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El mundo nuevo del futuro ya está a nuestro alrededor

Publicado en laozdelsur.es el 19 de diciembre de 2025

La última edición del informe sobre desigualdad mundial vuelve a mostrar que las brechas entre ricos y pobres en el planeta no sólo son gigantescas, sino que aumentan sin cesar. Los datos son una vez más escalofriantes y la desigualdad se manifiesta no sólo en términos de ingresos y riqueza personal:

– Unos 56.000 multimillonarios, entrarían en un campo de fútbol, controlan actualmente tres veces más riqueza que la mitad de la humanidad en su conjunto.

– El 10% más rico de la población mundial gana más que el 90% restante, mientras que la mitad más pobre de la población mundial capta menos del 10% del ingreso global total.

– Las mujeres ganan solo el 32 % de lo que ganan los hombres por hora de trabajo, considerando tanto las actividades remuneradas como las no remuneradas; y el 61 % si sólo se toma en cuenta el trabajo remunerado.

– La diferencia de gasto en educación llega a ser de 40 a 1 entre diferentes lugares del mundo.

– El 10% más rico es responsable del 77% de las emisiones asociadas con la propiedad de capital privado, y el 1% más rico por sí solo el 41%, casi el doble que el 90% más pobre en conjunto.

Según la revista Forbes,  en 2025 hay 3.028 empresarios, inversores y herederos milmillonarios en todo el mundo con un patrimonio total de 16,1 billones de dólares, dos más que en 2024. Por cierto, habiendo aumentado en este año mucho más que nunca la cantidad recibida por herencia por cónyuges e hijos, según el informe Billionaire Ambitions Report, publicado hace unos días por la firma de gestión financiera y patrimonial UBS.

La concentración tan inmensa de riqueza que se da en nuestro tiempo no es un hecho natural, ni fruto de la casualidad. Es el resultado de aplicar políticas que desde hace años vienen desmantelando derechos e instituciones de representación, control y contrapoder. Pero ninguna de ellas hubiera sido exitosa sin añadir un enorme poder mediático y cultural al financiero, económico y político del que dispone ese grupo de milmillonarios que dominan el mundo. No es casualidad que también en nuestros días se esté dando la mayor apropiación de medios de comunicación de la historia por parte de las personas más ricas.

Y ese poder mediático y cultural se orienta principal y prioritariamente a un objetivo: hacer creer a la gente que el mundo en el que vivimos es el no va más, el fin de la historia, el modo de vida y el sistema económico natural que no se puede cambiar.

Es lógico que quienes obtienen sus privilegios del capitalismo quieran convencernos de que no hay otra posible forma de organizar la economía y la sociedad. No se les puede criticar por ello. Es lo que necesitan y hay que reconocer que lo hacen magníficamente bien.

La desgracia es que los partidos que operan en la vida política con el supuesto fin de enfrentarse a todo eso no hacen mucho por ofrecer un horizonte alternativo, un modelo social y económico diferente al capitalismo. Operan en el corto plazo, se concentran en mover piezas y hacen ajustes en el sistema, sin duda necesarios, pero a la vista está que insuficientes para lograr que se frene la concentración de riqueza que deteriora las economías, desestabiliza y rompe a las sociedades, y destruye el medio ambiente. Ni siquiera en su denominación se percibe que luchen por una fórmula específica de sociedad distinta a la actual. Podemos o Sumar se podrían llamar Partido Popular o Vox. Ninguno de esos términos tiene sustancia identificativa. Sólo la mantiene el Partido Socialista (el comunista se esconde tras otras siglas) pero ¿cuándo hemos oído a alguno de sus dirigentes decir que luchan por traer el socialismo como alternativa del capitalismo?

La renuncia a definir y proponer un modo diferente de sistema económico y social por parte de las organizaciones políticas que se consideran transformadoras es una verdadera tragedia. Lo quieran o no, así ayudan decisivamente a que esos grandes multimillonarios puedan convencer a la gente de que ya nada se puede cambiar.

Es una tragedia, además, fruto de un tipo singular de ceguera, la que se produce por no mirar más allá de lo que se tiene a un palmo de nuestras narices, como el borracho que sólo busca las llaves perdidas junto al farol que lo alumbra. Cuando se mira algo más lejos, ni siquiera mucho, podemos comprobar que a nuestro alrededor hay multitud de experiencias que nos demuestran que los seres humanos podemos satisfacer las necesidades de forma menos costosa y mucho más eficiente, libre y pacífica cuando nos guiamos por principios distintos a los que rigen en el capitalismo.

En el mundo hay más de tres millones de cooperativas que emplean a más del 10% del empleo mundial y que -a pesar de tener que hacerlo en un medio ambiente desfavorable- funcionan igual o mejor que las empresas de propiedad privada. La sanidad pública funciona mejor, es más barata y no produce las muertes evitables de la privada. Según la OCDE, en en 2023 había 126 empresas públicas (no guiadas, por tanto, por el afán de lucro capitalista) entre las 500 empresas más grandes del mundo, 92 más que en 2000. En 2024 había 1.115 bancos públicos en todo el mundo manejando 91 billones de dólares de activos, prácticamente el mismo volumen del PIB mundial. Hace unos años, Naciones Unidas calculó que el trabajo no remunerado equivalía al empleo de 2.000 millones de personas a tiempo completo, la cuarta parte la población mundial. Y se calcula que casi 1.000 millones de personas mayores de 15 años realizan mensualmente algún tipo de trabajo voluntario en todo el mundo.

En mi último libro menciono, además, otras muchas experiencias de vida económica y social organizada bajo principios de ahorro, circularidad, solidaridad, cooperación, afecto, cuidado a las personas y a la naturaleza, defensa de lo común, democracia y codecisión… Todas ellas tienen, además, un rasgo en común: aprovechan mejor los recursos y satisfacen las necesidades proporcionando más bienestar, relaciones sociales menos conflictivas y paz.

Para transformar de verdad el mundo hay que descubrir todo ese abanico de experiencias, aprender de ellas, reproducirlas y hacer que la gente de nuestro alrededor se movilice y empodere anticipando el futuro, construyéndolas y comprobando así que vivir en un mundo distinto al de ahora le conviene más y le satisface mejor. El trabajo político en las instituciones es importante, fundamental si se quiere, pero no puede ser el único que se realice, como le está pasando desde hace décadas a los partidos de izquierdas. Es preciso construir desde abajo. Traer el futuro a la sociedad real poniendo en marcha nuevo tipos de empresas, con formas de propiedad y gestión alternativas; canales de distribución de los bienes y servicios que no obliguen a gastar improductivamente más de lo que valen; organizar el consumo racional y sosteniblemente; gestionar lo común y no destruirlo… Nada de eso es inalcanzable ni utópico. Lo tenemos a nuestro alrededor en multitud de experiencias y lugares del. mundo. Y la mejor prueba de su brío, de su utilidad, de su fuerza o de su entidad es que hayan brotado y no dejen de crecer en todo el planeta a pesar del contexto tan adverso en el que nos encontramos.

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15 comentarios

Jose Maria 21 de diciembre de 2025 at 13:19

Queri Juan, a pesar de que las cifras que expones en la primera parte de tu articulo son pavorosas y parece que ya, a fuer de repetidas, causan poco impacto en nuestras conciencias, a pesar tambien de que reconoces que ninguno de los partidos politicos ofrecen medidas para afrontar el cambio en el sistema economico actual, es de agradecer que al final, dejes abierta la esperanza en que eso cambie, si se siguen los precesos que has descrito tantas veces.
No se si sera por las fechas que vivimos, pero bienvenida sea la esperanza.
Gracias por tus escritos, que nos ilustran y ayudan a formar conciencia mediante la infirmacion veraz.
Un fuerte abrazo.

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Juan Torres López 21 de diciembre de 2025 at 15:00

Otro fuerte para ti!!!

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Leonardo Miño 21 de diciembre de 2025 at 16:27

Una de las organizaciones que usted comenta al final, estimado Profesor, la creó un sacerdote (cosa rara) en Quito, Ecuador. El padre Carolo fundó una cooperativa que unía directamente a productores agrícolas campesinos y pobladores de los barrios pobres, de manera que se eliminaba los intermediarios, y los productos llegaban directamente de la parcela a la ciudad. En ésta, grupos de mujeres se encargaban de lavar, pesar y enfundar los productos, y los vendían a los pobladores, de manera que estos compraban a mucho menor precio que en mercados y supermercados y los productores recibían mucho más dinero.
No contento con eso, el padre Carolo fundó una clínica de maternidad en un barrio pobre, que ahora es ejemplo de eficiencia.
Queda demostrado que SÍ, se puede mejorar el mundo, pero primero hay que QUERER HACERLO. Pero el aparato educativo y la tecnología se están encargando de que la gente NO QUIERA hacerlo.

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Juan Torres López 21 de diciembre de 2025 at 16:29

Claro que sí. Un abrazo

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Rafael Chaves 21 de diciembre de 2025 at 17:54

Felicitaciones por el post, Juan.
Estamos en sintonia.
Aprovecho para invitar a visitar la exposición
en la misma linea:
«Otra economía es posible..y ya está aquí. Transformar y dar soluciones desde el cooperativismo y la economía social»
Producida por la Universitat de València.
Se puede visitar en Alaquas (Valencia), cuna de grandes cooperativas emblemáticas.
https://observatorioeconomiasocial.es/alaquas-inaugura-el-ciclo-de-exposiciones-otra-economia-es-posible-y-ya-esta-aqui-transformar-y-dar-soluciones-desde-el-cooperativismo-y-la-economia-social/

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Juan Torres López 21 de diciembre de 2025 at 19:12

Muchas gracias!!

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José Luis 1º 21 de diciembre de 2025 at 19:16

«El trabajo político en las instituciones es importante, fundamental si se quiere, pero no puede ser el único …..»
De acuerdo estimado profesor, el control del Estado por la gente y no por las grandes corporaciones «es fundamnetal»
En las sociedades donde los gobernantes del Estado se nombran a través de la competición entre diversos partidos es fundamental que el funcionamiento de éstos sea democrático.
Deberías legislarse para que así fuera, la izquierda debería exigirlo

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Alfonso Casas Moreno 21 de diciembre de 2025 at 20:50

El trabajo político en las instituciones ni es importante ni fundamental, y ha quedado demostrado, todos defiende a este único SISTEMA HEREDADO DEL nacional catolicismo. Para empezar, hay que cambiar el SISTEMA…Y SUS REGLAS.
El PSOE, es uno mas de rancio abolengo del tradicional catolicismo, y lo a demostrado y dejado bastante claro, lo han movido todo para no cambiar nada.
Que se puede hacer de otra manera, está claro y demostrado, no lejos de su ciudad, está Marinaleda, no sale en la prensa, ni en los telediarios, posiblemente no sea perfecta, pero tienen pocos problemas de viviendas, de salarios y de DEMOCRACIA, hasta donde conozco, en Cádiz la fundación TARTESSOS, dió de alta a mas de 100 chavales la mayoría inadaptados, y todo gracias a las cooperativas que se fundaron en los años 80, ya en esa época en un congreso nacional de cooperativas en el Escorial, nos dijeron que el tejido industrial desaparecería y solo quedaría el sector servicios, gracias a los SOCIOLISTOS que ud. tanto defiende lo llevaron a cabo.
Precisamente los logros mas avanzados han estado auspiciados por Podemos, por eso los echaron, y precisamente el PSOE, no hizo nada.
Desde la prensa y la TV no para el bombardeo de que sin LOS PARTIDOS, ni se puede hacer un referéndun ni modificar nada.

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Jano 21 de diciembre de 2025 at 22:32

La marginalidad, es a veces más que aconsejable.
Tal como está el modelo, es una riada a la que es imposible enfrentarse, luego lo más inteligente es colocarse al margen de la corriente brutal.
Ese margen, son las cooperativas. Cooperar beneficia a los participantes, competir a los amos del tinglado.
Del campo a la mesa. Del telar al armario….
¿alguien ha caído en la cuenta que de las redes sociales no sale comida?….que de Internet no sale nada tangible, que el ocio PUEDE ser gratuito y gratificante….

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Carlos Herranz Martin 22 de diciembre de 2025 at 08:19

Unos 10.000 años de historia, mejor, o peor, conocida, son 10.000 años de economía de mercado, y el mundo continua como siempre, o acabamos con los mercaderes, o ellos acabaran con el mundo.

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Wenceslao 22 de diciembre de 2025 at 10:26

No es desigualdad: es saqueo. Y el silencio es complicidad.

Basta ya de eufemismos. Esto no es “desigualdad”, no es una “brecha”, no es un “exceso corregible”. Esto es un saqueo global en tiempo real, ejecutado por una minoría obscenamente rica y sostenido por una mayoría empobrecida, agotada y políticamente neutralizada.

Que 56.000 multimillonarios posean tres veces más riqueza que la mitad de la humanidad no es un fallo del sistema: es el sistema funcionando a la perfección. Un sistema diseñado para concentrar, extraer y blindar riqueza arriba mientras abajo se reparte precariedad, culpa y resignación. Y lo más obsceno no es solo la acumulación, sino que se pretenda presentarla como normal, inevitable o incluso admirable.

El 10% más rico gana más que el 90% restante del planeta. Traducido sin maquillaje: una minoría vive del trabajo, del tiempo y del futuro de la mayoría. La mitad más pobre del mundo no participa del progreso: lo financia con su miseria. Y aun así se le exige civismo, paciencia y responsabilidad fiscal, mientras a los de arriba se les garantiza impunidad y evasión legalizada.

El capitalismo contemporáneo ya ni siquiera se molesta en fingir meritocracia. En 2025 hay 3.028 milmillonarios con 16,1 billones de dólares, y una parte creciente de esa riqueza no se crea, se hereda. No estamos ante emprendedores heroicos, sino ante una casta hereditaria global, una aristocracia económica que no rinde cuentas, no produce valor social y no conoce límites.

Las mujeres sostienen este sistema con trabajo invisible. Cuando se cuenta todo lo que hacen, cobran apenas un 32% de lo que cobran los hombres. El orden económico mundial se apoya en trabajo no remunerado masivo, naturalizado y despreciado. No es una injusticia accidental: es una condición estructural. Sin esa explotación silenciosa, el sistema colapsaría.

La educación confirma el fraude moral. Una diferencia de 40 a 1 en gasto educativo entre regiones del mundo significa que millones de personas nacen sin opciones reales. Luego se les sermonea sobre esfuerzo y superación. La meritocracia no es una mentira inocente: es una herramienta de dominación que convierte la desigualdad en culpa individual.

Y mientras tanto, el planeta se destruye. Pero no por culpa de la mayoría. El 10% más rico genera el 77% de las emisiones asociadas al capital privado, y el 1% más rico contamina casi el doble que el 90% más pobre junto. Aun así, la propaganda insiste en responsabilizar al ciudadano común. Es una estafa ideológica: quienes más destruyen son quienes menos pagan, y quienes menos destruyen cargan con la culpa.

¿Y la ciudadanía? Exhausta, fragmentada, entretenida hasta el aturdimiento. No es ignorancia: es inanición política. Salarios que no alcanzan, miedo constante a caer, jornadas interminables y distracciones diseñadas para que no quede energía para pensar, organizarse o cuestionar. El sistema no necesita ciudadanos críticos; necesita sujetos cansados.

Pero que quede claro: la pasividad no es neutral. Cada día que esto se tolera, el saqueo se consolida. Cada vez que se acepta como “normal”, se legitima. El silencio no es prudencia: es complicidad objetiva, aunque sea involuntaria.

No estamos ante un problema técnico ni económico. Estamos ante un colapso moral deliberado, ante un modelo que ha decidido sacrificar a la mayoría para preservar los privilegios de una minoría. Ningún sistema así es sostenible. La única incógnita es cuánto daño más permitirá una sociedad antes de decir basta.

Porque cuando unos pocos lo tienen todo y la mayoría apenas sobrevive, no hay estabilidad posible. Solo hay tiempo acumulándose antes del choque. Y cuanto más se retrasa la reacción, más violento será el ajuste.

Esto no va de ricos y pobres. Va de dignidad o sumisión. De democracia real o fachada. De seguir aceptando el saqueo… o empezar a nombrarlo como lo que es… Buen día

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José Luis 1º 22 de diciembre de 2025 at 10:35

¿Y si unimos los dos frentes de trabajo, el de la política y el de la sociedad civil, en uno sólo?. La candidata de Unidas Podemos en Extremadura, Irene de Miguel, lo ha hecho.

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Antonio Moll 22 de diciembre de 2025 at 16:35

Bien , bien . Las cifras de distribución de la riqueza son apabullantes . Yo recuerdo que empecé a tomar en serio el terma con la publicación del Capital en el siglo 21 de ThomasPiketty . Creo recordar que fué hacia 2013 . Pero es que las cifras han empeorado . Estoy de acuerdo con Ud . Las alternativas tienen que surgir de la sociedad .

Yo solo conozco tres formas de operar que sean diferentes , las coperativas , la banca publica y los intentos de que el trabajo consiga participar en la gestión de la empresas.
En este ultimo aspecto admiro la labor que esta haciendo Yolanda Diaz de Sumar .

Ojala el cambio pueda realizarse en la dirección correcta . Lo he dicho otras veces , depende de la de la gente . Hay temas urgentes . la vivienda por ejemplo . Solo con que se consiguiera poner bajo control al capital , el panorama seria distinto . Si la imposición fuera progresiva sobre el patrimonio neto , activos menos pasivos y por lo tanto incluyendo a todo el capital y sus rendimientos . Impuestos sobre las grandes fortunas , una tasa minima , casi ridicula , sobre las transacciones financieras , si eso pudiera votarse con una mayoria fuera de dudas , el mundo seria distinto .

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Bengoetxea 25 de diciembre de 2025 at 12:36

Tengo que decir algo sobre el grupo cooperativo Mondragon y remarcar la diferencia entre lo que parece y lo que es. A mi juicio, no sería justo que se ignorara lo siguiente:

​1. El «Doble Rasero» en la Expansión Internacional
​La crítica más recurrente es la contradicción entre el modelo interno y el externo. Mientras que en el País Vasco el grupo se rige por la propiedad de los trabajadores, en sus filiales extranjeras opera a menudo como una multinacional convencional.
• ​Asalariados sin derechos de socio: En países como Polonia, China, Brasil o México, los trabajadores de las filiales son empleados por cuenta ajena. No tienen derecho a voto, no participan en los beneficios ni tienen acceso a la seguridad laboral de los socios de la matriz.
• ​Conflictos laborales fuera de España: Se han registrado huelgas y quejas por condiciones laborales y bajos salarios en filiales (como en la planta de Fagor en Wroclaw, Polonia, en 2008), que contrastan con los estándares de bienestar de las cooperativas en Euskadi.
​2. La Crisis de Fagor (2013) y la Solidaridad Selectiva
​La caída de Fagor Electrodomésticos puso a prueba el principio de solidaridad.
• ​Diferenciación entre trabajadores: Al quebrar la empresa, se priorizó la recolocación de los socios-propietarios en otras cooperativas del grupo, mientras que miles de trabajadores con contratos temporales o asalariados directos perdieron su empleo con indemnizaciones mínimas de mercado. Esto creó una estructura de «dos niveles» de trabajadores dentro del mismo grupo.
• ​Aportaciones forzosas: Algunos socios de otras cooperativas rentables criticaron que se les obligara a inyectar fondos durante años en una empresa que ya no era viable, lo que generó tensiones internas sobre el límite de la solidaridad financiera.
​3. «Desideologización» y Mercantilización
​Críticos internos y antiguos socios (como los que se agruparon en la corriente Ahots Kooperatibista) han denunciado que el grupo se ha vuelto «prisionero del mercado».
• ​Crecimiento vs. Democracia: Se argumenta que, a medida que las cooperativas se hicieron más grandes y complejas, la participación real del trabajador en las decisiones disminuyó. El poder se ha desplazado hacia una tecnocracia de directivos que toman decisiones con criterios puramente capitalistas, dejando a las asambleas un papel más consultivo que ejecutivo.
• ​Sector Retail (Eroski): En la red de supermercados Eroski, la gran mayoría de los trabajadores no son socios propietarios. Esto ha sido calificado por algunos expertos como una «caricatura del cooperativismo», donde una élite de socios gestiona el trabajo de miles de asalariados convencionales.
​4. Salidas de Cooperativas (Orona y Ulma)
​En 2022, las cooperativas Orona y Ulma decidieron abandonar la Corporación. Los motivos esgrimidos incluyeron la falta de autonomía y una excesiva centralización de la dirección del grupo en Arrasate-Mondragón, lo que interpretaron como una deriva hacia un modelo corporativo rígido que chocaba con la soberanía individual de cada cooperativa.
​Espero que sirva como complemento al valioso comentario del sr Torres. Un fuerte saludo.

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Bengoetxea 27 de diciembre de 2025 at 20:29

Desmenuzando el link enviado por el sr. Rafael Chaves y agradeciéndolo su aportacion, unos comentarios:

El texto describe la inauguración de la exposición «Otra economía es posible… y ya está aquí», comisariada por Rafael Chaves Ávila (de la Universidad de Valencia y CIRIEC-España). Se enfoca en experiencias «reales» de cooperativismo en sectores como agricultura, trabajo, energía, consumo y crédito. Incluye ilustraciones, códigos QR y un vídeo con testimonios. Participantes como María Dolores Pitarch (UVSocietat), Marta Murciano (Ayuntamiento de Alaquàs), Paco Alós (Caixa Popular), Javier Quiles (Consum) y Esther Alba Pagán (UV) elogian el modelo como transformador, democrático e inclusivo. Alaquàs se presenta como cuna de cooperativas emblemáticas como Consum (50 aniversario) y Caixa Popular, con apoyo de instituciones como la Diputación de Valencia.
El tono es entusiasta: el cooperativismo «da soluciones» a aspiraciones colectivas, rinde homenaje a sus protagonistas y se enmarca en un año ONU para visibilizarlo. Pero aquí no hay mención a desafíos reales –ni implícitos–. Es marketing puro: idealiza el modelo sin tocar brechas entre retórica y práctica, como desigualdades internas o presiones del mercado.
Desenmascarando el furor: La realidad por debajo del brillo
El artículo pinta un cooperativismo triunfante, pero en la práctica, es un modelo con luces y sombras, especialmente en España (donde representa ~10% del PIB y ~24.000 entidades). No es utopía fallida, pero tampoco la alternativa perfecta al «mundo competitivo». Vamos por partes, enfocándonos en ejemplos del artículo como Consum y Caixa Popular, y ampliando con críticas generales al sector.
Idealización vs. Retos operacionales y competitivos:
El artículo exalta el cooperativismo como «sostenible y democrático», pero ignora que muchas cooperativas luchan por escalar en un mercado dominado por gigantes capitalistas. Por ejemplo, en sectores como el consumo (donde brilla Consum), el crecimiento online es un talón de Aquiles: Antonio Rodríguez, director general de Consum, admitió en 2025 no estar satisfecho con su canal digital, que crece 4-5 puntos menos que el físico, limitando su expansión en un mundo e-commerce.d95dfc Además, eventos como la DANA (tormentas en Valencia) expusieron vulnerabilidades: Consum cerró cientos de tiendas por alertas rojas, priorizando seguridad, pero esto revela dependencias logísticas que no se mencionan en la exposición.1c2d51dac507cb2598 No es fracaso, pero sí una realidad prosaica que diluye el «furor transformador».
Caixa Popular, otro pilar del artículo, se presenta como banca ética local. Tiene beneficios sólidos (~30 millones en 2024) y expansión, pero reseñas de usuarios revelan quejas comunes: comisiones altas, servicio lento y falta de ventajas reales para clientes no socios.29ffc4 En Trustpilot y Glassdoor, solo el 59% recomienda trabajar allí, con críticas a burocracia interna y presiones laborales.9d086864db38 Es cooperativa, sí, pero opera como cualquier banco en un sistema capitalista, sin revolucionar nada.
glassdoor.co.uk
Solidaridad selectiva y desigualdades internas:
La exposición habla de «soluciones desde el cooperativismo» para problemas sociales, pero omite que el modelo a veces reproduce desigualdades. En España, críticos señalan «desideologización»: al crecer, las cooperativas se vuelven más mercantiles, con decisiones centralizadas en élites directivas y menos democracia real.312a33ba655d Por ejemplo, en el agro (mencionado en el artículo), el cooperativismo español ha sido criticado como fragmentado y débil: con ~3.700 entidades, no fijan precios como en Países Bajos (~50 cooperativas potentes), dejando a productores a merced de distribuidores.7e57e8 Historias en X destacan fracasos, como el «total fracaso» del cooperativismo en España por no adaptarse a idiosincrasias locales.affa3e
Contexto 2025: Año ONU como propaganda, no revolución:
El artículo se enmarca en el Año Internacional de las Cooperativas 2025, que la ONU usa para promoverlo como respuesta a desigualdad y clima.0e320b7c0d32 Pero balances del año muestran retos: incertidumbre geopolítica, tensiones comerciales y un nuevo marco financiero UE que podría debilitar a las cooperativas agroalimentarias al no eximirlas de obligaciones contractuales.656e9f636f03 Críticos argumentan que es «prisionero del mercado», no una alternativa pura.87aafa En Valencia, cuna de Consum, hay donaciones solidarias post-DANA, pero también incidentes como brechas de seguridad en plataformas que afectan a clientes.876a5c
Conclusión: No utopía, sino un parche realista
El furor del artículo es comprensible –el cooperativismo genera empleo estable (~8 millones de socios en España) y resiste crisis mejor que muchas empresas–, pero es hiperbólico. Ignora que, para sobrevivir en «este mundo tan competitivo», muchas cooperativas adoptan prácticas capitalistas: expansión desigual, burocracia y solidaridad con límites. No «transforma» tanto como adapta, y sus soluciones son parciales, no universales. Si Mondragón (que mencionamos antes) tiene sombras, imagínate en escalas menores como Alaquàs. Es viable, sí, pero no el paraíso que se vende.. ojalá fuese así. Pero aun que la percepción del mudo real es imprescindible, enhorabuena por seguir peleando en el sentido mas ético. Un saludo

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