Uno más. A ver cuánto tardan en reaccionar y cómo lo hacen los que tanto hablan de libertad.
Desde la impotencia que da el estar lejos solo me queda enviar un abrazo solidario a mis amigos ecuatorianos y darles mucho ánimo. No pierdo la esperanza y sueño con que llegará un día en que será posible que los pobres también tengan derecho en este mundo a decidir sobre su destino pero es evidente que eso costará mucho dolor porque los poderosos no renuncian fácilmente a sus privilegios. Se llenan la boca de palabras como democracia y libertad pero no pueden ocultar sus conductas criminales como ahora en Ecuador.
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