Ganas de Escribir. Página web de Juan Torres López
Image default

Felipe se queda con la mente en blanco y no sabe a quién votar

Felipe González ha anunciado en Málaga que el próximo 29 de noviembre votará en blanco. "No veo nada que me represente", ha dicho, y ha añadido que su voto es el que mejor expresa lo que siente: "la carencia de representación".

Cuesta creerlo, pero es posible. En las últimas elecciones generales, las de julio de 2023, concurrieron decenas de formaciones distintas y once de ellas obtuvieron escaño en el Congreso. Hubo papeletas de izquierdas, de derechas y de centro; nacionalistas, regionalistas, ecologistas, animalistas, de jubilados, e incluso alguna cuyo único programa era no ocupar el escaño si lo conseguía. Que en semejante muestrario no haya una sola opción capaz de representar a quien fue presidente de todos los españoles durante casi catorce años parece difícil. Aunque, bien pensado, quizá no lo sea tanto. Debe ser complicado representar a una persona con tantas responsabilidades a sus espaldas y con un perfil tan acrisolado.

Naturalmente, yo no soy quién para saber lo que hay en la cabeza de Felipe González, ni para poner en duda que de verdad no se sienta representado por nadie. Y mucho menos puedo adivinar con qué intención lanza ese mensaje a cinco semanas de unas elecciones generales, siendo quien es. Pero los seres humanos tenemos la capacidad de interpretar lo que sucede a nuestro alrededor cuando lo ponemos en contexto, cuando recordamos la historia y cuando leemos, con más o menos buena voluntad, lo que otros nos dicen. Eso es lo que me permite plantear una modesta hipótesis sobre su voluntad de votar en blanco.

Y vaya por delante que la planteo desde el reconocimiento. Gustara o no lo que hizo cuando presidió el gobierno, Felipe González ha sido un político excepcional. A mí me parece obligado admitir que fue el impulsor inicial de los cambios más importantes que se han producido en la España contemporánea.

Dicho eso, la hipótesis que me atrevo a compartir desde aquí es que si González vota en blanco es porque en blanco se le ha quedado la mente.

Lo pienso así por dos razones.

La primera, porque no logro entender que una persona tan inteligente y bien relacionada como el expresidente socialista sea ajena a lo que está sucediendo en España y no se percate de lo que puede ocurrir a partir del próximo 29 de noviembre. Está en ascenso una extrema derecha con la que se mimetiza cada día más el PP y ninguno de ellos disimula que su intención es la de acabar con avances sociales y libertades democráticas que precisamente los gobiernos de Felipe González comenzaron a consolidar. A él le sobran información, sagacidad y perspicacia políticas… y decide, sin embargo, mirar hacia otro lado y votar en blanco.

La segunda razón es la principal. No me explico que un Felipe González en plenas facultades y con su mente activa pueda dejar a un lado lo que la derecha le hizo y le dijo cuando gobernaba, y que es exactamente lo mismo que hoy le dice a Pedro Sánchez y lo mismo que antes a Rodríguez Zapatero.

Hace tres años escribí que Felipe González y Alfonso Guerra se habían olvidado de Felipe González y Alfonso Guerra. Lo reitero ahora. Parece que Felipe no recuerda que también lo llamaron mentiroso: "Lo que mejor sabe hacer González es engañar, engañar y engañar", decía Aznar en 1993. También lo acusaron de deslealtad con España por pactar con Marruecos; de dividir a los españoles removiendo el pasado; de querer someter a los jueces convirtiendo el Consejo General del Poder Judicial en "un órgano de depuración de la magistratura"; de "soltar terroristas"; de ser prisionero de su partido; de enriquecer a su familia; de presidir un "clima de corrupción generalizada". Dirigentes del PP llegaron a insinuar que había manipulado el resultado de las elecciones de 1993. Y el ABC le reprochaba estar "aferrado desesperadamente al poder", "de rodillas ante Pujol" y dispuesto a "comprometer la misma unidad de España" con tal de seguir en la Moncloa. "Váyase, señor González", le repetía Aznar... ¿Alguien encuentra una sola diferencia con lo que hoy se oye cada día contra Sánchez?

Bueno, sí. Sí que la hay. En aquellos años no se gritaba en cada esquina que Felipe González era un hijo de puta, como ahora hacen con Sánchez. Pero a Felipe González se le acusaba de algo mucho peor, de ser el "señor X" que había dado la orden de matar, de estar detrás de brutales crímenes de Estado. Lo acusaron de todo ello porque, como confesó años después Luis María Ansón, uno de los instigadores de aquella campaña, "había que acabar con Felipe González".

La derecha española fue con Felipe González mucho más lejos de lo que ha ido con Pedro Sánchez. Y por eso resulta todavía más incomprensible que hoy calle ante las barbaridades que esa misma derecha, en la se incluyen algunos jueces, viene haciendo contra el Gobierno socialista y contra su presidente. O, peor aún, que se haya incorporado a su coro.

Si los ataques que hoy recibe Sánchez fueran nuevos, se entendería que alguien con su experiencia se sumara a ellos. Pero no lo son. Son los mismos, con las mismas sinrazones y el mismo propósito que lanzaban contra él, y -aunque puedo equivocarme - estoy convencido de que él sería el primero en ser consciente de ello... si no se hubiera quedado con la mente en blanco.

No estamos hablando de que González discrepe del gobierno. Yo mismo critiqué el cambio de principios que supuso plantear la amnistía solo para pactar con el independentismo, aunque siempre he defendido que quien vence y perdona, vence dos veces; y nunca di por buena la tesis de quienes sostenían que la amnistía era inconstitucional porque no figura en el texto de la Constitución. Incluso defendí que Sánchez debería haber dejado la secretaría general tras sus nombramientos tan equivocados.

Discrepar es legítimo y casi siempre necesario. Y si alguien debiera saberlo es el propio Felipe González porque fueron muchísimos socialistas los que estuvieron en desacuerdo con decisiones suyas: con el giro sobre la OTAN, con la dureza de la reconversión industrial o con el Plan de Empleo Juvenil que provocó la huelga general del 14 de diciembre de 1988, convocada también por la UGT. Lo criticaron, a veces con mucha dureza, pero no confundieron la discrepancia con el abandono, ni le dieron la espalda cuando la derecha se disponía a echarlo como fuera e incluso lo acusaba de haber ordenado asesinar. Esa es la diferencia entre criticar a un gobierno y lo que está haciendo Felipe González en la actualidad, alentar a  quienes quieren acabar con él por cualquier medio, sea legítimo o no.

Por eso no creo que  Felipe González esté expresando su preferencia cuando dice que su voto se quedará  en blanco, sino lo que ocurre en su mente y en su memoria.

Escribió Milan Kundera en El libro de la risa y el olvido que la lucha del hombre contra el poder es la lucha de la memoria contra el olvido. Felipe González la libró en primera persona cuando el poder mediático, económico y político de la derecha se propuso acabar con él. Ahora, cuando dice que votará en blanco, se rinde y pasa, sin decirlo, al bando del olvido.

Ojalá recuperase la memoria antes del 29 de noviembre. No por Pedro Sánchez, y ni siquiera por el PSOE, sino por él mismo. Porque si hay alguien que hoy no se puede sentir representado es el Felipe González que fue por el otro distinto que ahora vive como un rey con su nombre.

SI QUIERES RECIBIR AUTOMÁTICAMENTE LOS NUEVOS ARTÍCULOS DE
GANAS DE ESCRIBIR EN TU CORREO, SUSCRÍBETE AQUÍ.

Dejar un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.