El gobernador y la democracia

El gobernador y la democracia

 Este es el texto del artículo que publico hoy en Sistema Digital sobre las  últimas declaraciones del gobernador del Banco de España que parece que  está dispuesto a convertirse en portavoz de la oposición al gobierno.
 El gobernador y la democracia
 Las últimas declaraciones del gobernador del  Banco de España superan todo lo que uno pudiera esperar en su constante  estrategia de acoso al gobierno. Para presionar al ejecutivo y apoyar  las tesis de la patronal y de la banca privada ha recurrido incluso a  retorcer la realidad y torturar los argumentos. Dice ahora el gobernador que el paro masivo es la amenaza de la banca. Le da la vuelta a las  cosas para plantear el problema de modo que en lugar de que la presión  recaiga sobre los verdaderos culpables, su institución y los bancos,  pese sobre el Gobierno, los trabajadores y la sociedad en general.
 Si  reconociera la verdad, que el paro ha sido provocado por el estallido de un modelo especulativo en torno a la burbuja inmobiliaria que su banco  no supo o no quiso evitar y por la falta de crédito que eso y la crisis  financiera internacional han provocado, la solución habría que ponerla  en el mayor control de los bancos y de los beneficios. Y lo que entonces tendría que hacer el gobernador y su banco sería, entre otras cosas,  corregir la perniciosa regulación financiera concebida para que los  bancos ganen cada vez más dinero, ayudar a disminuir la desigualdad  enorme de los últimos años, y prohibir la conducta avariciosa e  irresponsable de los banqueros que ahora de nuevo crean un gran riesgo  como consecuencia de la gran deuda que han obligado a generar a los  gobiernos. Y de manera inmediata, ayudar eficazmente a que se  reestablezca el flujo de crédito a las empresas y a los consumidores que los bancos no abren porque están dedicando los recursos públicos  multimillonarios que se ponen a su disposición para sanear las cuentas  que ellos mismos han desequilibrado.
 Sin embargo, para evitar  enfrentarse a la Banca y apoyar por el contrario sus tesis y las de la  patronal recurre a una falacia insostenible con la que nos quiere hacer  creer que el paro ha aparecido como por arte de birlibirloque y que los  pobres bancos son los que se encuentran amenazados por ello.
 A  partir de ahí vuelve a la carga con las mismas propuestas que hacen las  patronales y que en definitiva no significan sino que se rebaje el coste del trabajo y se disminuya el poder de negociación que tienen los  trabajadores y sus sindicatos para que las grandes empresas sigan  ganando dinero más fácilmente.
 Las declaraciones, en fin, son  escandalosas por lo que tienen de argumento trucado y de falsificación  de la realidad. Pero no solo por eso. Son un eslabón más de una cadena  constante de interferencias en la labor del gobierno, a quien a cada  instante somete a prueba ante los ciudadanos poniendo en duda sus  medidas y propuestas, generando así una presión continua que lo debilita y que produce una inevitable desconfianza y pérdida de credibilidad en  el gobierno socialista que solo favorece a la derecha y a los sectores  económicos más privilegiados.
 En las democracias, el ejecutivo es el poder nacido de la representación popular que debe gobernar y parece elemental que debería hacerlo en función de su programa electoral, que  es una especie de acuerdo o contrato implícito con el pueblo que lo  votó. Por eso, un gobierno democrático no solo tiene el derecho sino  también el deber de gobernar conforme a las promesas que presentó a los  electores y en virtud de las cuales logró el apoyo suficiente para ser  investido como tal. Y si en lugar de gobernar quien ha ganado unas  elecciones y ha sido propuesto para ello por el parlamento gobiernan  otros imponiendo al gobierno sus directrices al margen de las  instituciones representativas, la democracia pierde su razón de ser,  desaparece.
 Y lo que está pasando en los últimos años es que los  poderes financieros y empresariales cada vez sustituyen más  explícitamente a los gobiernos a la hora de tomar decisiones económicas. Para lograrlo se viene sosteniendo incluso expresamente la idea de que los gobiernos deben abdicar de sus responsabilidad de gobierno y renunciar a sus planteamientos económicos cuando «los mercados»  manifiestan su opinión (algo irreal, pues no son los mercados quienes  hablan y muestran preferencia sino esos grupos poderosos de grandes  empresarios y financieros que los dominan). Y así se ha conseguido que  las cuestiones económicas no estén sometidas al designio de la voluntad  popular, haciendo creer que deben resolverse en virtud de argumentos  técnicos, de leyes inexorables del mercado (que en realidad son los  intereses de los poderosos) que ningún gobierno puede ni debe tratar de  modificar.La conversión de los Bancos Centrales en instituciones independientes de los gobiernos (y por ende de la voluntad popular  expresada en las urnas y que es la que debería decidir el devenir de las decisiones de política económica porque de ellas depende el bienestar  mayor o menor de la ciudadanía) fue un instrumento perfecto para  conseguir que los grupos financieros impongan más fácilmente su voluntad a los gobiernos.
 Nuestro gobernador sostiene los postulados de la  patronal y de la banca como si fuera un técnico al margen de cualquier  sospecha, como una autoridad independiente a quien hay que obedecer y  que, como tal, puede corregir e incluso sabotear las acción del  gobierno.
 De esa manera se llega a la situación en la que  estamos.
 Los Bancos Centrales convertidos en independientes con la  excusa de que así se podría combatir mejor la inflación no han sido  capaces de evitar la mayor subida de precios inmobiliarios de la  historia que ha provocado una crisis sin precedentes. Los bancos  centrales convertidos en independientes con la excusa de que así se  garantizaba mejor la estabilidad financiera no han sabido evitar la  mayor acumulación de crisis y situaciones de stress financiero de la  historia.
 Los Bancos Centrales convertidos en independientes con la excusa de que así el dinero circulante estaría fijado en su nivel  adecuado y no en función de la voluntad «caprichosa» de los gobiernos,  han permitido que se produzca la mayor acumulación de deuda privada de  la historia, es decir, la mayor fuente de beneficios bancarios de la  historia.
 Los Bancos Centrales convertidos en independientes con la excusa de que el sistema financiero no estuviera gobernado por  político manirrotos y sí por técnicos cualificadísimos que se dice  conocen mejor que nadie lo que hay que hacer con los mercados, han  establecido y permitido su regulación más catastrófica de la historia.
 Los Bancos Centrales convertidos en independientes con la excusa de que eso era imprescindible para defender el libre mercado y lograr la  estabilidad económica, han favorecido con sus políticas la mayor  concentración de beneficios y de poder financiero privado de la  historia.
 Y a pesar de los inmensos medios con los que cuentan  los bancos centrales gracias a su independencia y poder, no han sido  capaces de prever la crisis y, en lugar de atajar sus causas, se han  dedicado a salvar a sus causantes mediante el mayor dispendio de  recursos públicos de la historia.
 Y a pesar de ello, a pesar de
 su gran fracaso histórico como instituciones independientes capaces de  evitar la aparición de los problemas económicos más graves o de  aliviarlos con mayor eficacia que los gobiernos representativos, siguen  hablando y forzando la acción de estos últimos como si fueran los  depositarios de la verdad económica. Habría que acabar con esta farsa.  Es bueno que haya instituciones monetarias y financieras que una vez  tomadas las decisiones políticas por quienes tienen legitimidad  democráticas para ello se encarguen de garantizar que se lleven a cabo  en su ámbito. Pero no se puede consentir que una institución que se  solapa constantemente con los intereses privados corrija el rumbo de los gobiernos democráticos, o se convierta en el instrumento que permite  que lo corrijan las patronales y los grandes grupos financieros.
 El problema de que un gobernador del Banco Central se independice del  gobierno representativo y se dedique a sabotearlo pero se haga  dependiente y cómplice de las patronales no es simplemente que fuerce  los discursos y haga juegos de manos con sus argumentos sino que es una  amenaza material para la democracia.
 

 

 

 

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