La invencible fuerza de los sueños

La invencible fuerza de los sueños

 El pasado viernes me habían invitado a dar una conferencia en Marbella, una bellísima ciudad del sur carcomida por la corrupción política durante muchos años en la que mi gran amigo Enrique Monterroso es concejal por Izquierda Unida (por cierto, sin que el gobierno municipal de la derecha le conceda ni siquiera un despacho ìnfimo para que atienda a las personas que quieran ir a plantearle cualquier tipo de problema como representante que es de los ciudadanos).
 Al acabar mi charla nos fuimos a cenar Lina, Carmen, Mustafá, Andrés, Estrella, Fernando y Enrique. Hablamos de luchas, de amistades, de sueños y de horizontes, nos reímos y nos cabreamos pasando sin solución de continuidad de la placidez al apasionamiento. Allí surgieron ideas que muy pronto trasladaré a esta web pero hoy recibo de Enrique un texto que seguramente sea lo que mejor resume el espíritu de todo lo que hablamos esa noche y que me gustaría compartir con todos quienes leen esta web. Es este: 

 

  Ya veis que no soy un pesimista, ni un desencantado, ni un vencido, ni un amargado por derrota alguna. A mí no me ha derrotado nadie, y aunque así hubiera sido, la derrota sólo habría conseguido hacerme más fuerte, más optimista, más idealista, porque los únicos derrotados en este mundo son los que no creen en nada, los que no conciben un ideal, los que no ven más camino que el de su casa o su negocio, y se desesperan y reniegan de sí mismos, de su patria y de su Dios, si lo tienen, cada vez que le sale mal algún cálculo financiero o político de la matemática de su egoísmo.
  ¡Trabajo va a tener el enemigo para desalojarme a mi del campo de batalla!
  El territorio de mi estrategia es infinito, y puedo fatigar, desconcertar, desarmar y doblegar al adversario, obligándolo a recorrer por toda la tierra distancias inmensurables, a combatir sin comer, ni beber, ni tomar aliento, la vida entera;  y cuando se acabe la tierra, a cabalgar por los aires sobre corceles alados, si quiere perseguirme por los campos de la imaginación y del ensueño.Y después, el enemigo no podrá renovar  su gente, por la fuerza o por el interés., que no resisten mucho tiempo, y entonces, o se queda solo, o se pasa al amor, que es mi conquista, y se rinde con armas y bagajes a mi ejército invisible e invencible….
  (Fragmento de una página del discurso de Joaquín V. González «La universidad y alma argentina» 1918).
 

 

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