Lo que hay detrás de la ingente deuda pública de Europa

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La oficina de estadística europea, Eurostat, acaba de publicar los datos oficiales de las finanzas gubernamentales de 2015 que, como en años anteriores, pueden servir para mostrar lo que hay oculto detrás de la cifra gigantesca de deuda pública que se va acumulando en Europa.

Según los últimos datos publicados, la deuda pública de los 28 gobiernos de la Unión Europea asciende a 12,44 billones de euros (lo que supone el 85,2% de su PIB) y la de los 19 de la Eurozona suma 9,44 billones (el 90% del PIB).

Entre los diferentes países destacan la deuda pública de Italia que es de 2,17 billones de euros (132,7% PIB), la de Alemania (2,15 billones de euros, 71,2% PIB), la de Francia (2,09 billones, 96% PIB), y la de España (1,07 billones, 99,2% PIB) y, fuera del euro, la del Reino Unido (2,26 billones, 89,2% PIB).

Estas cifras abultadísimas son las que se utilizan para mostrar que se está alcanzando un nivel insostenible de deuda pública que obliga a hacer recortes que se aplican sobre todo en gastos sociales de la mano de las mal llamadas políticas de austeridad. Unas políticas justificadas por la alta deuda pero que, como es lógico que ocurra al reducir el dinamismo de las economías, lo que han hecho es que haya más deuda pública ahora que cuando comenzaron a aplicarse. Concretamente, en 2015 había 5 billones más de deuda pública que en 2007 y 2,4 billones más que en 2010.

Pero los comentaristas oficiales y los economistas neoliberales no suelen mencionar con semejante preocupación lo que hay detrás de esta deuda pública que alcanza niveles tan elevadísimos. Y más concretamente, apenas hablan de la impresionante factura que suponen los pagos por intereses que tienen que realizar los gobiernos al estar financiados por los mercados y no por un banco central que actúe como tal y preste a los gobiernos.

Los 28 estados de la Unión pagaron en 2015 en su conjunto 335.347 millones de euros en concepto de intereses y los 19 de la Eurozona 250.775 millones.

Desde 1995 a finales de 2015 entre todos los países de la Unión Europea han pagado 7,18 billones de euros en intereses y los 19 de la Eurozona 5,7 billones de euros.

Eso significa que por cada 100 euros de deuda publica acumulada en el conjunto de la UE (28)  hasta finales de 2015 más de la mitad, exactamente 57,6 euros, corresponden a intereses. Y en la Eurozona, esa proporción es de 60,5 euros de intereses por cada 100 de deuda pública en 2015.

Los diferentes países se mueven más o menos en esa mismas magnitudes como se puede ver en el cuadro que se acompaña.

En Italia, el 76,2% de la deuda actual se debe a intereses y éstos representan el 150,2% del incremento que tuvo su deuda pública entre 1995 y 2015.

En España, el pago de intereses representa el 44,4% de nuestra deuda pública total a finales de 2015, y desde 1995 a 2015 hemos pagado intereses que representan el 61,37% del incremento de deuda pública entre esos años.

La situación se podría calificar simplemente como surrealista, como un completo absurdo si no fuera porque en realidad hay una razón poderosa que explican su por qué: llenar sin límite el bolsillo de los banqueros.

Digo que engordar la deuda pública a base de pagar intereses es absurdo porque los gobiernos podrían financiarse lo mismo que el Banco Central Europeo financia a los bancos privados, prácticamente sin coste alguno, al 0%.

En el cuadro se puede ver que la deuda que tendrían los gobiernos si se actuara así sería mucho menor que la que hasta ahora se ha acumulado. En España, si no hubiera que pagar intereses, nuestra deuda pública no sería del 99,1% del PIB de finales de 2015 sino del 55%. En el conjunto de la Eurozona en lugar del 89,9% del PIB sería del 35,5% y exactamente ocurriría en el resto de los países.

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Pagar toda esta ingente cantidad de dinero a los bancos privados es innecesario y completamente absurdo porque, en contra de lo que la gente cree por culpa de las mentiras de muchos economistas y políticos, los bancos no tienen que renunciar a nada para financiar a los gobiernos ni han de disponer previamente el dinero para prestárselo: simplemente lo crean de la nada, lo mismo que hacen cuando prestan a empresas o individuos particulares, y para colmo manipulando a sus anchas, junto a los fondos de inversión, los tipos de interés a los que financian (Una explicación más detallada de cómo crean el dinero los bancos en Los intereses de los préstamos bancarios: ¿qué justificación tienen y por qué no deberíamos pagarlos?).

Precisamente porque el dinero con el que los bancos centrales financian a bancos privados o a los gobiernos viene de la nada es por lo que puede prestarse (como ahora hacen muchos bancos centrales) prácticamente sin interés.

Los economistas neoliberales dicen que eso no podrían ser así porque se desencadenaría una inflación gigantesca dado que los gobiernos pedirían prestado sin cesar pero este argumento es una completa estupidez. Primero, porque los bancos centrales limitarían su financiación al gasto público que fuese necesario para mantener en equilibrio la economía y, segundo, porque la historia ha demostrado que el dinero es mucho más peligroso en manos de la banca privada que en la de los gobiernos a la hora de crear burbujas y crisis financieras, naturalmente, siempre que los gobiernos estén sujetos al control del que ahora se carece precisamente para que puedan ayudar sin límite a los bancos privados y a las grandes empresas.

Eso es lo que nos lleva a decir que no se trata solo de una situación absurda. Se trata de un privilegio injustificado del que goza la banca privada en perjuicio de la población en su conjunto, de un robo legalizado y consentido que sobrecarga y mata a las economía, que destruye empleos y riqueza y que provoca crisis e inestabilidad social constantes.

Hay que acabar cuanto antes con el sistema (llamado de reserva fraccionaria) que permite a los bancos crear dinero de la nada produciendo burbujas y sobreendeudamiento constantes, y hay que disponer de bancos centrales que financien a los gobiernos con buen criterio y garantizando el buen funcionamiento de las economía y el uso razonable de los gastos del estado.

El gusto de juntarse

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Buscando otros textos vuelve de casualidad a mis manos uno que ya conocía del inolvidable Eduardo Galeano. Traigo aquí recortado un pasaje porque me parece de tanta actualidad que no está de más leerlo siempre. Y porque me confirma que acierto en el consejo que suelo dar a la gente que al final de las charlas me pregunta ¿Y qué puedo hacer yo? Siempre les digo que se junten con otras personas para hablar y contarse cosas, y que se den de la mano para ir a hablar con muchas más, para seguir hablando y contándose las cosas que hay que saber de este mundo para poder cambiarlo, como las que nos contaba Galeano:

“(…) Mientras nacía el siglo XIV, fray Giordano da Rivalto pronunció en Florencia un elogio de las ciudades. Dijo que las ciudades crecían «porque la gente tiene el gusto de juntarse». Juntarse, encontrarse. Ahora, ¿quién se encuentra con quién? ¿Se encuentra la esperanza con la realidad? El deseo, ¿se encuentra con el mundo? Y la gente, ¿se encuentra con la gente? (…)”

(Eduardo Galeano. El imperio del consumo)

 

Entrevista sobre “El capitalismo en crisis. Del crack de 1929 a la actualidad”

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El profesor y escritor Salvador López Arnal me hizo hace poco una entrevista sobre mi último libro que apareció en la edición de marzo pasado de El Viejo Topo. La transcribo ahora por si fuese de interés.

“La crisis es como la ventana por donde ves lo que ocurre a quien la padece”

Salvador López Arnal. El Viejo Topo

- Felicidades por tu nuevo libro, otro más, no paras. ¿Un texto de economía crítica para gentes muy, muy puestas? ¿A quién va dirigido especialmente?

– Formalmente es un libro dirigido a apoyar la formación de estudiantes de bachiller y primeros cursos de universidad pero que creo que puede ser de utilidad para cualquier persona. Solo hay que tener interés por la lectura para entenderlo. Siempre me gusta escribir para personas con cualquier tipo de formación previa. Me dedico a la divulgación y a utilizar el formato libro aunque eso sea algo que no se valora hoy día para nada en la vida académica.

-La pregunta del millón: ¿cómo definirías el capitalismo? No puedes usar los tres libros de El Capital

-La definición que más me gusta o la que creo que es más acertada viene de Polanyi: el sistema económico basado en adquirir o utilizar a través del mercado el trabajo, el dinero y los recursos naturales. Pero hay que añadir que, al hacer eso, es el que extiende la lógica mercantil a casi todas las expresiones de la vida humana, de modo que el capitalismo es el sistema económico que a base de universalizar la mercancía crea la sociedad de mercado. Eso a su vez implica que el capitalismo sea un sistema económico en el que prima un conflicto básico entre los dueños “naturales” de esos recursos y entre los que se apropian de ellos a través del mercado cuando se convierten en mercancías.

-Por el mismo sendero: ¿qué es para ti el neoliberalismo? ¿La versión salvaje del capitalismo? ¿Puede existir un capitalismo con rostro humano? 

-Es el capitalismo en una fase de la desregulación que es posible imponer cuando hay un gran desequilibrio entre los grupos sociales. Creo que fue Franz Hinkelammert quien lo definió acertadamente como el capitalismo “sin bridas”. O, de otra forma, el capitalismo cuando la lucha (o la guerra, como dice Chomsky) de clases se ha hecho quizá más favorable que nunca para el gran capital. ¿Qué quiere decir exactamente capitalismo con rostro humano? La explotación más exagerada que podamos haber conocido también tiene rostro humano. No ha sido obra de marcianos. Ese es nuestro problema.

-¿Qué es en tu opinión una crisis del capitalismo? ¿Cómo se podría definir? 

-Exactamente lo mismo que una crisis en cualquier otro sistema económico: un momento de perturbación en el que cambia la dirección de la dinámica económica dominante.

-¿Por qué, hablo del título, desde el crak de 1929 hasta la actualidad? ¿No hubieron crisis importantes antes de 1929?

-El título lo propuso la editorial y me centro principalmente en ese periodo (que en realidad casi se podría considerar como una onda “super larga”). Pero efectivamente en el libro menciono y analizo, aunque sea más sumariamente, las crisis anteriores.

-Una vez leído el libro -se aprende siempre al leerlo y sin jerga que asuste a no especialistas como yo- se puede pensar tal vez: no es que el capitalismo esté ahora, ayer o acaso mañana en crisis, siempre está en crisis de un modo u otro en algún lugar (o lugares) del mundo. Capitalismo implica crisis como el siguiente de 4 implica ser número primo. ¿Es una mala inferencia la que estoy haciendo? 

-Podemos utilizar las palabras como queramos pero conviene ponernos de acuerdo antes de hablar sobre el significado que vamos a darle a las que usemos en nuestro diálogo. Para mí una crisis, como he dicho, es un momento de perturbación que cambia la dinámica de los hechos. Si aceptamos ese significado de crisis no se puede, por definición, decir que algo está “siempre” en crisis. Otra cosa es, y creo que te refieres a eso, que un sistema como el capitalista (y aún más, cuanto más desregulado esté) es extraordinariamente proclive a producir crisis, por la razones que trato de explicar en el libro. Y eso sí es un hecho destacable.

-¿La peor crisis del capitalismo ha sido la crisis de 1929 en tu opinión? ¿Por qué? 

-Posiblemente sí, por su extensión y por sus consecuencias de todo tipo.

Supongamos que alguien señalara: de hecho, no hay aproximación crítica alguna al capitalismo señalando sus crisis. Cualquier sistema económico que podamos pensar, teorizar y, sobre todo, concretar tendrá sus crisis. No seamos utópicos o desinformados, tampoco populistas que engañan. Está en los genes y acaso en los memes de los seres humanos. Somos la especie exagerada, la especie irracionalista y egoísta de la hybris. No hay otra, lo que hay. Luego, por tanto…

Pues quien dijese eso llevaría razón. ¿Qué organismo vivo no tiene crisis? A mí no me interesa estudiar las crisis para tratar de mostrar lo malo que es un sistema porque las produce. Entre otras cosas, porque el hecho en sí de que haya crisis es lo menos revelador. Lo importante es que justo en la crisis es cuando mejor se percibe la naturaleza, las virtudes y los defectos del organismo o sistema en donde aparece. Y, como se quería decir con ese término en Grecia, cuando mejor se puede tomar una decisión, o “enjuiciar” lo que se analiza. La crisis es también como la ventana por donde ves lo que ocurre a quien la padece.

-Esta crisis, la que estamos viviendo, ¿está alterando sustantivamente la situación de las clases trabajadoras en muchos o en algunos países occidentales? 

-Creo que está fortaleciendo los procesos de hiper-explotación que se habían iniciado con la “revolución conservadora” (a mí me gusta subrayar siempre que puedo que el capital y su expresión política de derechas se hicieron “revolucionarios” para defender sus intereses. ¡A ver si los demás aprendemos!). Las condiciones laborales van a empeorar aún más pero, al mismo tiempo, la crisis se ha producido por procesos tan explícitos que en alguna medida está contribuyendo a que se despierte la necesidad de que las clases trabajadoras (y quizá otras que se están pauperizando, además de ellas) actúen “para sí”. Veremos cuál es el balance final.

-¿La crisis es especialmente grave en España o es similar a la de otros países? ¿Estamos saliendo de ella en tu opinión? ¿Se saldrá en un futuro? Sé que son varias preguntas en una.

-Sí que ha sido más grave porque ha generado mucho más desempleo y aumento de la pobreza y de la desigualdad, además de destrucción de empresas y tejido productivo. Pero aquí los grupos oligárquicos han podido actuar con mayor poder de convicción y legitimación y las familias han sido un colchón más poderoso. Creo que hay recuperación pero muy débil, con una expresión muy pobre en el empleo, todavía muy endeudada, sin recambio productivo, basada en factores coyunturales (apoyo del BCE, precios del petróleo y “alegría” prelectoral del gobierno) y basada casi enteramente en la recuperación del beneficio de las grandes empresas. Todo eso hace que puede ser muy efímera. En 2016 volveremos a tener problemas.

-¿Por qué no estallan más movimientos de protesta y rebeldía en Europa y en el mundo? ¿Miedo, incapacidad, no hay alternativa como apuntó Miss Thatcher? 

-Porque el neoliberalismo existe precisamente porque los aplastó. El neoliberalismo es, también, un capitalismo cada vez menos compatible con la democracia (Habermas habla de su “desmantelamiento” en Europa) . Y que sido capaz de “cambiar el alma” (en expresión literal de Margaret Thatcher). Ha creado un ser humano diferente, ensimismado, ajeno a los demás y, por tanto, materialmente incapaz de crear respuestas colectivas porque percibe sus problemas como propios y no de todos. Trabajo ahora en un próximo libro en el que trato de explicar por qué ocurre eso y cómo salir del bucle. Creo que la derecha fue capaz, como he dicho antes, de saltarse sus propios corsés y asumir un nuevo proyecto de civilización mientras que las izquierdas fueron y siguen siendo más conservadoras. No obstante, sí que se ha producido una respuesta muy importante quizá por primera vez en los últimos treinta o cuarenta años. Las cosas van a empezar a nos ser como hasta ahora.

-De acuerdo con esto último, tienes razón, me faltó matizar. ¿Crisis del capitalismo es equivalente a crisis de civilización? 

-No necesariamente pero yo creo que esta última contiene o está producida por factores tan diversos y profundos que es sistémica y en ese sentido es crisis de civilización, los factores que la han producido y a los que afecta no son solo económicos sino que, sobre todo, tienen que ver con nuestro modo de vivir y de estar en la vida, entre nosotros y en este planeta.

-Te pregunto con el enunciado de uno de los capítulos del libro: ¿se pueden evitar las crisis del capitalismo? ¿Cómo? 

-Algunos tipos de crisis sí. Sabemos perfectamente lo que hay que hacer, por ejemplo, para evitar las financieras. De 1945 a 1970 prácticamente no hubo ninguna. Otra cosa es que en estos momentos haya condiciones de poder que permitan adoptar las medidas necesarias para conseguirlo. Pero me parece muy importante que lo sepamos y que la gente sepa que se pueden evitar si las cosas funcionan de otro modo. Sin embargo, las que tienen que ver con el desorden intrínseco al sistema y las que son sistémicas no se pueden resolver dentro de él, es decir, sin alterar su lógica. Pueden paliarse sus efectos y procurar que sean más o menos destructoras.

-¿Podrías enunciar las cinco medidas económico-sociales que te parecen más importantes, deseables y, además, posibles que un futuro gobierno de España que piense en la situación de las clases más desfavorecidas debería acometer? 

-Me planteas un trilema imposible: lo más importante y para mí deseable seguramente es incompatible con lo posible. Pero si gradúo al máximo para conseguir la compatibilidad te diría:

1. Medidas para revertir la tendencia a la caída de la masa salarial en el conjunto de las rentas. Para eso hay que aumentar la capacidad de negociación, social y política de las clases trabajadoras y fomentar la igualdad de género.

2. Plan de infraestructuras que sustituya la política de grandes obras por otra de rehabilitación y regeneración sostenible del habitat.

3. Reforma fiscal más o menos en el sentido en que vienen planteando Podemos o Izquierda Unida y paralelamente a ella reforma de la administración pública.

4. Pacto de Estado para implantar un modelo educativo inclusivo y eficiente y que no se desmantele cada vez que hay cambio de gobierno y para asegurar su financiación y la del sistema de I+D+i al menos durante una generación

5. Puesta en marcha definitiva del sistema de cuidados y atención a la dependencia.

-¡Pues has superado muy bien el trilema! ¿El capitalismo es un sistema contrario al equilibrio de la especie con la naturaleza? ¿El cambio climático lo cambia todo? 

-Lo dije antes. Se basa en la universalización de la lógica mercantil y no hay nada más ajeno a ella que la naturaleza y los medios y recursos que nos proporciona para vivir. El cambio climático posiblemente sea la expresión paradigmática de que hay formas de producir y consumir (y las capitalistas por definición) que pueden llegar a ser contrarias a la vida.

-¿Puede hacerse algo realmente, no hablo de sueños y quimeras, ante el poder casi omnímodo del capital financiero? ¿Reformas, pequeñas reformas, no más? 

-Nunca he compartido el desprecio de ciertas izquierdas a las reformas y a las cosas pequeñas. ¿Acaso hay algo más revolucionario que salvar una vida o la vida de todos en un entorno de continua amenaza o defender la sanidad o la educación públicas? Los grandes cambios, los más revolucionarios no son posibles sin miríadas de pequeñas acciones previas. ¿Cuándo acabó la esclavitud, cuando se publicó el decreto de abolición o cuando el primer esclavo o esclava se miraron a sí mismos y decidieron que no querían serlo? Los cambios sociales no son fotos fijas así que claro que pueden hacerse cosas, día a día, instante a instante. Hay que minar el poder que mantiene el status quo a base de conciencia, de acción, de toma de posiciones, de legitimación creciente de los pasos que demos y, como consecuencia de todo ello, generando espacios de contrapoder que sean cada vez más amplios, consistentes y, me atrevería a decir, que anhelados y amados por la gente. Ahora bien. Hasta ese tipo de pequeños pasos serán cada vez más difíciles y requerirán un esfuerzo inmenso porque efectivamente el poder de una minoría extrema se ha hecho inmenso Y diabólico.

-¿Qué economistas actuales te interesan más? ¿Cuáles creen que son los más han aportado para la comprensión de nuestra crisis actual? 

-Leo y aprendo mucho de los economistas estadounidenses del Center for Economic and Policy Research (CEPR) o del Levy Institute, a Dean Baker, James Galbraith, Mark Weisbrot…, en Europa a los de la New Economics Foundation, siempre a los franceses porque me parece que nunca dejan de ser creativos, a economistas feministas como Nancy Folbre, Diane Elson o Rania Antonopoulos y a quienes siguen la onda fundamental de Georgescu-Roegen, que me parece que ha sido el economista que más ha revolucionado la economía en el último siglo. También, con especial interés, los que giran en torno al Positive Money, que me parece que proporcionan alternativas fundamentales a la gran cuestión de las finanzas y la moneda en el futuro inmediato… Y a algunos otros que me parece que vienen haciendo una labor impresionante desde hace años como Steeve Keen (acaban de traducir en España su imprescindible libro La economía desenmascarada).

-¿En Capitán Swing? 

-Exacto.

-¿Y en España? 

En España, a todos los que puedo y en especial a los más jóvenes, aunque no me da mucho tiempo, la verdad, de seguirlos como yo quisiera. Y no dejo de leer a quienes no piensan como yo porque son los que me mantienen en forma intelectualmente.

-El paradigma económico marxista, en sus diferentes tonalidades y melodías, ¿crees que puede aportar algo en la comprensión de lo que ha sucedido y en las salidas que pueden plantearse? ¿Vivimos acaso en el peor de los mundos posibles? 

-Me cuesta trabajo creer que haya un paradigma económico marxista, al menos en el sentido kuhniano, pero la obra de Marx y muchas de las diversas lecturas de la economía que se han hecho a partir de ella me parece que son aportaciones particularmente interesantes para entender las crisis, en concreto. Pero yo me convertí en alguien muy poco exigente en materia de método hace ya tiempo. Creo que lo importante es utilizar las herramientas de conocimiento adecuadas en el momento preciso más que aferrarse a unas cuantas de ellas en particular.

-Gracias, muchas gracias. ¿Quieres añadir algo más? 

-Nada más. Muchas gracias a ti por tu incansable compromiso con la creación y divulgación del pensamiento crítico.

Fuente: El Viejo Topo, marzo de 2016.

Si lo hacen los míos está bien, si son los otros es un crimen

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El presidente argentino lleva gobernando a base de decretos desde que llegó al poder pero los liberales que tanto han criticado (muchas veces con razón) a otros gobiernos cuando hacían eso, callan ahora (información sobre los decretos de Macri aquí).

Quienes se pasan la vida defendiendo el mercado y las virtudes de la libre competencia ponen el grito en el cielo si algún gobierno interviene tratando de aliviar sus fallos. Pero callan cuando otros gobiernos con los que simpatizan, como el actual de Argentina, intervienen con mucha más fuerza no para corregir las ineficiencias del mercado sino para fortalecerlas. Eso acaba de ocurrir en ese país hermano en un sector tan determinante de las libertades como el audiovisual. El gobierno acaba de adoptar una batería de medidas destinadas a favorecer la concentración de medios y a permitir que los más grandes y poderosos eludan obligaciones ante la audiencias (información aquí). Entre otras medidas, el presidente Macri ordenó intervenir durante 180 días la Autoridad Federal de Tecnología de la Información y las Comunicaciones, máxima autoridad argentina en esa materia.

En este caso argentino, cuando es alguien que se dice liberal quiene recorta libertades, los liberales callan. ¿Se imaginan la que se hubiera liado si esas medidas las toman en Venezuela, Bolivia o Ecuador, o gobiernos progresistas en España?

Me parece que este relativismo tan perverso, que lleva a demonizar algo solo cuando son otros quienes lo llevan a cabo, dificulta enormemente la convivencia y el progreso y me pregunto si tiene arreglo. Intuyo que no es fácil combatirlo pero, en todo caso, creo que será imposible acabar con él si cada uno de nosotros no empieza por erradicarlo de sí mismo tratando de ser más coherente y sincero cuando se juzgan nuestros propios actos y los de los demás.

Sólo para personas que luchan por sus sueños

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Hace unos días impartí una conferencia a estudiantes en la Universidad de Cádiz, concretamente en la “XXXIII Asamblea General de  la Asociación Española de Alumnos de Ciencias Económica y Empresariales”. Allí conocí a un estudiante de la Universidad de Almería que al ver mi reloj de madera (regalo de reyes de mis hijos) se extrañó y alegró porque, según me dijo enseguida, él había creado una empresa con otros jóvenes para venderlos. Ma alegra mucho encontrarme cada vez más habitualmente con estudiantes que además de seguir sus estudios se implican en todo tipo de actividades complementarias, como en este caso.

Alejandro me pidió consejo y ayuda y de momento le brindo el modesto escaparate que puede ser esta web para que sus lectores vean lo que han puesto en marcha. Y les animo también a que, si les gustan, la difundan e incluso les compren algún reloj para cualquier regalo que tenga que hacer.

Los relojes que venden se llaman COHNQUER y según indican en su web son “Sólo para personas que luchan por sus sueños”, optimistas, que disfrutan del camino y respetan el medio ambiente. Pueden verse aquí: https://www.cohnquer.com.

No creo que haga falta decir que yo no tengo ningún tipo de interés comercial en este asunto (seguro que hay alguien que lo piense) sino solo el ánimo de ayudar modestamente a jóvenes como Alejandro y sus compañeros. Les deseo mucha suerte en su andadura.

Presentación de Economistas frente a la crisis

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El jueves día 31 a las 19 horas se presenta en Sevilla Economistas frente a la crisis, una asociación plural de economistas y otros profesionales que defienden una política alternativa a la de recortes que se viene aplicando en Europa y España.

Con ese motivo se va a celebrar un debate sobre la posibilidad y los contenidos de Una nueva política económica para un nuevo ciclo político.

El acto se celebrará en la sala Antonio Machado de la Fundación CajaSol de Sevilla, C/ Entrecárceles 1, con el siguiente programa:

Presenta e introduce: 

        Juan Torres, catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Sevilla

Intervienen

  • Jorge Fabra Utray, economista y doctor en Derecho, presidente de Economistas Frente a la Crisis.
  • Antonio González, economista y miembro de Economistas Frente a la Crisis.
  • Bruno Estrada, economista adjunto a la SG de CC.OO, miembro de Economistas Frente a la Crisis.
  • Cristina Narbona, economista y ex ministra de Medioambiente, miembro de Economistas Frente a la Crisis.
  • Luis Ángel Hierro, profesor de Economía Aplicada de la Universidad de Sevilla.

Participan en la fila cero:

  • Francisco Carbonero, SG de CC.OO de Andalucía
  • Carmen Castilla, SG de UGT de Andalucía;
  • José Caballos, portavoz de Economía del PSOE en el Parlamento de Andalucía;
  • Carmen Lizárraga, portavoz de Economía de Podemos en el Parlamento de Andalucía
  • Representante de Izquierda Unida
  • Antonio Avendaño, periodista
  • Lucrecia Hevia, periodista

En el siguiente link se puede consultar qué es y quiénes son Economistas Frente a la Crisis: http://economistasfrentealacrisis.com/quienes-somos-2-2

Podemos, entre ataques ajenos y errores propios

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Publicado en Público.es el 4 de marzo de 2016

Desde que apareció en la escena política, Podemos en general y sus dirigentes en particular han sufrido los ataques más fuertes que se han registrado en la historia de nuestra joven democracia.

Para evitar su ascenso se ha recurrido al insulto y la descalificación e incluso a mentiras y calumnias. Multitud de periodistas y medios han constituido una especie de legión dedicada en cuerpo y alma a combatir y descalificar sus propuestas, pasando sin solución de continuidad de la crítica política a los más crueles ataques personales.

Nunca se había visto algo así en nuestra vida política pero en cierta medida era previsible que haya sucedido.

Ya no se puede seguir disimulando la corrupción y los privilegios vergonzosos e ilegítimos de los que disfrutan los más poderosos del reino, desde Don Juan Carlos de Borbón y su familia hacia abajo, y a todos ellos entró el pánico cuando pensaron en la simple posibilidad de que unos advenedizos no solo pudieran llegar a gobernar sino a disponer de información sobre lo que hacen con España y con el dinero de los españoles detrás de la tramoya y de sus grandes declaraciones de amor a la Patria.

Los bancos, las grandes empresas, las familias “de siempre”, muchos políticos e incluso partidos casi en su totalidad (como vemos que está pasando con las tramas urdidas por el PP en Valencia o Madrid) llevan años y años apropiándose a su antojo del Estado y de sus instituciones en beneficio propio. Y para salvaguardar sus intereses han tejido una red numerosa y tupida de “empleados” a quienes mantienen a base de las sobras que les deja su pillaje. Estos últimos (políticos que cobran complementos millonarios, periodistas, economistas…) son los encargados de elaborar el discurso social que oculta y legitima el estado de saqueo en el que vivimos, tirándose al cuello, si hace falta, de quien ose poner todo eso en cuestión. Los periodistas que acaba de descubrirse que están en cuantiosa nómina de El Corte Inglés o los sueldos millonarios que cobran otros en diferentes medios de comunicación de la derecha o la Iglesia son buena prueba de lo que digo.

Podemos no es sino una expresión de la indignación social cada día más generalizada ante todo esto y si no hubiera nacido de la mano de Pablo Iglesias lo hubiera hecho de la de cualquier otra persona o con otro nombre porque ya no se puede seguir aguantando lo que estamos viviendo, los escándalos de cada día, la corrupción galopante y una institucionalidad nacida de los consensos de la Transición que (nos guste o no) ya no da más de sí y se viene abajo.

Es normal que en este ambiente Podemos no haya podido construir con sosiego su discurso ni definir y asumir con suficiente serenidad la ética y la estética con la que se presenta a la sociedad. La vorágine de los hechos le ha obligado a improvisar y los ataques constantes y tantas veces tan injustos han debido someter a sus dirigentes a un acorralamiento abrasivo que impide pensar bien y hacer política “normal”, y mucho más en condiciones tan excepcionales como las que vive España.

Creo, por tanto, que es injusto culpar a Podemos de todo lo que pueda estar haciendo mal o hacer responsables solo a sus dirigentes de sus fallos o ni siquiera de tantas contradicciones y pasos en falso como han dado (y que incluso algunos de ellos han reconocido en público). El medio ambiente que a propósito le han creado los grandes poderes financieros y mediáticos al sentirse asustados con su sola presencia posiblemente esté siendo tan responsable o más de la imagen (buena o mala, según se mire) y de la actuación con las que se presenta Podemos ante la sociedad.

Pero dicho eso, creo que no se puede obviar la parte de responsabilidad propia y los errores que a mi juicio pueden hacer que Podemos entre en barrena y frustre la confianza que ha recibido de millones de personas y votantes.

La presión ambiental, el acoso, las mentiras y los ataques antidemocráticos que día a día reciben Pablo Iglesias y sus compañeros no van a desaparecer porque forman parte de la idiosincrasia y del modo habitual de actuar de unos grupos de poder que siempre han creído que España es suya. Recuérdese lo que decían cuando el Partido Comunista trataba de abrirse paso, con todo derecho, en la democracia que nacía tras la muerte de Franco y lo que hicieron para evitar que fuera influyente. O los ataques que dedicaban a los socialistas que se disponían a gobernar España de la mano de Felipe González con una mayoría electoral nunca antes registrada. Son los mismos grupos que llegaron a decir que Rodríguez Zapatero era nada más y nada menos que cómplice de ETA o que ahora dicen que si hubiera un gobierno de cambio progresista España se hundirá en la miseria.

Pero, a mi juicio, el principal problema que está empezando a tener Podemos ya no es ese clima sino su propio comportamiento que lo reaviva y que no contribuye crear condiciones más favorables para que surja y se consolide la nueva forma de hacer política que en España se necesita tanto como el aire que respiramos.

La trampa en la que cae Podemos es responder a la prepotencia del poder oligárquico con arrogancia y chulería; a los continuos intentos que se hacen para excluir su disidencia con un discurso frentista que le separa de las grandes mayorías sociales. Su error fatal, creo yo, es hacer del lenguaje político una variación del espectáculo televisivo, una provocación constante y no ser consciente de cómo es y qué desea la inmensa mayoría de la gente común de España, a quien (según me parece a mí) no le va tanta bronca, ni el macarrismo, ni la faltas de respeto a los demás o a las formas más elementales de convivencia formal entre personas educadas. Se equivoca a mi juicio Podemos haciendo una interpretación masculina, agresiva, competitiva y tacticista de la política. Se equivoca cuando vocifera en lugar de susurrar y cuando agrede en lugar de extender la mano; cuando, en vez de ayudar a que se acerquen las gentes, abre tan drásticamente un surco insuperable entre “ellos”, los buenos, y los demás, porque la sociedad es mucho más compleja y porque la casta (que existe) no es, sin embargo, todo lo que a Podemos le parece casta solo porque no es como Podemos. Podemos se equivoca en esta fase de negociación con su baile de ahora me siento, ahora me levanto, al renunciar a la estrategia y a los principios a cada instante o, al menos, cuando los pone tan a buen recaudo que parece que no los tiene. Se equivoca cuando en momentos de tanta agresión concentra todo lo que puede el poder interno y renuncia al abrazo de quienes quisieran estar al lado de sus dirigentes para animarlos, ayudarles y decirles al oído que sí se puede pero que, en realidad, solo se puede si lo intentamos todos y no solo unos cuantos ungidos de luz, poder personal y oportunismo.

Por último, me temo que Podemos, que hasta ahora ha dado muestras de haber sabido “leer” a la perfección los deseos de una gran número de españoles hartos de la corrupción y del bipartidismo que la amparaba, se confunde en la lectura más reciente de lo ocurrido en las últimas elecciones.

Tras el 20D, nadie puede imponer nada en el mapa político. Primero, porque aritméticamente no es posible, y segundo porque es cada vez más evidente que la gente común desea otro modo de hacer política, de ser político y de estar en la política. Y todo esto último no solo consiste en hacer demagogia con los sueldos, con los coches oficiales o con los recibos de unos cuantos taxis, ni en creer que la gente común solo es la que comúnmente hay en Podemos. Consiste en hablar de otro modo, en tener empatía incluso con quien no piensa como tú, en saber negociar y pactar con el contrario cediendo a veces, en construir sociedad y bienestar también con quien está en las antípodas de tu pensamiento (los viejos del lugar dirían con razón que no otra cosa es la lucha de clases, esa que dicen que ya ha desaparecido).

Podemos se está equivocando fatalmente porque actúa como si la correlación de fuerzas fuera otra de la que realmente existe. Con la que ha surgido del resultado electoral no es posible imponer la estrategia maximalista que Podemos se empeña en imponer, de modo que su comportamiento o es inútil o no tiene (como yo creo que le está pasando) credibilidad alguna (es muy difícil creer que quiere o puede llegar a acuerdos con otra parte quien le pone condiciones imposibles, quien no está dispuesto a renunciar a algo mientras que le exige a la contraparte que renuncie a mucho, o quien agrede sin necesidad y en el peor momento a quien le propone ser socio).

Y la consecuencia de apostar por esa estrategia maximalista es que Podemos no aprovecha la poderosa capacidad de negociación de la que dispone. De momento, no ha sido capaz de lograr que en los pactos que hay sobre la mesa se mejoren las propuestas sobre bienestar de millones de personas o de regeneración democrática y se eliminen las que suponen un paso atrás en este sentido. Y corre el riesgo de terminar convirtiéndose, como ya le ocurre en Andalucía, en una especie de fuerza política “de segunda división”.

Las grandes palabras y los gestos y declaraciones rimbombantes se las lleva el viento. Lo que queda y lo que hace que una fuerza política se perciba por la ciudadanía como un auténtico motor del cambio social y del progreso histórico es su contribución efectiva a lograr mejores condiciones laborales, económicas y políticas en cada coyuntura y en correlaciones de fuerzas que no siempre son las favorables o deseadas. A veces, como puede suceder ahora, las estrategias de máximos pueden dar mínimos resultados y las apuestas minimalistas son las que proporcionan el máximo y mejor resultado de todos los posibles.

Podemos es ya un proyecto demasiado importante como para que se vaya por la borda por mor de bravuconerías y arrogancia.

Un Plan B para Europa

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No he tenido la suerte de que me inviten a estas jornadas tan interesantes en las que se promueve una alternativa para la Europa neoliberal. Pero espero que sean útiles y que sus promotores sean capaces de vencer los personalismos y las diferencias de poca monta en aras de unir a los pueblos contra el poder financiero que nos domina. La información sobre su contenido y desarrollo se encuentra pinchando en el enlace de abajo:

Plan B para Europa.

Necesitamos otro gobierno

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Transcribo a continuación el manifiesto que he firmado junto a otras personas reclamando un gobierno de regeneración democrática para España. Quizá valga la pena difundirlo lo más posible.

NECESITAMOS OTRO GOBIERNO

Decisiones apremiantes

Las elecciones del pasado 20 de diciembre han deparado un resultado que casi todo el mundo consideraba previsible: un mapa de partidos mucho más abierto que impide mayorías automáticas en torno a los dos más poderosos, el PP y PSOE, como ha venido sucediendo hasta ahora.

Es verdad que eso produce más inestabilidad y mayores incertidumbres pero también creemos que esos resultados pueden abrir la puerta a cambios muy positivos si somos capaces de aprovechar las oportunidades.

Muchas personas consideran que la mayor complicación a la hora de formar gobierno es una desgracia para nuestro país y añoran la vieja forma de hacer política pero nosotros creemos, por el contrario, que se trata de una circunstancia afortunada que responde a un hecho fundamental: una proporción cada vez mayor de los españoles quiere romper con la política de imposiciones y de “leyes de rodillo” propias de mayorías parlamentarias  absolutas, y prefiere que predominen el acuerdo, la negociación, el equilibrio y la proporcionalidad entre los diferentes intereses en juego.

Las elecciones se celebraron después de mucho tiempo de debate y reflexión, no solo por parte de los partidos sino de toda la sociedad, lo que ha permitido poner de manifiesto la enorme crisis que nos envolvía, los abusos, fraudes, corrupciones, transgresiones e irregularidades de todo tipo que se han generado en los últimos años y, sobre todo, que se estaban aplicando políticas que sufrían los sectores más débiles y necesitados. Se extendió la idea de que las nuevas elecciones eran el momento en el que la ciudadanía podía mostrar su demanda de regeneración y cambio ante un edificio institucional que hacía aguas por todas partes. Y eso es lo que ha ocurrido: las elecciones han venido a demostrar que hay ya una gran parte de la sociedad española que no quiere seguir siendo prisionera  de un sistema económico que acrecienta sin cesar  las desigualdades ni  esclava de una política despiadadamente clasista, injusta, patriarcal, discriminatoria y que atenta contra los principios y derechos básicos que con grandes palabras se establecen en nuestra Constitución.

Solo los tres partidos más fuertes que reclamaron, con un signo u otro, un claro cambio de tendencia (PSOE, Podemos y Ciudadanos) han sacado más del doble de los votos recibidos por el PP, lo que indica claramente que es muy mayoritaria la sociedad española que reclama cambio, regeneración política y reforzamiento de una democracia cada vez más amenazada. Y también ha sido mayoritaria la opción electoral de izquierdas que, también con mayor o menor intensidad, ha propugnado combatir la política europea de austeridad y tratar de poner en marcha otras políticas sociales y económicas.

Por tanto, satisfacer la demanda mayoritaria de los españoles y españolas que han votado en estas últimas elecciones obliga a formar OTRO gobierno, con fines diferentes a los del anterior, con otra forma de tomar las decisiones y de dirigir la vida política y la de las instituciones.

Si se quiere satisfacer la demanda que el electorado ha expresado con su voto, como es obligado, ya no se puede seguir haciendo una política económica y social que tan claramente ha beneficiado a unos pocos, haciendo que España se convierta en el país europeo con más desigual de ingresos entre ricos y pobres, según la OCDE, y en donde más ha crecido la desigualdad durante la crisis, no solo porque las reformas laborales orientadas a disminuir el poder negociador de las clases trabajadoras produce una constante caída de los salarios en la renta nacional sino también porque, para colmo, los gobiernos han redistribuido la riqueza a favor de los grupos sociales de mayor renta.

No se puede tampoco imponer por decreto a los demás las preferencias que son claramente las de grupos sociales minoritarios, deteriorando para ello los criterios de elemental proporcionalidad y llegando a desvirtuar  en ocasiones el papel independiente, arbitral y equilibrado que deben tener instituciones como la magistratura. Y hay que hacer política de otra forma, más amigable y menos frentista, que parta del principio de que la diversidad nos enriquece y que los que piensan diferente no son enemigos sino simplemente compatriotas que también tienen derecho a expresar sus ideas y a tratar de llevarlas a cabo.

Necesitamos y reclamamos otro gobierno que ponga en marcha una auténtica regeneración de nuestra vida política e institucional. Que refuerce la  democracia y se comprometa de veras con la igualdad, la justicia, la solidaridad, la libertad y el ejercicio efectivo de los Derechos Humanos, que promueva y asegure la convivencia entre todos los españoles  poniendo al día y modificando la Carta Magna que desde 1978 ha sido suprema referencia y garantía pero que ahora requiere adaptaciones y reformas, especialmente en el Título VIII relativo a la estructura del Estado. Y que  promueva una nueva ley electoral que corrija las actuales deficiencias y permita que los elegidos puedan ser revocados por los electores si incumplen sus mandatos.

Necesitamos y reclamamos otro gobierno que defienda los intereses generales, particularmente justicia, educación, sanidad, atención a la infancia y a la dependencia, igualdad de género ciencia y protección del medio ambiente, como prioridades permanentes y que, aunque actuando con lealtad ante nuestros socios europeos, no entregue nuestra soberanía a los poderes económicos y financieros ni a instituciones que desprecian e ignoran los derechos del Pueblo.

Necesitamos y reclamamos otro gobierno que propicie grandes acuerdos de Estado para combatir todas las manifestaciones de la desigualdad, para salvaguardar los derechos sociales y el funcionamiento adecuado de los servicios públicos de bienestar, para hacer equitativas y eficientes las políticas de redistribución de las rentas y para evitar que los salarios sigan cayendo llevándose tras ellos a miles de pequeñas y medianas empresas.

Necesitamos y reclamamos otro gobierno que ponga las bases para otra política económica que cree riqueza, empresas y empleo, que evite que siga aumentando la deuda y el trabajo precario e incluso basura, como ha ocurrido con el último del Partido Popular, que incentive el uso sostenible de los recursos y el respeto del medio ambiente así como la actividad realmente productiva en detrimento de la especulación y la cultura del pelotazo, y que reorganice el sistema de cuidados para combatir las discriminaciones y carencias actuales.

Necesitamos y reclamamos otro gobierno que garantice que todas las personas tengan acceso a fuentes de información plural y que se ponga a su disposición la que sea necesaria para saber con transparencia y objetividad lo que ha pasado en España en los últimos años y que ha provocado tanto sufrimiento, quiénes han provocado la crisis y quiénes se han beneficiado de su desencadenamiento y de las políticas adoptadas en este tiempo. Y, sobre todo, que impida que las administraciones utilicen los medios públicos de comunicación o incluso las políticas de seguridad o defensa nacional como instrumento partidista o fuente de lucro para unos pocos.

Somos conscientes de que esta alternativa es difícil de poner en marcha y que su andadura se enfrentará también a todo tipo de obstáculos. Es más fácil ordenar unilateralmente e imponer que consensuar, y en etapas anteriores se ha podido comprobar que el egoísmo de los grandes grupos de poder (que siempre han creído que España es suya y que solo ellos son los auténticos españoles) es ilimitado en nuestro país. Pero por muchas que sean las dificultades nunca serán infranqueable ni mucho menos. La dificultad simplemente nos obliga a realizar un esfuerzo mayor y a cambiar los objetivos, los contenidos y las formas de la política gubernamental.

Frustrar la posibilidad de iniciar un proceso de regeneración política en España sería una enorme desgracia y quien contribuya a ello cargará para siempre con una enorme responsabilidad. Las fuerzas políticas de izquierdas deben intentarlo y sin miedo de involucrar en el esfuerzo al mayor número posible de sensibilidades, con tal de que se haga colectiva la voluntad de asumir principios y cambios de esa naturaleza. Y para ello es fundamental ser consciente de que OTRO gobierno solo puede nacer de nuestra soberanía a los poderes económicos y financieros,  y contribuya a reforzar la unión política, social y económica, limitada hoy a una frágil  unión estrictamenTe monetaria. A una Europa solidaria, destinando los medios necesarios  para la acogida de los refugiados y emigrantes y, muy especialmente incrementando la tan decaída ayuda al desarrollo para evitar los grandes y humanamente intolerables flujos de seres humanos  desamparados, porque no pueden vivir dignamente  en sus lugares de origen.  Reiteramos que es insoslayable y urgente  que se actúe sin dilación  para no seguir permitiendo que mueran de hambre cada día  miles de personas, en su mayoría niñas y niños de uno  a cinco años de edad, al tiempo que se invierten  en armas y gastos militares  más de 3.0000 millones de dólares. Para ello, a  escala mundial debe favorecerse como clamor popular,  un multilateralismo democrático eficiente  procediéndose a una auténtica  refundación del Sistema de las Naciones  Unidas que el neoliberalismo sustituyó pòr grupos plutocráticos (G7, G8, G20,…) Sólo así podría asegurarse el cumplimiento de acuerdos  sobre medio ambiente, los Objetivos de Desarrollo Sostenible, la regulación  de los tráficos supranacionales y garantizarse la eliminación  inmediata de los paraísos fiscales.

Por eso reclamamos diálogo y no confrontación permanente, fraternidad y no agresión y violencia verbal, generosidad e inteligencia por todas las partes a la hora de negociar, para que los acuerdos no se traduzcan en meros repartos de cargos sino en un programa real de cambio.

FIRMAN ESTE TEXTO:

Luis Eduardo Aute

Elena Caballero

José Angel Cuerda

Rafael Díaz Salazar

Benjamín Forcano

Lina Gálvez Muñoz

Carlos Jiménez Villarejo

José Antonio Martín Pallín

Angells Martínez Castells

Federico Mayor Zaragoza

Manolo Monereo

José  Mora Galiana

Ana Noguera

María Pazos

Montserrat Ponsa

Pilar del Rio

Manuel de la Rocha Rubí

Lola Sanjuán

Juan Torres López

Demetrio Velasco

Una propuesta para acabar con los déficits públicos y la deuda de los estados sin apenas pagar impuestos

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Los grandes medios de comunicación solo se suelen hacer eco de los dos o tres candidatos presidenciales que tienen el apoyo de los poderes económicos y financieros de Estados Unidos. Pero cuando se celebran allí elecciones suelen presentarse también otros candidatos a veces con propuestas realmente interesantes, como ahora ocurre con Scott Smiths. En su página web (que puede verse aquí) hace una propuesta tan fácil como efectiva y revolucionaria para evitar que el gobierno siga generando déficits multimillonarios y una deuda que aumenta cada año sin necesidad de que las empresas y personas física sigan pagando impuestos para financiarlos.

La idea, expuesta de la manera más sencilla es la siguiente, tal y como él la expone en su web.

El presupuesto federal de Estados Unidos es de 3,9 billones (españoles, es decir, millones de millones) de dólares.

La renta personal en Estados Unidos es de unos 15 billones de dólares, de modo que tratar de financiar con ella los 3,9 billones del presupuesto obliga a establecer altos impuestos o a incurrir en grandes déficits.

La solución de Smith es la que muchos economistas y asociaciones cívicas como ATTAC venimos proponiendo desde hace años: establecer una tasar sobre una parte de la economía que hasta ahora está prácticamente exenta de cualquier tipo de gravamen, las transacciones financieras.

Las cuentas de Scott Smith para Estados Unidos son muy sencillas.

Según las estadísticas internacionales, el volumen de transacciones financieras de la economía estadounidense era de 4.456 billones de dólares en 2013 (sería fácil demostrar que en realidad es mayor, porque esas cifras suelen estar infravaloradas, pero podemos dejar las cosas así).

Eso significa, por tanto, que para financiar los 3,9 billones del gasto presupuestario haría falta exactamente el 0.0875%del total de las transacciones financieras (esa es la proporción que 3,9 billones representa de 4.456 billones). Es decir, que (redondeando) con una simple tasa del 0,1% sobre todas las transacciones financieras ya no sería necesario que ni las personas ni las empresas pagaran impuestos para financiar el gasto público (compárese ese 0,1% con el porcentaje que cada uno de ustedes paga de impuestos sobre su renta).

Lógicamente, esta misma propuesta se podría aplicar en Europa, en España y para el mundo en su conjunto y su efecto sería inmediato y de una eficacia impresionante. Valgan tres de ejemplos.

– El stock de deuda pública actual en todo el mundo es de 58 billones de dólares.

– El gasto público mundial anual es de unos 20 billones de dólares.

– La financiación establecida en la reciente cumbre de París para hacer frente al cambio climático fue de 100.000 millones de dólares al año.

Por otro lado, de los datos del Banco Internacional de Pagos se deduce, según una estimación bastante conservadora, que el volumen total de transacciones financieras en el mundo es de unos 11.000 billones de dólares.

Eso quiere decir que:

  1. a) Toda la deuda acumulada en el mundo se financiaría con una tasa única (un solo año) del 0,5% del total las transacciones financieras (58 billones/11.000 billones x 100).
  2. b) El gasto público mundial se financiaría con una tasa anual del 0,2% de todas las transacciones financieras (20 billones/11.000 billones x 100) y prácticamente ya no haría falta ningún otro impuesto.
  3. c) La lucha contra el cambio climático se podría financiar anualmente con una tasa del 0,0001% del total de las transacciones financieras internacionales.

Naturalmente, establecer en todo el mundo una tasa de este tipo y sobre una base amplia de las transacciones financieras conlleva complicaciones pero desde luego no mayores que las que implica mantener los sistemas fiscales actuales en todos los países. Además, con ella se ahorraría mucho dinero en personal y en gastos de administración, y nadie podría decir que se está estableciendo una medida confiscatoria o ni siquiera que atente contra el funcionamiento del sistema. Hablamos de un porcentaje verdaderamente ridículo.

¿Por qué no se adopta entonces? El candidato a la presidencia de Estados Unidos Scott Smiths dice que es porque hacemos frente a problemas del siglo XXI con instrumentos del siglo XIX. Lleva razón, pero yo creo que también se rechaza porque los poderosos que gobiernan el mundo no quieren ceder ni un céntimo. Lo quieren todo. Y también porque, en realidad, lo que les preocupa no es que haya más o menos impuestos sino que, gracias a la fórmula que acabo de explicar todos los seres humanos pudieran ejercer sus derechos, informarse, estudiar y conocer, el mundo sin ser esclavas día a día de la necesidad.

En cualquier caso, que nadie se confunda. La propuesta que acabo de hacer muestra que los problemas de déficits y deuda pública gigantescos que tienen las economías no se solucionan porque no se quiere pero eso no quiere decir que, incluso si se resolviesen por la forma que propongo, estuviese ya todo solucionado. Seguiría habiendo una predomino letal de la actividad financiera que antes o después acaba con la creación de riqueza que satisface nuestras necesidades y quedaría pendiente resolver otros muchos problemas. Sobre todo el fundamental de cómo generar los ingresos básicos para poder organizar la vida económica sin provocar los desequilibrios e injusticias que ahora hay. Y hay que tener en cuenta, además, que los impuestos no son útiles solo para recaudar sino también para redistribuir la renta y la riqueza y para incentivar o desincetivar determinadas actividades. Pero de eso hablaremos otro día.

 

Sobre el desprecio al Rey y a otras instituciones

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En estos días de tanta vorágine política en España se repiten escenas de desprecio al Rey, al Parlamento o a otras instituciones por parte de quienes de esa forma tratan de mostrar su rechazo hacia ellas. Hemos visto a algunos hacer gala de su republicanismo paseando guillotinas de cartón en las manifestaciones y ayer un portavoz de la Candidatura de Unidad Popular de Cataluña recitaba en un acto público unos versos que decían “Si el rey quiere corona, corona le daremos, que venga a Barcelona y el cuello le cortaremos”. Otros, en fin, ningunean al monarca por la vía de no reconocer su condición efectiva de Jefe del Estado y otras cosas por el estilo.

Es verdad que la familia real española no se ha comportado precisamente como una institución ejemplar casi desde ningún punto de vista pero me parece que los republicanos, quienes aspiramos a que en España haya un sistema democrático de elección del jefe del Estado y deseamos, por tanto, acabar con la Monarquía, deberíamos ser más respetuosos que nadie con la institución a la que combatimos. E igual podría decirse de esas otras personas o instituciones que actúan de modo irregular o sencillamente corrupto. Denunciar su comportamiento, su carácter no democrático y su servidumbre ante los grandes poderes financieros no creo que debiera hacerse desde el desprecio o el insulto. La grandeza de una acción viene precisamente de la fortaleza de aquello contra lo que se actúa y, además, no hay nada a mi juicio más patético que minusvalorar a un enemigo al que no hay forma de vencer.

Pasear guillotinas de cartón, declamar versos contra el Rey, despreciarlo de palabra o tomarse a chacota a un Parlamento o a los gobiernos con los que se quiere acabar es fácil. Hacer que se sepa lo que hay detrás de todo ellos, convencer a la gente común, movilizarla y forjar respuestas democráticas que cambien el mundo para que haya más justicia y bienestar es más difícil pero quizá a todos nos fuese mejor si fuésemos al fondo de las cosas y no perdiéramos el tiempo con chorradas.

62 personas poseen la misma riqueza que la mitad de la población mundial

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Transcribo a continuación el documento que Oxfam acaba de publicar sobre la desigualdad en el mundo. Es sencillamente impresionante. Creo que se debe leer, reflexionar sobre lo que se dice ahí y difundirlo al máximo. El texto es el siguiente, el documento completo se pude obtener para difusión pinchando aquí y al final hay otros enlaces para obtener resúmenes y gráficos..

18 de enero de 2016

Oxfam denuncia que ya sólo 62 personas poseen la misma riqueza que la mitad de la población mundial

  • En España, el 1% más rico de la población concentra más riqueza que 35 millones de personas. La inversión española hacia paraísos fiscales creció un 2000% en 2015.
  • Oxfam insta a los líderes mundiales reunidos en el Foro Económico Mundial en Davos, al nuevo Parlamento y al futuro Gobierno español a que pongan fin a la era de los paraísos fiscales

El aumento descontrolado de la desigualdad ha creado un mundo en el que tan sólo 62 personas poseen tanta riqueza como 3.600 millones de personas, la mitad de la población mundial, según advierte Oxfam (Oxfam Intermón en España) en su informe Una economía al servicio del 1%, publicado hoy a nivel internacional. Según Oxfam, hace cinco años esta cifra ascendía a 388 personas.

A dos días de la reunión anual de líderes políticos y económicos en Davos (Suiza), el informe pone de manifiesto que, desde 2010, los ingresos de la mitad de la población se han reducido en un billón de dólares, lo que supone una caída del 41%. Mientras, la riqueza de las 62 personas más ricas del planeta ha aumentado en más de 500.000 millones de dólares.

La predicción que Oxfam realizó antes de la reunión de Davos del año pasado, de que en poco tiempo el 1% poseería más riqueza que el resto de la población mundial, se ha cumplido en 2015, un año antes de lo esperado.

“Se ha hablado mucho de desigualdad, pero se ha hecho muy poco todavía. No podemos seguir permitiendo que cientos de millones de personas padezcan hambre cada día mientras que las élites económicas absorben los recursos que deberían ayudar a estas personas a tener una vida segura y digna”, explica José María Vera, director general de Oxfam Intermón.

Oxfam hace un llamamiento para que se tomen medidas urgentes contra la crisis de la desigualdad extrema, que pone en peligro todo el progreso realizado a lo largo de los últimos 25 años en la lucha contra la pobreza.

El informe también muestra cómo la desigualdad afecta de manera desproporcionada a las mujeres; de las 62 personas más ricas del mundo, 53 son hombres y tan solo 9 son mujeres. La mayor desigualdad de ingresos condiciona el acceso de las mujeres a servicios sanitarios, educación, participación en el mercado laboral y representación en las instituciones. También se ha demostrado que la brecha salarial entre hombres y mujeres es mayor en sociedades más desiguales, y que la mayoría de los trabajadores peor remunerados del mundo son mujeres, desempeñando los empleos más precarios.

La fuga hacia los paraísos fiscales, en alza

La fuga de recursos hacia paraísos fiscales juega un papel clave en el crecimiento de la desigualdad. Se estima que, en todo el mundo, la riqueza individual oculta en paraísos fiscales alcanza los 7,6 billones de dólares, lo que supone una pérdida de 190.000 millones de dólares más cada año en ingresos fiscales para los Gobiernos que destinar  a la educación y salud de los más pobres.

Por otra parte, la inversión empresarial en paraísos fiscales se ha multiplicado casi por cuatro entre 2000 y 2014, y supone unas pérdidas de al menos 100.000 millones de dólares al año para los países en desarrollo. La utilización de los paraísos fiscales por parte de grandes empresas para reducir su contribución fiscal se ha convertido en un problema sistémico. No son sólo unas pocas “manzanas podridas” sino una práctica generalizada en diferentes sectores económicos –extractivas, sector textil, financiero, tecnológico. Nueve de cada diez de las empresas más grandes del mundo, entre ellas las que apoyan esta edición del Foro Económico Mundial, están presentes en al menos un paraíso fiscal.

“Las empresas multinacionales y las élites económicas juegan con unas normas distintas al resto, aprovechando todos los resquicios posibles para evitar pagar lo que es justo. El hecho de que 188 de las 201 mayores empresas estén presentes en al menos un paraíso fiscal es un indicador claro de que es hora de actuar. Es una responsabilidad de los Gobiernos evitar esta elusión fiscal masiva, y es responsabilidad de las empresas no utilizar los resquicios legales para aumentar sus beneficios sin pagar impuestos”, continúa Vera.

De hecho, el 30% del patrimonio financiero de África se encuentra en paraísos fiscales, lo que hace perder al continente al menos 14.000 millones de dólares al año en impuestos no recaudados. Esta cantidad sería suficiente para garantizar la atención sanitaria a madres y niños, lo cual podría salvar la vida de cuatro millones de niños al año, y permitiría contratar a profesores suficientes para escolarizar a todos los niños y niñas africanos.

En Latinoamérica, la región más desigual del mundo, la evasión y elusión fiscal es también una de las causas que favorecen la extrema concentración de riqueza. Se ha estimado que solo en el 2014, la evasión en el impuesto sobre la renta y los beneficios empresariales costó a Latinoamérica el equivalnte al 4% del PIB bruto de toda la región, más de 175 mil millones de euros.

Por eso Oxfam hace un nuevo llamamiento para acabar con la era de los paraísos fiscales como un paso fundamental para abordar la reducción de la desigualdad. Las medidas que se han tomado hasta ahora han sido insuficientes, es hora de poner en marcha un gran compromiso entre todos los Gobiernos  Recuperar estos recursos que se escapan a través del abuso de los paraísos fiscales es vital para poder invertir en la atención sanitaria, educación y otros servicios públicos esenciales que determinan la suerte de las personas más pobres del mundo.

La brecha entre ricos y pobres continúa aumentando en España

En España, el 1%  de la población concentra más riqueza que el 80% más pobre. En 2015, mientras el patrimonio de las 20 personas más ricas del país se incrementó un 15%, la riqueza del 99% restante de la población cayó un 15%. Los presidentes de las empresas del IBEX35 cobran ya 158 veces más que el salario de un trabajador medio. El incremento de la desigualdad en nuestro país se debe principalmente a la combinación de una enorme brecha salarial con una un sistema fiscal regresivo que grava poco a los que más tienen.

La fuga de recursos hacia paraísos fiscales no ha cesado en los peores momentos de la crisis. La inversión desde España hacia paraísos fiscales creció un 2000% el año pasado. Oxfam denuncia que con lo que se pierde con esta fuga se podrían financiar políticas públicas como garantizar la atención a más personas en situación de dependencia, teniendo en cuenta que 400.000 están en lista de espera.

La desigualdad no es inevitable, pero quienes tienen la capacidad de cambiar las cosas deben marcarse objetivos claros. El futuro Gobierno y el nuevo Congreso tienen la oportunidad de hacer historia, priorizando la lucha contra la desigualdad y la pobreza. Oxfam Intermón hace un llamamiento para en los primeros cien días de gobierno se ponga en marcha una Ley contra la Evasión Fiscal que contribuya también a nivel global a que esta era de los paraísos fiscales llegue a su fin.

Materiales:

-Descarga el informe Una economía al servicio del 1%. Acabar con los privilegios y la concentración de poder para frenar la desigualdad extrema

-Descarga el resumen aquí

-Descarga el anexo España aquí

-Descarga los principales datos del informe

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Notas a los editores

  • El informe ‘Una economía al servicio del 1%’ se enmarca en una campaña internacional para poner fin a la era de los paraísos fiscales.
  • Winnie Byanima, directora ejecutiva de Oxfam Internacional, estará presente de nuevo en la reunión de Davos, tras haberla copresidido el año pasado.
  • Número de personas que poseen la misma riqueza que la mitad más pobre de la población mundial desde 2010:

Año 2015: 62 personas

Año 2014: 80 personas

Año 2013: 92 personas

Año 2012: 159 personas

Año 2011: 177 personas

Año 2010: 388 personas

  • Los datos sobre la riqueza del 1%, el 50%, y el 99% provienen del Credit Suisse Global Wealth Datebook (2013 y 2014) https://www.credit-suisse.com/uk/en/news-and-expertise/research/credit-suisse-research-institute/publications.html
  • Se ha calculado la fortuna de las 62 personas más ricas del mundo a partir de la lista de milmillonarios de Forbes: http://www.forbes.com/. Los datos anuales provienen de la lista publicada en marzo.
  • Los cálculos incluyen riqueza negativa (es decir, deuda). Para comprobar la veracidad de los datos, Oxfam ha recalculado la participación del 1% más rico en la riqueza mundial una vez deducida la riqueza negativa. No hubo un cambio significativo (pasó del 50,1% al 49,8%). La participación de la riqueza negativa en la riqueza total ha permanecido constante a lo largo del tiempo, por lo que las tendencias de distribución de la riqueza no se han visto afectadas.

¡Aparten los malditos libros de la Facultad de Económicas de Sevilla!

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Los profesores universitarios podemos solicitar voluntariamente cada seis años que una agencia estatal evalúe nuestra actividad investigadora para conseguir unos complementos retributivos conocidos como “sexenios”. Inicialmente, esa evaluación se estableció para valorar la productividad de los investigadores pero poco a poco se ha ido dirigiendo a reconocer su supuesta excelencia en función de dónde y cómo publiquen sus trabajos de investigación. Se supone que solo los que se publiquen en determinadas revistas son los que deben gozar de reconocimiento y los que permiten que los investigadores reciban esos sexenios que luego se exigen, por ejemplo, para formar parte de tribunales o incluso para ocupar algunos tipos de cargos académicos.

Uno de los criterios establecidos en el área de economía a la hora de evaluar la actividad investigadora es que la publicación de libros o la divulgación de los resultados de la investigación no tienen apenas valor alguno. Los investigadores que nos dedicamos a escribirlos perdemos el tiempo, al menos desde el punto de vista de la posible obtención de estos sexenios que para muchos representan algo así como la prueba del algodón que distingue a los buenos investigadores de los malos, o incluso a los académicos que investigan de los que no.

Pero en estas líneas no voy a referirme a los problemas y perversiones que está provocando este tipo de evaluación (me referí a ellos en mi artículo Austeridad y control del conocimiento que puede leerse aquí). Tan solo quiero dejar un rápido testimonio del desprecio que cada vez más responsables de instituciones académicas muestran sentir  hacia el libro, posiblemente el instrumento más eficaz que ha creado la humanidad para adquirir y transmitir el conocimiento. Sigue leyendo

Un Plan B para Europa

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Hace unos días firmé el siguiente Llamamiento para construir un espacio de convergencia europeo contra la austeridad y para la construcción de una verdadera democracia. Aconsejo leerlo y difundirlo.

En julio de 2015 asistimos a un Golpe de Estado financiero ejecutado desde la Unión Europea y sus Instituciones contra el Gobierno griego condenando a la población griega a seguir sufriendo las políticas de austeridad que ya habían rechazado en dos ocasiones a través de las urnas. Este golpe ha intensificado el debate sobre el poder de las instituciones de la Unión Europea, su incompatibilidad con la democracia y su papel como garante de los derechos básicos exigidos por los europeos.

Sabemos que existen alternativas a la austeridad. Iniciativas como “Por un Plan B en Europa”, “Austerexit” o DiEM25 (Democracy in Europe Movement 2025) denuncian el chantaje del tercer memorando de entendimiento impuesto a Grecia, el fracaso económico que supondrá y el carácter antidemocrático de la UE. Reconocido por el mismo presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, quien declaró: “No puede haber decisiones democráticas contra los tratados europeos”.

También somos testigos de la respuesta insolidaria (en ocasiones hasta xenófoba), de las Instituciones Europeas y de los Estados Miembros ante la llegada de refugiados procedentes de Oriente Medio y África, y ante el drama humano que ello conlleva. Remarcando la hipocresía del discurso de la UE respecto a los DDHH, que de forma indirecta, a través de la venta de armas o con políticas comerciales, es un actor clave en los conflictos que han provocado las recientes crisis humanitarias.

El régimen de crisis de la UE, iniciado hace ocho años y basado en la austeridad, privatiza los bienes comunes y destruye los derechos sociales y laborales en lugar de hacer frente a las causas iniciales de la crisis; la desregulación del sistema financiero y la captura corporativa de las instituciones de la UE a través de los grandes lobbies y las puertas giratorias. La UE promueve soluciones falsas negociando, con gran opacidad y sin apenas control democrático, tratados de comercio e inversión como el TTIP, el CETA o el TiSA, que eliminan lo que consideran barreras al comercio: los derechos y normas que protegen a la ciudadanía, a los trabajadores o al medio ambiente. Es el golpe definitivo a nuestras democracias y al Estado de Derecho, especialmente a través de los mecanismos de protección al inversor.

La actual UE está gobernada de facto por una tecnocracia al servicio de los intereses de una pequeña, pero poderosa, minoría de poderes económicos y financieros. Todo ello ha provocado el resurgimiento del discurso de la extrema derecha y de posiciones xenófobas y nacionalistas en muchos países de Europa. Los demócratas tenemos la responsabilidad de reaccionar ante esta amenaza e impedir que los fascismos capitalicen el dolor y el descontento de la ciudadanía, la cual a pesar de todo ha demostrado solidaridad ante la tragedia humanitaria que sufren cientos de miles de personas refugiadas.

La sociedad ya se ha puesto a trabajar por un cambio radical en las políticas de la UE. Movilizaciones sociales, como Blockupy, la campaña NO al TTIP, el Alter Summit, la huelga general europea en 2012, las Euromarchas, o el ingente trabajo realizado por numerosas plataformas ciudadanas y ONG’s, suponen un valioso capital humano, intelectual e ideológico por la defensa de los Derechos Humanos, el respeto a la Tierra y a la dignidad de las personas por encima de intereses políticos y económicos. Creemos, sin embargo, que es necesaria una mayor coordinación y cooperación práctica para la movilización a nivel europeo.

Hay muchas propuestas en marcha para acabar con la austeridad: una política fiscal justa y el cierre de paraísos fiscales, sistemas de intercambio complementarios, la remunicipalización de los servicios públicos, el reparto igualitario de todos los trabajos incluidos los cuidados en condiciones de dignidad, la apuesta por un modelo de producción basado en las energías renovables, y reformar o abolir el pacto fiscal europeo – formalmente Tratado de Estabilidad, Coordinación y Gobernanza en la Unión Económica y Monetaria.

El ejemplo de Grecia nos ha mostrado que para hacer frente a la actual coyuntura debemos aunar esfuerzos desde todos los Estados Miembros y desde todas las esferas: política, intelectual y de la sociedad civil. Nuestra visión es solidaria e internacionalista.

Por estos motivos, queremos generar un espacio de confluencia en el que todas las personas, movimientos y organizaciones que nos oponemos a al modelo actual de Unión Europea y consensuar una agenda común de objetivos, proyectos y acciones, con el fin último de romper con el régimen de austeridad de la UE y democratizar radicalmente las Instituciones Europeas, poniéndolas al servicio de la ciudadanía.

Para ello proponemos convocar una conferencia europea los días 19, 20 y 21 de febrero en Madrid, y llamamos públicamente a participar en los debates, grupos de trabajo y exposiciones que allí se organizarán.

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