dejamos a quienes vendrán?, ¿y por qué, sabiendo lo que conviene, hacemos lo contrario?

Así comienza esta obra, donde Don Quijote y Sancho Panza, resucitados por la necesidad del siglo, discuten sobre los males del presente y las esperanzas del futuro.
Y aunque uno mira con los ojos del ideal y el otro con los del hambre, ambos buscan la misma verdad: cómo vivir con dignidad en un mundo que parece haberla olvidado.

CAPÍTULO I
De cómo Don Quijote descubre nuevos gigantes

Don Quijote:
—Sancho, mira bien a tu alrededor. Los gigantes que hoy amenazan al mundo no llevan armaduras ni lanzas. Son invisibles, pero más poderosos que los de antaño. Se llaman Desigualdad, Codicia y Mercado Desatado.

Sancho:
—Pues si son invisibles, señor, peor me lo pone. Porque al menos a los otros se les veía venir, pero a estos los siento en el bolsillo cada vez que compro pan.

Don Quijote:
—Justamente por eso debemos combatirlos. No hay honra en un mundo donde unos pocos lo tienen todo y muchos apenas tienen esperanza.

Sancho:
—Honra sí, señor, pero ¿quién se atreve a pelear contra quien manda en los precios y en los sueldos?

CAPÍTULO II
Del labriego que se endeudó por un coche brillante

Don Quijote:
—Sancho, dime: ¿qué hechizo lleva a un hombre humilde a endeudarse para comprar un carro que vale más que su casa?

Sancho:
—Ningún hechizo, señor. Es que uno quiere parecer alguien. Y como el trabajo ya no da honra, pues la gente se la compra a plazos.

Don Quijote:
—¡Triste mundo donde la dignidad se mide por el brillo del metal y no por la rectitud del alma!

Sancho:
—Eso será en los libros, señor. En la vida real, si no aparentas, no te respetan.

CAPÍTULO III
De la tierra herida y el tiempo que se acaba

Don Quijote:
—Sancho, la tierra clama auxilio. Los ríos menguan, los montes arden, los mares se enfurecen. ¿No lo ves?

Sancho:
—Verlo lo veo, señor. Pero también veo que cambiar cuesta dinero, y contaminar sale barato. Y el que vive al día piensa en hoy, no en mañana.

Don Quijote:
—Mas si no cuidamos el mañana, ¿qué será del hoy?

Sancho:
—Pues eso digo yo, pero nadie me escucha.

CAPÍTULO IV
De la democracia que se adelgaza

Don Quijote:
—La democracia, Sancho, es como un caballo noble: si no se le alimenta, se queda en los huesos y lo monta cualquiera.

Sancho:
—Pues este caballo está tan flaco que lo llevan de las riendas los que tienen más dinero que escrúpulos.

Don Quijote:
—Por eso urge devolver al pueblo su voz.

Sancho:
—Señor, el pueblo tiene voz, sí, pero también miedo. Y el miedo hace votar por quien promete certezas, aunque sean malas.

⚖️ CAPÍTULO V
De las recetas para un futuro digno

Don Quijote:
—Propongo leyes justas, impuestos equitativos, servicios públicos fuertes, y que la riqueza sirva al bien común.

Sancho:
—Todo eso suena bien, señor. Pero ¿quién convence al rico de que pague más y al pobre de que espere un poco?

Don Quijote:
—La razón, Sancho. La razón y la justicia.

Sancho:
—Pues la razón convence poco cuando el bolsillo manda.

CAPÍTULO VI
Sancho:
—Señor, algunos dirán que todo esto suena a marxismo.

Don Quijote:
—Sancho, llamar marxista a quien pide justicia es como llamar hereje a quien pide pan.
—No hablo de abolir la propiedad, sino de ponerla al servicio de la vida.
—No hablo de revolución, sino de cordura.

Sancho:
—Pues si es cordura, señor, ¿por qué parece locura?

Don Quijote:
—Porque vivimos en un mundo donde lo sensato parece imposible y lo absurdo parece normal.

EPÍLOGO
De quién tenía razón

Al final del camino, Don Quijote y Sancho se sentaron a la sombra de una encina.

Sancho, mirando al horizonte, dijo:
—Señor, vos veis el mundo como debería ser. Yo lo veo como es.

Don Quijote, con una sonrisa triste, respondió:
—Y solo cuando ambas miradas se juntan, Sancho, puede nacer un futuro.

Porque Don Quijote representa la realidad estructural:
la que dice que sin justicia, sin igualdad y sin cuidar la tierra, no habrá mañana.

Y Sancho representa la realidad humana:
la que recuerda que la gente vive con miedo, deseo, cansancio y necesidad.

La verdad completa está en la tensión entre ambos.
Y el futuro —si lo hay— nacerá del diálogo entre la lucidez del caballero y la prudencia del escudero.

Responder
Juan Torres López 21 de enero de 2026 at 22:53

Un verdadero honor dar cobijo en esta humilde web a tan brillante pluma

Responder
Phil 22 de enero de 2026 at 01:49

Cervantino ha elevado tanto el nivel de este espacio de comunicación y también, al parecer ha leído algún libro del sr. Torres, cosa que yo no he hecho, ya que me guío de los escritos de este blog y por ello me ha hecho pensar que he achacado de marxismo a algo que el sr. Torres pide y es solo dignidad para todos y También como alguien que luchó en su tiempo con todas sus fuerzas contra la guerra del Vietnam, y que ama a su país EEUU, y que hay en mi país muchas personas que piensan como yo, y no como Trump, probablemente he malentendido cosas que no se han dicho. Si es así, mis disculpas hacia Juan y hacia tod@s. Necesitamos muchos Cervantes en este momento. Un saludo.

Responder
Juan Torres López 22 de enero de 2026 at 20:05

Muchas gracias

Responder
Alberto Fernandez Fernandez 22 de enero de 2026 at 12:08

Excelente el comentario de «Cervantino». Me da ocasión para recordar la poesía de Leon Felipe, «Vencidos».

Por la manchega llanura, se vuelve a ver la figura
de Don Quijote pasar.
Y ahora ociosa y abollada va en el rucio la armadura,
y va ocioso el caballero, sin peto y sin espaldar,
va cargado de amargura,
que allá encontró sepultura
su amoroso batallar.
Va cargado de amargura,
que allá «quedó su ventura»
en la playa de Barcino, frente al mar.
Por la manchega llanura
se vuelve a ver la figura
de Don Quijote pasar.
Va cargado de amargura,
va, vencido, el caballero de retorno a su lugar.
¡Cuántas veces, Don Quijote, por esa misma llanura,
en horas de desaliento así te miro pasar!
¡Y cuántas veces te grito: Hazme un sitio en tu montura
y llévame a tu lugar;
hazme un sitio en tu montura,
caballero derrotado, hazme un sitio en tu montura
que yo también voy cargado
de amargura
y no puedo batallar!
Ponme a la grupa contigo,
caballero del honor,
ponme a la grupa contigo,
y llévame a ser contigo
pastor.
Por la manchega llanura
se vuelve a ver la figura
de Don Quijote pasar…

Serrat puso música a este poema: https://www.youtube.com/watch?v=b8L9GbWZoJ4

Responder
Phil 23 de enero de 2026 at 22:04

Estimado Wenceslao:
Gracias de nuevo por su respuesta. Intenta recentrar el debate en el imperialismo estadounidense como factor explicativo único y omnipotente, pero al hacerlo incurre en los mismos vicios que me reprochaba a mí: simplificación extrema, omisión selectiva de hechos incómodos y una conclusión prefabricada (todo mal del mundo post-1945 es culpa de EE.UU.). Voy a desmontar su argumento punto por punto, con la misma exigencia de rigor que usted reclama.
La “hegemonía estadounidense” como causa única
Usted presenta a EE.UU. como el demiurgo malvado que explica todos los fracasos de proyectos alternativos. Es una tesis cómoda, pero históricamente falsa.
Muchos regímenes colectivistas colapsaron sin intervención militar directa estadounidense: la URSS y todo el bloque del Este en 1989-1991 se derrumbaron por inviabilidad económica interna (déficits crónicos, escasez permanente, productividad estancada), no por una invasión.
Albania, que usted mencionó antes, se aisló voluntariamente durante décadas y terminó en miseria absoluta sin que EE.UU. tuviera que levantar un dedo.
Corea del Norte sigue existiendo sin mercado ni libertades y en pobreza extrema, a pesar de no haber sido invadida desde 1953.
Cuba lleva 65 años de embargo, sí, pero también 65 años de planificación central rígida: su PIB per cápita es hoy inferior al de muchos países latinoamericanos que nunca tuvieron sanciones similares (República Dominicana, Costa Rica, Panamá).
El sabotaje externo agrava, pero no crea de la nada la inviabilidad estructural de abolir precios, incentivos y propiedad privada.
La lista de intervenciones estadounidenses
Nadie niega que EE.UU. ha sido el actor con más intervenciones militares y económicas desde 1945. Es un hecho.
Pero usted infla la cifra hasta hacerla explicación total y exculpatoria:
Muchos golpes que cita (Chile 1973, Argentina 1976, Brasil 1964) fueron ejecutados por elites locales con apoyo estadounidense, pero en contextos de Guerra Fría donde la URSS hacía exactamente lo mismo en su zona de influencia (y fuera: apoyo a guerrillas en toda América Latina, África y Asia).
El bloqueo a Cuba es real y durísimo, pero no explica por qué Cuba no ha podido alimentar decentemente a su población en seis décadas sin huracanes ni guerras activas.
Venezuela: las sanciones financieras fuertes comienzan en 2017 (Trump). La hiperinflación explotó en 2016-2018, la caída del PIB empezó en 2013-2014 (con precios del petróleo altos hasta mediados de 2014). Expropiaciones, controles de precios y control de cambios fueron decisiones internas tomadas años antes de las sanciones personales o financieras relevantes. El éxodo masivo arranca en 2015-2016. Los datos del FMI y CEPAL son claros: el colapso precede a las sanciones más duras.
Bases militares y “orden basado en reglas”
EE.UU. tiene unas 800 bases extranjeras. Es un dato abrumador y criticable.
Pero omite que muchas están allí por petición explícita de los gobiernos anfitriones (Alemania, Japón, Corea del Sur, España misma con Rota y Morón). No son ocupaciones coloniales clásicas.
La URSS mantuvo tropas de ocupación en Europa del Este durante décadas contra la voluntad popular (1956, 1968) y bases en Cuba, Vietnam, etc. La diferencia de escala es real, pero no convierte automáticamente todos los males internos de los países periféricos en culpa exclusiva de Washington.
Prosperidad del “centro” vs. devastación de la periferia
Es cierto que el orden mundial es desigual y que el dólar y las instituciones financieras dan ventaja a EE.UU.
Pero usted ignora los contraejemplos masivos:
Países que salieron de la pobreza extrema sin desafiar frontalmente a EE.UU. y adoptando mercados + Estado de bienestar: Corea del Sur, Taiwán, Singapur, Chile post-1990, Polonia, Estonia, Vietnam (que abrió su economía y crece al 7-8% anual).
Países que intentaron el camino colectivista radical y siguen estancados o peor: Cuba, Venezuela, Zimbabwe, Corea del Norte.
La prosperidad nórdica o suiza no se basa en “externalizar costes” más que cualquier otro país desarrollado histórico; se basa en instituciones, educación, competitividad y Estado de derecho dentro de un marco capitalista.
La falacia del “no se le permite existir”
Esta es la gran excusa recurrente: “el socialismo real nunca ha podido aplicarse porque EE.UU. lo impide”.
Tras más de un siglo de intentos en contextos muy diferentes (Rusia 1917, China 1949, Europa del Este post-1945, Cuba 1959, Vietnam 1975, Venezuela 1999, Bolivia 2006…), la carga de la prueba está del lado de quien defiende que “esta vez sí funcionaría si no fuera por el imperialismo”.
Ningún sistema económico serio sobrevive solo con la excusa permanente del sabotaje externo. El capitalismo también ha sido “saboteado” (guerras mundiales, proteccionismo, crisis), pero ha demostrado mayor resiliencia.
En resumen: el imperialismo estadounidense existe, es poderoso y ha causado daños inmensos. Nadie con sentido común lo niega.
Pero reducir todos los fracasos del colectivismo aplicado a ese único factor es intelectualmente deshonesto. Ignora la evidencia repetida de que la planificación central genera escasez, corrupción endémica y necesidad de coerción, con o sin presión externa.
Mi pregunta sigue en pie y usted no la ha contestado:
¿Qué condiciones mínimas concretas deberían cumplirse para que una aplicación del marxismo económico (abolición sustancial de propiedad privada de medios de producción + planificación central) no derive en empobrecimiento masivo y autoritarismo?
¿O seguimos con la espera indefinida de la “vez correcta” mientras se excusa cada fracaso con el imperialismo?
Quedo a la espera, como siempre, de una respuesta rigurosa y no maniquea.
Atentamente,

Responder
wenceslao 26 de enero de 2026 at 14:02

Sr. Phil..
Su criterio, que aplica impunemente:
• Al socialismo → todo fracaso se explica por causas internas
• Al capitalismo → los factores externos siempre cuentan
Lo que usted hace no es rigor, es sesgo.
Ejemplo clarísimo:
• La URSS colapsa → “inviabilidad económica interna”
• América Latina colapsa en los 80 → no dice “inviabilidad del capitalismo dependiente”, sino “malas políticas locales”.
Pero la dependencia estructural, el endeudamiento forzado, las crisis inducidas por la Reserva Federal (Volcker shock 1979–82), el FMI y los términos de intercambio sí cuentan cuando afectan a países capitalistas periféricos, pero mágicamente dejan de contar cuando afectan a países socialistas. Lea a John Perkins, tal vez no, dirá que se lo que ha escrito se lo inventó, “osar criticar a USA” es ser un mentiroso.
Eso no es ciencia social. Es ideología.
“La URSS cayó sola”: media verdad = mentira funcional.. Sí, la URSS tenía problemas internos. Nadie serio lo niega.
Pero ocultar el contexto externo es falsear la historia.
Hemeroteca básica:
• Carrera armamentística impuesta: EE. UU. gastaba entre 2 y 3 veces más del PIB soviético en defensa durante décadas (datos SIPRI).
• Guerra económica permanente: bloqueo tecnológico (COCOM), veto a créditos, exclusión financiera.
• Shock petrolero de los 80: la caída inducida del precio del petróleo (acuerdos EE. UU.–Arabia Saudí, 1985) golpeó mortalmente a una economía exportadora de crudo como la soviética.
• Afganistán: intervención deliberadamente alentada por EE. UU. (Brzezinski lo admite en Le Nouvel Observateur, 1998).
Seamos honestos, La URSS no “colapsó sola” ni “por el socialismo en abstracto”, sino por una combinación de rigideces internas + presión geopolítica extrema que ningún país capitalista periférico ha soportado jamás sin colapsar también.
3. Albania y Corea del Norte: ejemplos inválidos
Aquí el truco es usar casos extremos y atípicos como prueba general.
• Albania: un país minúsculo, rural, devastado por la guerra, aislado por decisión política delirante, sin aliados ni comercio. ¿Eso refuta una teoría económica global? No.
• Corea del Norte: Estado militarizado heredero de una guerra con millones de muertos, bombardeado hasta el suelo (EE. UU. destruyó el 85% de sus infraestructuras, datos del propio Pentágono), luego sancionado durante 70 años.
Si esos casos “demuestran” la inviabilidad del socialismo, entonces:
• Haití, Honduras o Níger demuestran la inviabilidad del capitalismo.
Y nadie serio acepta eso.
Cuba: el embargo sí explica mucho más de lo que admite
Aquí hay una mentira por omisión.
Hechos documentados (ONU, resoluciones anuales desde 1992):
• El embargo no es solo comercial, es:
o financiero,
o extraterritorial,
o penaliza a terceros países,
o bloquea acceso a créditos, tecnología, transporte y medicamentos.
• Cuba no puede operar normalmente en el sistema financiero internacional.
Comparar Cuba con Costa Rica o RD es intelectualmente deshonesto porque:
• Ninguno de esos países ha estado 65 años bajo el régimen de sanciones más largo de la historia moderna.
• Ninguno sufrió una ruptura abrupta del 80% de su comercio exterior en 1991 (caída de la URSS).
¿Conoces algún país capitalista que haya prosperado bajo un bloqueo financiero y comercial total durante seis décadas? Si quiere no responda ya lo hago yo , No existe.
Venezuela: Hay lo ha clavado, es más Esto es selectividad temporal.
Verdades que omite:
• Las sanciones no empiezan en 2017:
o 2006: sanciones militares
o 2014–2015: sanciones financieras indirectas, riesgo país disparado, bloqueo de refinanciación.
• En 2013–2016:
o EE. UU. bloquea acceso a mercados de deuda
o se congelan activos
o se persigue a PDVSA en tribunales internacionales, se le roba citgo.
Además, ha tenido, tienen y tendrán:
• Una economía monodependiente del petróleo (modelo heredado del capitalismo rentista previo) + caída del crudo = crisis brutal.
Eso no es socialismo, es dependencia estructural clásica latinoamericana.
Decir lo contrario es propaganda, no análisis.
Bases militares: el consentimiento bajo hegemonía no es libertad… esto ya clama al cielo
Decir “están ahí porque los gobiernos lo piden” es de una ingenuidad y cinismo notable.
• Alemania y Japón no son casos libres: son países derrotados, ocupados y reconfigurados tras guerras totales.
• Corea del Sur vive técnicamente en guerra desde 1953 bajo paraguas militar estadounidense.
Que un gobierno dependiente pida una base no invalida la relación imperial, igual que los protectorados coloniales “firmaban tratados”.
Esto lo explican desde:
• Immanuel Wallerstein (sistema-mundo)
• David Harvey (The New Imperialism)
• Samir Amin
No es un debate cerrado ni marginal.
Los “éxitos” capitalistas: selección interesada
Corea del Sur, Taiwán, Singapur, …
Todos comparten:
• Proteccionismo fuerte
• Planificación estatal
• Empresas públicas estratégicas
• Represión sindical en fases iniciales
• Ayuda masiva de EE. UU. por razones geopolíticas
Corea del Sur fue durante décadas:
una dictadura desarrollista con planificación estatal, no un “libre mercado”.
Ha-Joon Chang lo documenta exhaustivamente (Kicking Away the Ladder).
• Ningún sistema real ha existido jamás en condiciones neutras
• Al capitalismo no se le exige justificar:
o colonialismo,
o esclavitud,
o guerras mundiales,
o dictaduras apoyadas,
o crisis cíclicas.
“¿qué condiciones ideales necesita el socialismo?”,
¿por qué al capitalismo se le permite existir en su forma histórica real, violenta e imperial, mientras al socialismo se le exige una utopía aséptica para no ser descartado? Nadie serio niega errores, rigideces y fracasos en experiencias socialistas reales. Lo que es intelectualmente deshonesto es atribuirlos exclusivamente a una supuesta “naturaleza intrínseca” del socialismo mientras se ignoran bloqueos, guerras, sabotajes, dependencia estructural y coerción geopolítica, factores que sí se aceptan como explicativos cuando afectan a países capitalistas.
Si aplicáramos al capitalismo el mismo estándar ahistórico y aislado que usted aplica al socialismo, habría sido descartado en el siglo XIX.
El debate no es “imperialismo o errores internos”.
El debate honesto es cómo interactúan ambos.
Negar uno de los dos no es rigor: es ideología.

Responder
Pil 27 de enero de 2026 at 00:54

Estimado Wenceslao:
Agradezco que esta vez reconozca problemas internos en las experiencias socialistas. Es un paso.
Pero sigue sin responder la pregunta que le formulo por tercera vez:
¿Qué condiciones mínimas concretas deberían cumplirse para que una aplicación del marxismo económico —planificación central + abolición sustancial de la propiedad privada de los medios de producción— no derive en empobrecimiento masivo y, con frecuencia, autoritarismo?
Usted invierte la carga de la prueba: dice que al capitalismo se le permite existir “en su forma histórica real, violenta e imperial”.
Acepto el desafío: sí, el capitalismo histórico ha sido violento, desigual y muchas veces criminal. Pero en sus versiones contemporáneas mixtas (mercados regulados + Estado de bienestar + democracia) ha generado prosperidad y libertades sin parangón histórico.
El socialismo real, en cambio, lleva más de un siglo de intentos en contextos muy diversos (con y sin presión externa fuerte) y el patrón es repetitivo: escasez crónica, corrupción endémica y necesidad de coerción para mantener el sistema.
Vietnam y China prosperan precisamente porque abandonaron la planificación central rígida y abrazaron mercados e inversión privada (manteniendo el monopolio político del partido, eso sí).
Usted menciona el doble estándar. Lo hay, pero no donde cree:
Al capitalismo se le critica por sus versiones reales, con todos sus crímenes.
Al socialismo real se le excusa sistemáticamente con el “pero el imperialismo…”.
Si no puede o no quiere concretar esas condiciones mínimas para un “socialismo viable”, entiendo que la respuesta implícita es: ninguna conocida. Y eso es lo que la evidencia histórica sugiere.
Con respeto, pero sin más rodeos: ¿puede responder directamente a la pregunta o prefiere seguir desviándola?
Atentamente,p

Responder
wenceslao 30 de enero de 2026 at 09:53

No se puede analizar la planificación en Cuba, Venezuela o la extinta URSS sin el factor del asedio. La «eficiencia» no es solo capacidad de gestión, sino capacidad de resistencia y adaptación ante una arquitectura financiera global diseñada para su asfixia.
Como bien dices sobre China o Vietnam, la integración de mecanismos de mercado no tiene por qué significar el fin del proyecto socialista, sino una táctica de supervivencia y desarrollo de fuerzas productivas bajo una dirección política centralizada que busca evitar el colapso que sufrió el bloque del Este.
El verdadero debate no es si el modelo es «perfecto», sino si es posible construir una alternativa viable cuando el entorno internacional castiga activamente cualquier intento de desconexión del marco liberal.

Responder
Phil 27 de enero de 2026 at 23:21

Camarada Wenceslawsky:
Aquí me paro. Solo un activista ( y no lo digo como algo negativo ) tiene tanta energía como usted. Enhorabuena. Yo no lo soy. Agotado total. Espero que mi broma no le incomode. Un saludo.

Responder

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