A los bancos centrales se les ve el plumero: siempre favorecen a los mismos

A los bancos centrales se les ve el plumero: siempre favorecen a los mismos

El Banco de España vuelve a la carga diciendo que la revisión salarial para ajustarse a la subida de precios puede producir inflación. ¡Qué casualidad que se preocupe de esto y no de otros hechos que sí que son la expresión misma de la subida de precios y de sus causas reales! Le ocurre a todos los bancos centrales: se les ve demasiado el plumero.

 

Como casi todo el mundo sabe, desde hace unos años los bancos centrales tienen autonomía del poder político y se encargan principalmente de adoptar medidas para garantizar la estabilidad de los precios. Loable intención porque, como casi todo el mundo sabe, si los precios de los bienes y servicios se disparasen se produciría un obvio desorden económico. En aras de conseguir ese loable propósito, los bancos centrales deben advertir periódicamente de las circunstancias que en cada momento puedan estar amenazando la estabilidad de los precios.

 

Hasta aquí todo bien. Es lo lógico.

 

Pero si analizamos las preocupaciones reales de los bancos centrales, es decir, la naturaleza de las circunstancias que les hacen temer por las subidas de precios, nos encontramos con algunas sorpresas y hechos bien significativos.

 

Por ejemplo, hace poco la prensa se hizo eco del siguiente aviso del Banco de España:

 

El Banco de España advierte de que las cláusulas de revisión salarial pueden agudizar la inflación.

 

¿Loable preocupación?

 

Pues ya no lo es tanto si se tiene en cuenta lo que la nada sospechosa Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) había señalado meses antes y que los propios medios de comunicación se han encargado de difundir:

 

– El salario real medio ha bajado un 4% en 10 años pese al fuerte crecimiento económico. España es el único país de la OCDE en el que se ha producido un retroceso del poder adquisitivo.

 

Y mucho menos loable parece la advertencia del Banco de España si se tiene en cuenta que sus locuaces portavoces y bien pagados funcionarios no han dicho absolutamente nada sobre el efecto o relación que puedan tener sobre la inflación hechos como los siguientes:

 

– Cerca de una veintena de compañías cotizadas repartirán entre sus accionistas dividendos por un importe superior a 3.000 millones (medio billón de las antiguas pesetas) a lo largo del mes de enero, según datos recabados de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV).

 

Los precios supervisados y los directamente regulados subieron ayer, como cada año, y casi todos lo hacen por encima de la inflación estimada para 2008, que el Gobierno sitúa cada ejercicio en el nivel del 2% que establece el Banco Central Europeo. Bien lejos de la realidad vivida, porque los precios de consumo habrán aumentado en el año que termina, con toda probabilidad, en torno al 4,1%.

– La banca incrementó sus beneficios en un 20% hasta septiembre pese a la crisis.

– Los ingresos por comisiones bancarias crecen un 12%. Las cinco primeras entidades recaudaron 7.971 millones por gastos de gestión. El Santander encabezó las subidas con un 18,9% en el primer semestre.-

 

– Bajan las tarifas telefónicas en el mundo, España es una excepción.

 

– Las tarifas de telefonía móvil en España son un 300% superior a las Europeas.

La explicación de todo esto es clara: los bancos centrales dicen que se dedican solamente a lograr la estabilidad de los precios, es decir, a luchar contra la inflación.  Pero eso es falso porque ésta última, la inflación y las medidas para combatirla, no sólo tienen causas (es decir, factores que la provocan o respuestas que tengan que ver solo con los precios) sino también propósitos: lograr que la distribución de las rentas beneficien a los ricos, a los propietarios del capital.

Como lo más importante que buscan en realidad es esto último es por lo que han querido independizarse del poder representativo de los gobiernos o los parlamentos: para evitar sus controles.

 

Y por ello mienten cuando dicen que solo son técnicos que toman medidas no políticas o técnicas.

 

Cada vez que suben los tipos de interés, por ejemplo, quitan dinero del bolsillo de las familias endeudadas y lo llevan al bolsillo de los banqueros. Cada vez que frenan la subida de los salarios, hacen subir las rentas del capital. Cada vez que provocan artificialmente la ralentización de la actividad económica frenan la creación del empleo, provocando así temor en los trabajadores y miedo a quedarse sin trabajo, lo que los lleva a aceptar cualquier condición laboral. Cada vez que recomiendan que bajen los impuestos favorecen a los adinerados y perjudican a los más desfavorecidos

 

¿Acaso hay medidas más políticas que esas?

 

Los banqueros centrales son, en realidad, los nuevos Soberanos, los Nuevos Gobernantes, el Nuevo Poder Político que parte y reparte la riqueza y quienes, además, pueden hacerlo de espaldas a los pueblos, sin el control democrático al que están sometidos los gobiernos.

 

Los nuevos banqueros centrales son, por todo ello, le negación material de la democracia porque ésta es radicalmente incompatible con la existencia de poderes independientes de la voluntad popular. Los jueces, por ejemplo, tienen independencia pero para aplicar las leyes: ¡nunca podrían ellos mismos crear las leyes que significaran un reparto u otro de la riqueza entre los ciudadanos!, al menos, en una sociedad democrática.

 

Los banqueros centrales independientes sí lo hacen y por eso constituyen un poder democráticamente defectuoso, perverso y que conviene eliminar cuanto antes para someterlo a los controles propios de las democracias.

 

Si es que lo que se quiere es que haya democracia, claro. 

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