De nuevo sobre el superávit presupuestario: respuesta al comentario de Ignacio José M.

De nuevo sobre el superávit presupuestario: respuesta al comentario de Ignacio José M.

 Me escribe Ignacio José M. para hacerme algunas inteligentes puntualizaciones relativas a mi comentario último sobre el superávit presupuestario. Trato ahora de contestarle para explicar mejor lo que pienso.
 

 

 Diré en primer lugar que Ignacio J. es un licenciado en Economía por la Universidad Granada que me recuerda por haber asistido a un seminario que yo impartí allí hace unos años y que dice me lee diariamente.  

 

 No sabe cómo le agradezco lo que me comenta porque esa es la satisfacción de mi trabajo como profesor que no puede pagarse con nada de nada. 

 

 Aunque sea a costa de parcelar su texto, voy a comentarlo destacando separadamente sus argumentos y como soy consciente de que así se pierde contexto y visión de conjunto, haré un comentario general al final. 

 

 – “Creo que en época de «bonanza» como la actual, abogar por un gasto incrementado de bienes sociales puede ser una trampa para el propio Estado”.  

 

 ¿Cuándo entonces? ¿Acaso será más fácil, más viable o económico financiar la dotación para gastos sociales en épocas de recesión o crisis? ¿No es más lógico pensar que, si se acepta que esa dotación de recursos sociales es imprescindible, será en momentos de expansión cuando se pueda ir más lejos en presión fiscal, en inversión a largo plazo…?, ¿cuándo suele endeudarse una familia para realizar inversión, en vivienda por ejemplo: en épocas en que le va bien o en las que le va mal? 

 

 – “Quiero decir: dado que el Estado incurre en endeudamiento en las épocas de menor crecimiento, creo que debe aprovecharse los ciclos altos para amortizar deuda, y no utilizar los mayores recursos que se obtienen en gastos que sería mejor posponer para épocas de depresión”. 

 

 Lleva razón Ignacio en cuanto a que en épocas de expansión se debe aprovechar para amortizar deuda. Pero ¿por qué sólo para eso? ¿por qué vincula los superávit en esta fases a “gastos que sería mejor posponer para otra ocasión”? Si hay pobreza, si faltan servicios de salud, educativos, si –como en España ahora- hay una estructura de investigación e innovación atrasada, infraestructuras sociales insuficientes, etc. ¿qué indica que su financiación “sería mejor” posponerla para épocas de depresión?, ¿seguro que tenemos seguridad de que entonces será cuando vayamos a dotarnos de eso?
 

 

 – “Es decir, si aprovechamos para amortizar deuda ahora, estaremos en mejor posición para re-endeudarnos en épocas de «vacas flacas» y poder realizar políticas contracíclicas con holgura, amortiguando el impacto de estos ciclos, que siempre se ceban más en las capas más precarias de la sociedad”. 

 

 Lleva razón Ignacio si reduce el problema económico a un solo binomio: endeudamiento/amortización de la deuda y ciclo/política contracíclica. La cuestión alternativa es la siguiente: a) El único problema al que hay que hacer frente no es solo activar la economía en momentos diversos del ciclo (aunque haya que hacerlo, evidentemente). También hay que plantearse un “cómo” hacerlo, un modelo de crecimiento y actividad, una pauta de distribución, etc.  b) Quizá la mejor política contracíclica sea actuar de una manera adecuada en la fase anterior. Si se incentiva un modelo de baja productividad, precariedad laboral, empresas dependientes solo del precio para competir, carente de los “bienes sociales” mencionados arriba, quizá la fase recesiva sea mucho peor. Entonces, aunque hayamos amortizado deuda, la etapa de vacas gordas no habrá servido para nada. Si ahora no ponemos los cimientos para otro modo de crecer, lo que estamos haciendo, por mucha deuda que amorticemos, es provocar que las vacas adelgacen más pronto y en mayor medida. 

 

 – “Este tipo de ciclo «virtuoso» de endeudamiento y posterior recuperación, creo tener entendido, es el que permite a los países escandinavos mantener fuertes estados sociales sin caer en la inviabilidad: básicamente se trataría de buscar el equilibrio presupuestario en un plazo medio, en el que haya alza y caída del ciclo,  y no con el miope horizonte anual”. 

 

 No sólo eso, sino un modelo como el que acabo de señalar. Esos países son los más competitivos del mundo porque han instaurado un modelo de crecimiento diferente que, efectivamente, les permite tener finanzas públicas más saneadas. Lo que les ha llevado a esa situación no es solamente que hayan sabido ”balancear”  adecuadamente su ciclo. Sobre todo, hay que destacar que esos países pueden tener superávit gracias a su política de ingresos públicos. 

 

 – “Leyendo su ataque al superávit pareciera que defiende una política de gasto continuo, que endeudaría al Estado en épocas de mayores gasto, y no lo «recupera» en las de mayores ingresos, y me gustaría si pudiera aclarar su postura al respecto”. 

 

 Lógicamente, soy consciente de que eso sería insostenible (aunque no del todo, sino sólo si se tratase de niveles muy elevados). Pero es que se trata de otro asunto. Yo creo, por supuesto, que los superávit serían deseables pero no con independencia de: a) las necesidades sociales (y eso es lo que han impuesto las políticas neoliberales de la UE tratando por igual a Holanda o a España, por ejemplo) y b) del estado de los ingresos públicos: si se considera tan importante la estabilidad ¿por qué se dice que hay que bajar los gastos sociales y no se recomienda que se suba la presión fiscal cuando se trata de países –como España- tan lejos de la media de su entorno? Yo no propongo “una política de gasto continuo, que endeudaría al Estado en épocas de mayores gasto, y no lo «recupera» en las de mayores ingresos”. Más bien propondría una política de atención a las necesidades sociales, o incluso de dotación de los recursos sociales que requiere la actividad económica (en España, no se olvide, la iniciativa privada es débil y rentista por la insuficiencia de los recursos sociales a su servicio) que vaya acompañada de una política fiscal que combine la eficiencia con la equidad. Es obvio que esto último está desapareciendo en España en los últimos años. Con el grado de desarrollo español, ¿no podría pensarse que si nos pusiéramos en el nivel  medio de presión fiscal podríamos financiar un Estado social super avanzado y un espacio empresarial super moderno sin registrar déficit? 

 

 El último comentario que tendría que hacer ya está esbozado antes.  

 

 El razonamiento de Ignacio está bien en relación solamente con el objetivo de estabilización de la política macroeconómica pero es que hay, ¡debe haber!, otros: crecimiento, distribución equitativa, sostenibilidad, equilibrio exterior….. En concreto, las políticas de estabilidad impuestas han sido políticas de estabilidad deflacionistas, anticrecimiento. Se ha renunciado a hacer políticas de estabilidad expansivas solamente para evitar que los más ricos tuvieran que contribuir más y porque la rentabilidad de los fondos financieros en otros usos (financieros, inmobiliarios, etc.) es mucho más alta. 

 

 Bueno, no sé si respondo a Ignacio. Como antiguo alumno que es se merecía y tenía derecho a respuesta. Espero haberle aclarado algo la cuestión, aunque entiendo que es compleja, que requiere más debate y que, en última instancia, está muy influida por nuestras valoraciones, preferencias y prejuicios personales. 

 

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