Alejandro

Alejandro

alejandroEsta madrugada nos ha dejado Alejandro Rodríguez Carrión. Era catedrático de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales, el decano de la Facultad de Derecho de la Universidad de Málaga cuando llegué allí hace casi 25 años y también cuando me trasladé a la de Sevilla hace unos meses.
¿Cómo voy a poder olvidar a alguien con quien he compartido tantas cosas todo este tiempo?
Con él aprendí, con él sufrí, con él me reí, con él me harté de hablar de todo y de tomar copas, con él discutí, con él conspiré, con él mantuve alianzas estrechas y con él me enfrenté en Juntas de Facultad pero sin que después de cada una de esas peleas quedara el menor atisbo de rencor ni de diferencia. Todo lo contrario.  Estaba tan disconforme con lo que hacía que, ya harto de discutir con él en las juntas, incluso dejé de dar clase en Derecho y así se lo dije, pero en ningún momento de esas disensiones dejamos de reirnos en el bar y de sentirnos unidos, de sentirnos amigos y cómplices, aunque él pensara blanco y yo negro, aunque cada uno tuviera a menudo ideas o propuestas completamente distintas, aunque yo me presentara a rector y él apoyara a la otra candidatura. ¡Qué tendrá que ver eso! le decía a la gente que me venía protestando de que Alejandro, quien yo decía que era mi amigo, no iba a votarme. ¿Qué me importaba a mí que no me votara si lo que yo quería de Alejandro era poder irme con él a tomar una caña y reirme de todo, mirarnos, solo mirarnos, y saber que a pesar de todo no había distancias entre su alma y la mía?
Alejandro, hermano, ¿con quién voy ahora a discutir tan alegremente como lo hacía contigo? ¿dónde encuentro alguien tan peleón como tú y al mismo tiempo tan dulce y generoso? ¿de quién aprendo a base de puyas como las tuyas? ¿dónde encontraré alguien con tu coherencia, con tu compromiso, con tu sabiduría? ¿dónde alguien con tu lealtad?
Mi admirado Alejandro, mi querido amigo, mi compañero, yo no podré olvidarte.

Tags:
Sin comentarios

Publicar un comentario