El viaje a ninguna parte de las izquierdas de nuestro tiempo

El viaje a ninguna parte de las izquierdas de nuestro tiempo

Lo que está ocurriendo en mi tierra, Andalucía, me parece que es una nueva expresión del proceso de disipación que afecta a las izquierdas de nuestro tiempo.

Uso exactamente este término porque me parece que es el que mejor refleja su presente y futuro. Según la Real Academia de la Lengua, disipación significa desvanecer las partes que forman por aglomeración un cuerpo, desperdiciar o malgastar la hacienda u otra cosa, evaporarse, quedarse en nada.

Dentro de muy poco -quizá en junio próximo- se celebrarán elecciones en Andalucía, una región de peso y presencia considerables. Si fuese un país de la Unión Europea, sería el decimoquinto de los veintisiete por número de habitantes (8,4 millones), casi tantos como Austria (8,9) y solo dos menos que Suecia (10,3). Por extensión (87.699 km2), ocuparía el decimotercer lugar, muy poco por detrás de Hungría (93.028) o Portugal (92.090).

Por razones que no están del todo claras, quizá por su dimensión, por su historia o por las características de su población, las elecciones andaluzas han sido muy determinantes de lo ocurrido en la política nacional en los últimos cuarenta años de vida democrática en España. Se podría afirmar, como si de una especie de ley de comportamiento político se tratara, que ningún partido gana o tiene un buen resultado en las elecciones generales en España sin haberlo tenido previamente en las andaluzas.

Cuando el PP de Aznar ganó por primera vez al PSOE, el 3 de marzo de 1996, su partido no triunfó en las andaluzas que se celebraron el mismo día, pero las anteriores (celebradas el 12 de junio de 1994) ya habían anunciado claramente un cambio de ciclo, cuando el PSOE perdió 17 escaños y el PP ganó 15. Y algo parecido ha ido ocurriendo en otros momentos de giro político.

Las próximas andaluzas van a celebrarse, además, en una situación muy especial: tras la invasión de un país europeo que puede convertirse en un conflicto bélico mundial, y en medio de una crisis económica que empeora por momentos, con la mayor inflación de los últimos cuarenta años sin visos de frenarse y un nivel de deuda gigantesco que se hará muy difícil de soportar, a poco que vayan subiendo los tipos de interés y disminuyendo la actividad económica. Y también, cuando la vida política y social en los países democráticos se degenera constantemente y la extrema derecha avanza con ideas claramente totalitarias que provocan una profunda crisis de valores y alientan la violencia y el enfrentamiento civil. Una extrema derecha cuyo éxito, no se olvide, se produce, como decía Walter Benjamin, allí donde la izquierda ha fracasado.

Son, todas ellas, un buen abanico de razones para considerar que las ya casi inmediatas elecciones andaluzas constituyen un momento político decisivo, se mire por donde se mire, en el que se va a examinar el estado real de los proyectos políticos que se confrontan, no solo en España sino en toda Europa. Tal y como, por otras razones, acaba de suceder en Francia.

Sin embargo, lo que vaya a ocurrir en Andalucía en las próximas elecciones, como sucedió en las francesas de hace unos días, ya está en gran medida escrito por una sencilla razón. Las diferentes fuerzas de la izquierda se han negado a sí mismas como alternativa frente a la inercia y al populismo de la derecha. No ofrecen nada de valor con que encandilar a la sociedad y lograr su complicidad y el apoyo suficiente para transformar la situación presente. Han sido incapaces de proponer al electorado respuestas sugerentes y con visos de ser efectivas para los problemas de nuestro tiempo. No disponen de un proyecto de futuro que la sociedad pueda contemplar como un asidero, como una solución a sus preocupaciones. No están cerca de la gente, ni la gente las siente como algo suyo, o que pueda serles de utilidad en su vida diaria. En Andalucía, como ya ha ocurrido en otros países, la izquierda ha mostrado sin disimulos que no representa nada nuevo, sino tan solo una página más de lo mismo de siempre.; de lo que, a base de tantos fracasos y traiciones, ya se ha comprobado que es una fórmula inútil para cambiar de verdad las cosas; en el mejor de los casos, solo un remedo de lo que hace la derecha cuando gobierna.

Lo de menos en Andalucía es que el Partido Socialista haya sido incapaz de renovarse y movilizar a su electorado, de reinventarse con coraje e imaginación; o que algunos partidos a su izquierda hayan sido tan indecentes e irresponsables como para no aliarse ni tan siquiera con el simple objetivo de sobrevivir o salvar el pellejo electoral. Incluso esas vergüenzas son diminutas si se comparan con el problema principal que tienen las izquierdas en el momento histórico en que vivimos.

Es cierto que en España hay un gobierno que está intentando hacer políticas progresistas, sobre todo, para tratar de aliviar el sufrimiento de la población. Pero también lo es que ha tomado medidas que constituyen una traición sin precedentes a los programas electorales y a los principios morales de los partidos que lo sostienen; que no se ha atrevido a adoptar las necesarias para minar el poder oligárquico que obstaculiza desde hace décadas el progreso en España; o que la falta de pedagogía, comunicación y apego con la población hacen que, incluso detrás de cada una de esas medidas progresistas, venga pérdida de apoyo y mayor incomprensión de la ciudadanía.

Los partidos de la izquierda ya no pueden disimular que son frutos sin jugo, exprimidos al máximo, sin una gota de ideas o proyectos novedosos y, lo que es peor, sin la más mínima capacidad de contagiarse de la vida de la gente normal, de identificarse con lo que esta siente y padece y de emular lo bueno que hace. Se han vuelto inhumanos, en el sentido de que no tienen la misma piel ni el alma que tienen, no ya sus votantes de siempre, sino ni siquiera su propia militancia honrada, cada día más exigua, que los apoya desde la insignificancia y, seguramente, sin estar de acuerdo con lo que hacen los dirigentes y sus aparatos.

La izquierda no está dando ni puede dar respuestas al presente porque se ha negado o es incapaz (a estas alturas, tanto da) de desescombrar lo viejo e imaginar y modelar un futuro distinto al que procede de la inercia. Y, sin el futuro imaginado, no puede haber tampoco la esperanza que proporciona el que se anticipa y se muestra en forma de realidades concretas y tangibles. Sin proyecto ni propuesta de futuro, a la izquierda solo le han quedado palabras vacías o actos de fe para ofrecer a la gente.

Durante decenios, las izquierdas fueron adanistas, es decir, estaban convencidas y querían convencer a la gente de que el futuro deseado sería -en unos casos- un acto de nueva e instantánea creación, un nacimiento, el parto mágico de un instante revolucionario. O, en otros, la mágica aparición de lo nuevo a base de darle mil vueltas a lo viejo, reformándolo sin cesar. Últimamente, en los últimos treinta o cuarenta años, las izquierdas se han hecho -si se me permiten los barbarismos- presentistas, denunciadoristas y pesebristas. Presentistas, o sencillamente conservadoras, como decía Anthony Guiddens, porque -como he dicho- no son capaces ni tan siquiera de imaginar que haya un encuadre social distinto al actual, porque no piensan en cómo puede ser un futuro diferente ni, en el mejor de los casos, cómo se podría llegar a él. Denunciadoristas porque se han especializado en criticar y denunciar todo cuanto tienen ante sí, o en hacer análisis sofisticados, mas sin crear experiencia o realidad alguna que pueda servir de referencia efectiva para el cambio, como hoja de ruta para llegar al futuro. Y pesebristas, para colmo, porque se alimentan de los recursos (no solo materiales, sino conceptuales, comunicativos, políticos o simbólico-culturales) que proporciona el sistema que dicen combatir. Basta ver quiénes son, de dónde vienen y a dónde han llegado, y con qué medios y formas hacen política quienes tienen posiciones de representación, privilegio o poder en los partidos de la izquierda.

Ideológicamente hablando, las izquierdas son puro material de derribo porque carecen de cosmovisión y siguen ancladas en el pensamiento mecanicista y lineal del XIX que les impide percibir y analizar la complejidad para operar en ella. Perdidas en un sinfín de reivindicaciones, diseminadas en mil tribus y creando sin cesar nuevos y más dispersos rebaños, han renunciado a utilizar la lengua franca del cambio global que permite el entendimiento y la movilización común. No es sin duda el único, pero el caso del feminismo, que termina incluso negando la existencia como sujeto de las propias mujeres, es un ejemplo palmario de la auto-deconstrucción de la inteligencia que está llevando a ninguna parte a la izquierda y a sus diversas expresiones satelitales.

Por eso me parece que, lo mismo que el reciente fracaso electoral del Partido Socialista francés -o de la izquierda en general- no es de ninguna manera accidental, lo que está pasando ahora mismo en Andalucía y lo que va a pasar en España no se puede considerar una incidencia puntual. Es el reflejo de un fracaso histórico de las formas de ver y analizar el mundo y de las maneras de actuar sobre él de las izquierdas de nuestro tiempo.

La falta de vigor o de entendimiento de la izquierdas andaluzas es patética, por significativa y sintomática. Pero lo es mucho más que la izquierda estatal del PSOE, presumida siempre de serlo más y mejor que nadie, haga depender su futuro del deshoje de la margarita que haga una sola persona para decidir, según su propia expresión, si finalmente «escucha a la gente» para poner en marcha un proyecto del que no se sabe lo que llevará dentro. Como ocurría con los sobres sorpresa que comprábamos de pequeños con ilusión, a pesar de que sabíamos que solo podían contener naderías. ¿En qué cabeza sensata puede caber la idea de que la regeneración de un proyecto político que se viene abajo puede depender de una sola persona, por muy brillante y valiosa que sea, como lo es Yolanda Díaz? ¿Quién, en su sano juicio, puede creer que solo su apuesta personal puede provocar una catarsis de la política en todo el Estado, cuando ni tan siquiera se ha sido capaz de poner algún mimbre para evitar que el proyecto nazca derrotado al no dar la batalla previa en Andalucía?

Estamos viviendo el proceso que lleva a dejar en la nada a las izquierdas que nacieron en el siglo XIX y lo paradójico es que se está produciendo por su propia responsabilidad.

La leyenda cuenta que Mitrídates VI, Rey de Ponto, las tierras de alrededor del Mar Negro en la actual Turquía, tomaba pequeñas dosis de un veneno para evitar ser envenenado. Ahora se utiliza el término mitridatismo para referirse a quienes, a fuerza de haber estado expuestos a un fenómeno negativo, se hacen indiferentes a él. Y quizá sea eso lo que le ha ocurrido a las izquierdas de nuestra época. Han pasado tanto tiempo integradas en el medio ambiente que deseaban cambiar que han terminado por ser inmunes al cambio.

Debe ser así porque lo paradójico es que nunca como ahora ha habido a nuestro alcance, delante de nuestros propios ojos, tantas alternativas, tanto pensamiento crítico, imaginativo y creador, tantas experiencias y modos de vida diferentes a las del capitalismo que produce dolor, violencia y sufrimiento, tantas personas comprometidas y efectivamente ocupadas con la puesta en práctica de otra realidad, cuidadora y cuidadosa, solidaria, fraternal, pacífica y respetuosa con los demás seres y con la naturaleza. Pero, eso sí, completamente alejados de los partidos de izquierdas.

Mientras que una legión de asociaciones, organizaciones de todo tipo, colectivos, fundaciones, grupos anónimos, intelectuales y personas individuales de todo tipo y condición… piensan, diseñan, construyen, organizan, crean empresas, ponen en marcha con eficacia y eficiencia… miles de iniciativas para producir o consumir de otra forma, curar y salvar vidas, habitar, estudiar, cuidar, alimentarse, obtener energía, representarse o tomar decisiones como si estuvieran ya en un planeta distinto, anticipando el futuro… los partidos de las izquierdas se organizan, deciden y actúan en el viejo mundo, siguen inoculándose sin parar el veneno de Mitrídates y son ya tan insensibles al mal presente de su alrededor como ignorantes de la oleada de vida nueva que viene del futuro y que los va a enterrar para siempre.

No estoy seguro de que la disipación de los partidos de izquierda, su evaporación como instrumentos para transformar la realidad y superar el capitalismo, sea una mala noticia. Lo es en el sentido de que ya no se puede confiar en el único aparato que hoy día tenemos a nuestro alcance para ser representados e incidir en la vida política. Pero, al mismo tiempo, quizá sea eso lo mejor que puede pasarnos. Así lo creo porque intuyo que ese proceso de disipación de los actuales partidos de izquierda acelerará, al mismo tiempo, la aparición de nuevos sujetos sociales y políticos. Es decir, nuevos instrumentos de emancipación nacidos a la imagen y semejanza de la gente corriente que día a día está inventando el futuro y nos lo ofrece adelantado cuando pone en marcha experiencias y formas de vida, organización y comportamiento personal de nuevo tipo. La única vía por la que se puede cambiar el mundo.

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28 Comentarios
  • Luis
    Publicado a las 16:28h, 16 abril

    Desde la caída del muro hay un camino, la derecha nos ofrece ir por la vereda derecha y la izquierda por la vereda a la izquierda. Lo que queremos es cambiar de camino!

  • Walter Maverino
    Publicado a las 21:36h, 16 abril

    Excelente querido Juan: se acaban los adjetivos con cada publicación tuya, y crece la admiración por la Sabiduría, el Coraje, el respeto y lo Holistico de tu conocimiento. Enhorabuena!!! El martes hablaremos sobre proyectos en los cuales tu contribución y la del grupo que estamos creando, serán determinantes para cubrir el enorme vacío de ideas, metodologías y voluntades que mencionas. Abrazo cósmico. ♎️🌀💎🙏🦋🧐😊😂

  • Ricardo
    Publicado a las 22:59h, 16 abril

    La izquierda se fue con Anguita. Hoy todos son pijos con grandes sueldos

  • UN LECTOR
    Publicado a las 23:12h, 16 abril

    Buenas noches, D. Juan:

    Se puede decir más alto, pero no más claro. ¡Con dos h…, si señor! Algún lector se le enfadará, pero bueno. Yo, si me permite, añadiría que eso que, en un tiempo, se llamó «izquierda» está en manos de la oligarquía, igual que la que se hace llamar «derecha». Que no lo es, que es simplemente liberalismo puro. Liberalismo de «derecha» o liberalismo de «izquierda».

  • Josandero
    Publicado a las 08:39h, 18 abril

    La reflexión es oportuna. Discutible como toda propuesta, presenta esperanza y criterio para debatir sobre nuestro acomodo sociopolitico. Atrevidamirarnos sobre nuestra zona de confort ideologica. Pone el foco en lo que une en contra de lo que separa. Concluyo pensando que a la elite de izquierda andaluza le falta pulsion y atrevimiento para este debate, su nivel de excusa para ello es proporcional a la formulacion de su pensamiento ideologico unico .

  • Antonio Gonzalez
    Publicado a las 17:38h, 18 abril

    Pero hablar de izquierda en Espana es una soberana tonteria, la izquierda en Espana o murio en la guerra civil o fue asesinada despues por sus vecinos falangistas y enterrada en las cunetas.

  • Juan J. Cruz
    Publicado a las 17:54h, 18 abril

    Con un par: «Perdidas en un sinfín de reivindicaciones, diseminadas en mil tribus […] han renunciado a utilizar la lengua franca del cambio global.» Esa es la descripción que yo quería tener para defender la decencia frente a la ‘logocracia’ identitaria. tan censora y excluyente que podrá ser intercambiable con el discurso fascista.

    Tocayo, muchas gracias y salud.

  • JANO
    Publicado a las 18:14h, 18 abril

    Como siempre, certero.

    Dá lástima corroborar que todo lo que dice es cierto, pero así va a ser.

    Creo que la izquierda en general, ha caído en la máxima de que «si no vivies como piesas, acabarás pensando como vives»…Ahí tenemos a Pablo Iglesias: no pudo resistir la tentación de vivir en su piso de toda la vida, hablar con sus vecinos, salir de los barrios lo justo para cumplir en el parlamento….Ahí tienes a Felipe González, joven socialista devenido en gatazo gordo y patético….

    Hay esperanza. Desaparece y se trofia lo ineficaz o innecesario y aparecen órganos nuevos para cumplir con funciones nuevas. Caerán los viejos sindicatos fabriles y aparecerán otras formas de defensa de los nuevos tipos de trabajadores….y así todo.

    Ahora, simplemente estamos en un momento en el que lo viejo no acaba de morir y lo nuevo, no acaba de nacer….eso es todo.

  • Angel Viviente
    Publicado a las 19:48h, 18 abril

    Desde luego toda la razón. De unos años a esta parte la susodicha izquierda se ha convertido en un patio de vecinos mal avenidos, en el que todos muestran sus miserias, con el único interés de ser el presidente de la comunidad, lo que les permitirá lucir un cargo.

    Lejanía de los vecinos que todo eso no les preocupa y que lo único que quieren es sobrevivir en una comunidad que les machaca con el rodillo ultraliberal-capitalista.

    Estos vecinos, que son mayoría, deben sentarse, hablar, pensar y recrear una nueva estrategia en un mundo diferente a aquel en que se crearon las viejas fórmulas que ya no sirven

  • José Gómez
    Publicado a las 21:16h, 18 abril

    ¡Terrible!, estimado profesor, nos quedamos sin referencias y casi todos las necesitamos, porque los humanos somos contradictorios y nos desorientamos y desesperamos con mucha facilidad

    Parece evidente que en la izquierda andamos perdidos y estamos escasos de verdaderos faros intelectuales, como Vd. profesor, que nos den luz. Además si las ideas y los movimientos sociales y politicos nacen, viven y mueren entre ciclos y modas, posiblemente estemos en medio de un funeral.

    Yo me aferro a que mientras siga habiendo gente decente y empática, aunque no esté muy organizada, no está todo perdido. La humanidad históricamente va a mejor a pesar de sus atroces tropezones y pasos atrás, y en estas etapas indefinidas, aunque aboquen al cesarismo individual, personas como Yolanda Diaz me abren una ventana a la esperanza.

  • Pablo
    Publicado a las 07:00h, 19 abril

    Sus reflexiones son, como siempre, muy interesantes, Juan. Desde otro punto de vista, mientras exista desigualdad, pobreza, esquilmación de los recursos naturales, guerra, etc., seguirá habiendo una posición a la izquierda. Otra cosa es que los representantes de esa posición, la estructura orgánica para sumar e integrar personas desde el respeto al diferente, y las propuestas programáticas para llevar a cabo una opción progresista estén a la altura, que está visto que hoy en día no es el caso. Por otra parte, junto a ese espíritu propositivo quiero añadir la reivindicación del optimismo y el ideal de un futuro mejor. Entiendo su pesimismo por el estado actual, no es para menos, como usted expone. Pero muchas personas que lo están pasando mal por la situación actual, entre las que me incluyo, estamos obligados al optimismo, no nos queda otra, si no ¿qué tenemos, qué nos queda?. Las propuestas emanan del optimismo, es una condición previa. Uno propone porque piensa que las cosas pueden ir mejor, y viceversa. Las organizaciones de izquierda necesitan reflexionar seriamente sobre su responsabilidad histórica en el momento actual. Para mucha gente humilde esto no es un juego de nombres ni de siglas, es un estar pasándolo mal o muy mal diariamente. Le agradezco una vez más sus artículos y reflexiones.

  • Jose Luis Perez Alvarez
    Publicado a las 10:57h, 19 abril

    Gracias Juan, de nuevo pones el dedo en la herida para zarandearnos y aunque parecería al leer tu artículo que es un poco catastrofista, en realidad es un canto a la esperanza de ese mundo mejor que alumbra una forma diferente de vivir como humanidad en un mundo finito.

    Un abrazo grande.

  • Isabel Rubio Santuy
    Publicado a las 19:11h, 19 abril

    Al señor Torres Lopez, no le parece tan mal la inacción de la izquierda tradicional. Todo lo contrario, augura que esto podría hacer aflorar partidos distintos. Partidos que podrían ser como cualquier vecino y entender sus penas, alegrias y esperanzas. Un partido no vale para nada, es un ente amorfo. Quien hace mover al mundo son las personas. Y necesitamos personas con las que poder hablar de tú a tú. Personas, sin grandes algarabias, pero que puedan cambiar el Sistema. Porque lo que falla, es, precisamente, el Sistema.

  • Lisardo Sobrino Fernández
    Publicado a las 19:34h, 19 abril

    Quiero que nos equivoquemos,

    tú y yo,

    quiero que sea escaso pensamiento

    el de los dos.

    Algo se nos escapa

    y no vemos más allá

    de la simple mirada,

    chico nuestro pensar.

    Quiero caminar en el cerebro así

    pues soy económicamente pobre

    y, los dos, aún seremos más pobres

    si es cierto lo que escribes aquí.

    Yo votaré cuando aquí sea,

    tú vota ahí, si lo deseas,

    creyendo que todo se arreglará

    porque entre todos somos verdad.

    Gracias,

    me encanta leer tus palabras

    aunque tarde,

    a veces tardo bastante.

    También aunque, como hoy,

    te equivoques.

    ¡Qué atrevido soy!

    Esta osadía, espero la perdones.

    Soy muy feliz.

    Quiero pensar,

    ya escribí que lo hago mal,

    que te sucede lo mismo a ti.

    Para todos un saludo

    con mucho cariño ¡Mucho!

  • copitodenieve
    Publicado a las 20:51h, 19 abril

    Estando de acuerdo por lo expuesto por el profesor Juan Torres espero que tanto pesimismo no se asiente en una sociedad sometida a tanta derecha desde tiempos inmemoriales y con unos resultados que no han hecho si no precarizar nuestras vidas.

    A veces resulta desolador tanta sopa de siglas y tanto cainismo en la izquierda a pesar de tanto de tanta denuncia, de tanto abanico, de tanta revolución pendiente de tanta falta de educación social.

    Ojalá Yolanda Díaz consiga aunar voluntades porque ocho años más a los pies de los caballos de la derecha serían insoportables.

  • jose
    Publicado a las 09:44h, 20 abril

    Hablar de derechas o izquierdas… pienso que es de siglos pasados. La caída del muro de muro de Berlín en 1989, como he leído en algún comentario, cambió la dirección hacia un mundo más globalizado. Países que se resistieron fueron atacados tanto militar como económicamente (y religiosamente).

    Hoy hay otra lucha social: el «globalismo» contra el «soberanismo-nacionalismo».

    El mundo, tal y como lo hemos conocido, está cambiando muy deprisa, unos andamos haciendo equilibrios otros dejándose llevar (como borregos). A la gente se le está impulsando otros valores (redes sociales). A los líderes carismáticos si no comulgan con la élite del sistema los apartan o los atacan. Los sindicatos hace tiempo que están en caída libre (un eufemismo).

    Y por último la mayoría de la gente vota según sus redes sociales (incluida hasta la religiosa). Ah!… se me olvidaba el grupo de actitud pasota, éstos sólo protestan al final cuando ya no hay remedio.

    Pues así nos va, no quiero ser pesimista.

    Saludos

  • José Luis
    Publicado a las 16:38h, 20 abril

    El pensamiento se construye desde los hechos que ocurren. se analizan sus causas y sus consecuencias. Se valora o se hace un juicio de eso que estamos viendo . Y por último se proponen soluciones o alternativas para corregirlos.

    Lamento que en este artículo de mi admirado Juan Torres nada de esto aparezca. No se que hechos le motivan a expresar la evaporación de las izquierdas o el intento inútil de Yolanda Díaz cuando hace un mes anunciaba un manifiesto por la unidad de las izquierdas. Que ha ocurrido??….analicense esos hechos si hay certezas de ellos, pero no exprese un pensamiento sentencidor y además sin ofrecer alternativas o proponer un quehacer….lo que he leído aquí es un «desmanifiesto’ o un relato desmovilizados y deprimente….

  • jose
    Publicado a las 16:46h, 22 abril

    Cuando oigo palabras de comentarios como «desmovilizados, deprimente…» me acuerdo de una película de la infancia: Johnny Guitar, de Nicholas Ray. Es una película de Western y de Romance. Muy buena, por cierto.

    Hay varias escenas que siempre me llamaron la atención. En este caso vendría la de cuando él le dice a ella: «Miénteme, miénteme, dime que me amas».

    Pues al grano… por favor señor Juan Torres… miénteme, miénteme… lo del «viaje a ninguna parte de las izquierdas de nuestro tiempo».

    Lo siento se acabo el guión. Sólo es una pizca de humor.

    Saludos

  • Ángel Guevara
    Publicado a las 20:02h, 24 abril

    Una pequeña reflexión gramatical. Si nos referimos al sistema socio-político en que vivimos con el nombre de capitalista o comunista, está claro que o simplificamos mucho o nos dejamos llevar por el tema instrumental, el capital. Si entendemos que los medios deben servir para el progreso sostenible de las personas, en mi opinión hace falta saltar a una órbita superior que incorpore el concepto persona por encima de los medios. Éste entiendo que es el pensamiento implícito del articulo.

  • peperueda
    Publicado a las 10:41h, 25 abril

    250422: los demócratas estamos en desventaja frente a los totalitarios porque la mayoría inculta no entiende que los problemas que la democracia realmente existente no resuelve se resuelven con más democracia no con menos; y la incultura es más fácilmente inoculada que la cultura.

  • Enrique de Amo Artero
    Publicado a las 11:49h, 26 abril

    «… porque lo paradójico es que nunca como ahora ha habido a nuestro alcance, delante de nuestros propios ojos, tantas alternativas, tanto pensamiento crítico, imaginativo y creador, tantas experiencias y modos de vida diferentes a las del capitalismo que produce dolor, violencia y sufrimiento, tantas personas comprometidas y efectivamente ocupadas con la puesta en práctica de otra realidad, cuidadora y cuidadosa, solidaria, fraternal, pacífica y respetuosa con los demás seres y con la naturaleza. Pero, eso sí, completamente alejados de los partidos de izquierdas.»

    Es la clave: vivir la política desde la realidad, una realidad ajena y de la que no participan los sujetos de los partidos políticos de izqueirdas. Ay, si se dedicasen a fortalecer redes humanas y sociales entre unos y otros, y no a tanto usar @ más allá de las direcciones de correo electrónico…

  • Sandalio Cadagua
    Publicado a las 14:44h, 16 junio

    Es usted el Ricky Martin de la economía: «un pasito p’alante María, un pasito p’atrás»

    Y la Yenka de la política:

    «Izquierda, izquierda, derecha, derecha

    Adelante, detrás, un dos tres

    Izquierda, izquierda, derecha, derecha

    Adelante, detrás, un dos tres».

    Si el catedrático tiene este nivel… ¡No quiero pensar el nivel de los alumnos!

    ¡VIVA ESPAÑA!

    ¡VIVA EL REY!

    Yo votaré VOX, me ofrece más confianza que la gente añorante de la assessina II república como usted, y como los marxistas-leninistas que nunca han condenado los assessinatos de ETA. Esos que su amado líder Pedo Sánchez, ha metido en el gobierno… Ese gobierno que, según usted, es el que nos deja el dinero en el bolsillo… Claro que antes de dejarnos el dinero en el bolsillo, nos había hecho unos agujeros en el mismo… Esos agujeros por donde se nos va el dinero.

    ¿Por qué no dice que más del 50% del dinero que gana un trabajador normal, se va en impuestos?… ¡Mentiroso rufián!

    Sin embargo usted, como todos los rojos, es rico.

    ¿Sabe usted que el Registro de la Propiedad es un registro público de acceso libre?

    Sólo hay que pedir lo que se denomina «Nota Simple» y se entera uno de muchas cosas.

    Pero eso queda entre nosotros.

  • Sandalio Cadagua
    Publicado a las 14:48h, 16 junio

    ¿En proceso de moderación?

    ¿Pero, la censura no es una herramienta franquista?

    ¡Lamentable!

  • Juan Torres López
    Publicado a las 22:22h, 19 junio

    A usted sí que le van a dar una nota simple

  • pedro rojas sola
    Publicado a las 01:51h, 20 junio

    Usted, Juan Torres, se considera una persona de izquierdas, según deduzco de este y de otros muchos artículos suyos.

    ¿Qué cree que tiene usted en común con la cajera que trabaja en un supermercado? ¿Por qué razón, una cajera de supermercado tendría que votar al mismo partido que vota usted? (Supongo que siempre ha votado al PSOE)

  • Txema
    Publicado a las 13:02h, 20 junio

    La política, en democracia, emerge de la sociedad y si se quiere más llanamente, de la gente. Y ¿qué quiere la gente? El nivel de infantilismo es tan alto que quiere todo a la vez sin coste alguno. No pagar impuestos, pero tener la sanidad gratis; tener o generar problemas pero que nos los resuelvan…

    El problema hoy está en la sociedad que se genera, en el individuo que se construye, en las bajas pasiones que se fomentan… Y de todo esto también surgen los políticos. No son extraterrestres.

    El grado de analfabetismo es tal que se cree que los bueyes vuelan. Se idiotiza al personal que consume un espectáculo de ínfima calidad, pero que lo entretiene. Luego se le da la sensación de que elige algo. Mientras tanto, las elites de poder se reparten el botín. Y frente a todo esto es dificil hacer políticas de izquierda. Y frente a todo esto, la gente quiere vivir, aunque sea de mentira.

    La izquierda raramente ha podido ser de izquierdas. Tiene que lidiar con muchos poderes que siempre son de derechas. Y la gente, que tenía en la política una posibilidad de equilibrar un poquito la situación, ha dado la espalda a la izquierda porque en muchas ocasiones ésta le ha prometido cosas que no están en sus manos. Hay que saber escuchar a la gran masa silenciosa; haya que salir de las burbujas donde uno está instalado. Ahí está la gente. Activistas, intelectuales, pensadores…. son una minoría que no representan a casi nadie.

    El poder y su distribución es el núcleo de la cuestión. Lo demás es dar vueltas a una noria que se mueve pero no avanza. Y el poder, de alguna manera, siempre es de derechas.

  • Juan Torres López
    Publicado a las 13:04h, 21 junio

    ¿Podría tener en común la ideología, los ideales, lo sentimientos de amor a la justicia, la libertad y la paz, el deseo de que el mundo cambie en una determinada dirección? Supone usted mal, pero lo malo no es eso, lo malo es el atrevimiento que supone creer que uno sabe lo que hay dentro de otra persona. Supongo, supongo, supongo….

  • Txema
    Publicado a las 15:59h, 21 junio

    A Pedro Rojas. ¿Por qué no planteas la misma pregunta pero con otros protagonistas? ¿Por qué habría de votar un jubilado mal pagado lo mismo que un empresario? Y sin embargo lo hacen. A veces explicar el voto es más complejo de lo que parece. Si solo hubiese racionalidad económica a la hora de votar, la izquierda arrasaría siempre. Pero así no ocurre. ¿Por qué? En la vida, aunque nos parezca raro, hay más que economía, y los estados de opinión inciden en todos y cuanto menor capacidad crítica más pesan. Y, naturalmente, se puede votar en contra de los propios intereses económicos, pero a favor de otras cosas, a veces nebulosas, otras meramente emocionales, o de acuerdo con prejuicios profundamente enraizados y trabajados desde fuera. Por lo tanto una cajera y un profesor de economía pueden votar al mismo partido, pues ambos pueden tener algunas concepciones comunes sobre el tipo de sociedad que desean, o tener los mismos prejuicios, o….

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