Adiós, agricultura, adiós

Adiós, agricultura, adiós

Publicado en La Opinión de Málaga. 25-04-2004 

Aunque en nuestra provincia tenga un efecto algo menor que en otras andaluzas, la noticia económica más importante de la semana ha sido el anuncio de la nueva reforma de la Organización Común del Mercado (OCM) del aceite, del algodón y del tabaco. Una reforma, por cierto, cuyos resultados negativos achaca el Partido Popular con osadía a una nueva Ministra que lleva en el cargo 48 horas.

 

Lo importante es que de aprobarse definitivamente, supondrá disminuir drásticamente las ayudas que reciben nuestros agricultores, hasta el punto de que es realmente difícil que algunos cultivos puedan sobrevivir en un futuro cercano.

 

Me parece que en este asunto hay que tener en cuenta tres importantes cuestiones. En primer lugar, que es imprescindible aumentar nuestro peso en la Unión Europea y, sobre todo, la fortaleza de nuestras alianzas. No es una cuestión fácil pero el nuevo gobierno deberá recomponerlas en un futuro inmediato y procurar que a la hora del reparto nuestros amigos y aliados lo sean de verdad.

 

En segundo lugar, no hay que olvidar que la Política Agraria Común está concebida fundamentalmente para proporcionar ingresos a los sectores agrarios de centro Europa y a las grandes empresas y transformadoras de esos países. Y hoy día ya es un monstruo que devora a todo lo que a su alrededor amenace con restarle recursos. Se trata de un problema no sólo europeo sino mundial. La política agraria europea es una de las causas directas del empobrecimiento y de la ruina de millones de agricultores en todo el mundo, incluidas algunas áreas periféricas de la propia Europa. Sirva como prueba, por ejemplo, que produciéndose el azúcar europeos con los costes más altos del mundo, Europa se ha convertido, a base de ayudas y subvenciones, en el primer exportador mundial. Antes o después, habrá que abordar la extraordinaria insolidaridad sobre la que está montada la PAC, su carácter tan manifiestamente antisocial y el daño gravísimo que provoca a la creación de riqueza y al bienestar en el mundo. Es esto lo que de verdad hay que cambiar.

 

Finalmente, y precisamente por todo ello, habríamos de ser conscientes de que si Andalucía quiere progresar debe aprender a generar riqueza y actividad productiva sin que éstas dependan tan directamente de las ayudas externas. Es un reto igualmente difícil pero urgente y necesario.

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