Clases de economistas al servicio del poder

Clases de economistas al servicio del poder

 Mi amigo y colega David Anisi escribenos ofrece cada fin de semana un reflexión inteligente y alegre. Esta vez nos describe diferentes clases de economistas que están al servicio del poder: Pingüinos,  Cabritos, Ratas y Serpientes. 

 

 Pingüinos,  Cabritos, Ratas y Serpientes 

 

 Por David Anisi  

 

 

  1. Empero la serpiente era astuta, más   que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho; la cual dijo a la   mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto?
  2. Y la mujer respondió a la serpiente:   Del fruto de los árboles del huerto comemos;
  3. Mas del fruto del árbol que está en   medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, porque no muráis.
  4. Entonces la serpiente dijo á la   mujer: No moriréis;
  5. Mas sabe Dios que el día que   comiereis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como dioses sabiendo el   bien y el mal.
  Génesis 3:1-5 (Reina-Valera Antigua) 

 

 

 El poder existe y se ejerce. Pero los  poderosos no sólo gustan de hacer lo que les place; tratan también de ser  respetados, y les encanta, además, ser admirados. 

 

 En esta nuestra época, una buena parte de  los economistas trabajan en mayor o menor grado para los poderosos, y muchos,  exclusivamente para ellos. Tal hecho ha desarrollado una fauna que creo que  merece la pena ser catalogada.  

 

 Pingüinos 

 

  Los  economistas pingüinos se denominan así porque el pingüino es también  conocido como pájaro bobo. Y estos economistas son eso, fundamentalmente  bobos. 

 

  Los hay bonachones, risueños, tímidos,  agresivos, pendencieros, oscuros comentaristas económicos y Premios Nóbel, pero  siguen siendo fundamentalmente bobos. Se les localiza enseguida, porque todos  ellos piensan y defienden que el mercado es la panacea universal.  

 

 El economista pingüino no nace,  sino que se hace. Las universidades los producen masivamente. Basta con  aprender, y difundir, que el mercado es la solución maravillosa para que un  aprendiz de pinguino note que con eso, en los tiempos que corren, puede  ganarse la vida. 

 

 Algunos pingüinos llegan a esa  categoría sin necesidad de ningún tipo de esfuerzo: son los especialistas en  sonrisas tontas y en justificaciones de cualquier cosa que ocurra en este  planeta. No han pensado en su vida, pero memorizan rápidamente. 

 

 Otros proceden de un dilatado estudio y  un constante y trabajoso distanciamiento de la vida. Han pensado en todo pero  parece que no han visto nada.  

 

 Si no fuera porque son abundantes, y a  veces peligrosos, serían maravillosos en su estupidez, y los más cándidos entre  ellos siempre provocan algo de ternura.  

 

 El economista pingüino nunca sabe  realmente de qué está hablando pero intenta hacerlo con convicción. Pertenece a  una raza fiel que no necesita un excesivo cuidado. Consecuentemente, cumplen con  decisión, y con mínimos costes, su función como transmisores de una ideología,  bien como comunicadores, profesores de Universidad, periodistas económicos,  tertulianos radiofónicos y otros tipos de cantamañanas.  

 

 Cabritos 

 

 Los economistas cabritos reciben  su nombre de la acepción popular de aquel que se dedica a fastidiar. 

 

 Sus palabras preferidas suelen ser:  productividad, racionalidad y eficiencia. Aman la jerarquía y el orden, y para  ellos todo lo bueno se resumiría en un trabajar más y mejor. 

 

  Locos por las cifras cronometrarán los  tiempos de trabajo y de ocio, y tratarán de optimizar continuamente algo.  Carentes de imaginación centrarán en el trabajo y en su entorno toda su vida:  allí encontrarán la realización personal, su promoción, sus relaciones, sus  afectos, su todo. Cuestionándose sólo en raras veces el sentido de la vida, y  más bien abrazándose como locos al trabajo para que de sentido a su vaciedad,  utilizarán todo su poder y conocimiento para invitar a los demás a su  apasionante  aventura. 

 

 En consecuencia suelen resultar  magníficos como responsables, jefecillos o directores. Tratarán de que la gente  trabaje mucho y bien, pero en un ambiente distendido y alegre, siendo eso en el  fondo lo que distingue precisamente a un economista cabrito de un simple  y rudo capataz. 

 

 Ratas 

 

 Los economistas ratas son, como su  nombre indica, expertos en cloacas. Conocen suficientemente la realidad de las  cosas para poderla transformar en el sentido deseado. Pocas cosas del retículo  del poder les son ajenas y saben qué botones hay que pulsar y de qué forma para  que los asuntos se resuelvan de la manera que más les convenga a ellos o a  quienes les compre. 

 

 No suelen tener un excesivo poder directo  pero localizan con precisión los sitios donde este reside. Escépticos por sus  conocimientos, y cínicos por su ejercicio profesional, suelen reírse en la  intimidad de sus colegas pingüinos, que teorizan y ensalzan el mercado,  la competencia y el mundo «libre y democrático», pero también desprecian a sus  compañeros cabritos, viéndoles como unos simples peones del gran juego en  el que ellos, las ratas, actúan, al menos, como consejeros de Visir.  

 

  Serpientes 

 

 El economista serpiente es astuto,  más que todos los animales ilustrados que el poder ha producido para su  diversión y uso. Ha visto el plumero al Creador y ya no le respeta, aunque siga  temiéndole. 

 

 Comprende que por mucho que se llamara  Huerto del Edén, la gentecilla estaba puesta allí «para que lo labrara y lo  guardase (Gen. 2;15) y también es consciente del tinglado de la nueva farsa  donde pingüinos, cabritos, ratas y serpientes  vuelven a oficiar cotidianamente en la obra. 

 

 Cumpliendo su papel susurra en los oídos  de quien quiere escucharlo: no moriréis por saber; al menos sabréis por qué  morís. Sabréis por qué sufrís. No os dejéis engañar: aceptadlo si no podéis  hacer otra cosa, pero nunca os lo creáis. 

 

 El poder es el poder, no hay más, sólo  poder bruto. 

 

 Nada tiene que ver con la racionalidad,  la inteligencia, la belleza, o la espiritualidad. 

 

 Todas esas cosas hermosas son sólo  vuestras. Sólo vuestras. 

 

 Que tengáis un buen finde. 

 

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