Ganas de Escribir. Página web de Juan Torres López
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Las líneas del silencio

Francisco Piniella es un marino gaditano (piloto de Marina Mercante) que ha sido, además, concejal, catedrático de ciencias y técnicas de la navegación, decano de la Facultad de Ciencias Náuticas y rector de la Universidad de Cádiz.  Aunque estuvo embarcado varios años, es posible, por tanto, que haya sufrido más zozobras en los despachos que en alta mar. Lo considero amigo, aunque no haya tenido la suerte de tratarlo con frecuencia, porque siempre fue muy generoso conmigo, me recibió en su universidad y me presentó algún libro.

Ahora lo traigo a mi web porque acabo de terminar de leer su primera novela, Las líneas del silencio (Libros de la herida, 2025) y no me resisto a comentar las sensaciones que me ha producido su lectura.

La novela relata el transcurrir de varias generaciones de una familia real -no es difícil deducirlo-, que se desdobla, o que más bien se multiplica en el espacio, en el tiempo, en las desdichas y en los amores. De ahí el título: las líneas que en diferentes direcciones se prolongan, cruzándose unas veces, yendo en paralelo otras, proyectándose hacia la nada o quizá convergiendo a lo largo de las vidas de sus personajes.

Dice el autor al final de la novela que este género permite que sus personajes mueran y puedan volver a nacer cuando se abre de nuevo por su primera página. Sin embargo, lo que muestra esta obra es lo contrario: hay en la vida real seres corrientes y molientes que nacen y renacen varias veces, que tienen vidas que se solapan, y que no dejan de existir cuando su vida debiera haberse acabado.

No sé si el autor lo ha tenido en cuenta, pero tengo entendido que en geometría proyectiva todas las rectas de un haz (digámoslo, todos los miembros de la familia Pellegrini de la novela) comparten un punto, un origen. Y que, al extenderlas al infinito, resulta que cada dirección tiene su propio “punto en el infinito”. Es decir, todo lo que debiera habernos parecido que sería una dispersión infinita resulta que está organizado en una estructura cerrada.

La novela nos va narrado la dispersión de personas que viven su historia como líneas que parecen desviarse, pero obedeciendo, sin embargo, a una geometría durante mucho tiempo secreta que las ata sin que se sepa en el vacío.

La novela de Paco Piniella no es, en cualquier caso, el simple relato de una saga familiar, sino también un retrato, en muchas de sus partes extraordinariamente bien documentado, de la realidad española y de los exilios exteriores e interiores de sus diferentes personajes. Su condición de marinero, erudito de la mar y la marina, y de gran viajero le ayuda a dar realismo y credibilidad a una novela que a mí me parece de una factura compleja y muy difícil, pero que se resuelve con brillantez e interés. Se lee de un tirón, sin poder dejar de hacerlo una vez que se comienza, como yo -que carezco de recursos para criticar una obra de este tipo desde el punto de vista de la técnica literaria- creo que debe ocurrir con una buena novela.

Felicito a Paco Piniella por su obra y animo a las amigas y amigos que me leen a que hagan lo propio y disfruten descubriendo el mosaico cósmico y mágico que tejió a lo largo de cinco generaciones la saga de los Pellegrini.

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