Ganas de Escribir. Página web de Juan Torres López
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Lectura de verano: Trump 2.0. La economía del desorden y de la guerra de un imperio en declive

Al mismo tiempo que deseo feliz verano a quienes suelen pasar y leer mis textos en esta web, me permito recomendar la lectura de este nuevo dossier de Economistas sin Fronteras que he tenido el placer de coordinar.

Enlace en la web de Economistas sin Fronteras:https://ecosfron.org/

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8 comentarios

Elías 8 de agosto de 2026 at 02:49

Es la mìa, una sensación de desencanto y apunta a una de las mayores debilidades de la intelectualidad económica militante: la falta de propuestas de gestión sustitutivas y viables frente a los modelos que critican.
Cuando el análisis se limita de forma recurrente a señalar las fallas del «imperio», del neoliberalismo o de Estados Unidos, termina incurriendo en varios problemas de fondo:
1. Diagnóstico perpetuo sin hoja de ruta técnica
Criticar las desigualdades del modelo estadounidense o la desregulación financiera es relativamente sencillo porque sus fallos son visibles y medibles. Lo complejo —y donde se exige madurez a un académico con trayectoria— es ofrecer una alternativa operativa que mantenga la productividad y el dinamismo sin caer en el colapso del sector público.
Cuando las recetas alternativas se reducen a consignas generales (más impuestos a los ricos, más regulación, más gasto público) sin calcular la reacción de las inversiones, la pérdida de competitividad o los desincentivos a la innovación, el análisis deja de ser un instrumento de política económica y pasa a ser un discurso declarativo.
2. La resistencia a confrontarse con la evidencia
La insistencia en encajar la realidad en un esquema preconcebido suele tropezar con datos tozudos:
* El dinamismo estadounidense: Con todas sus asignaturas pendientes en sanidad, cobertura social o cohesión, el ecosistema económico de EE. UU. sigue siendo el principal motor mundial en innovación tecnológica, atracción de capital y absorción de mano de obra.
* El fracaso de los experimentos aplicados: Quienes asesoraron a regímenes como el venezolano bajo la promesa de crear un modelo «postcapitalista» rara vez han asumido responsabilidad técnica por el desastre económico resultante, optando por culpar al «bloqueo externo» o al «sabotaje del capital» en lugar de revisar la invalidez de sus propias hipótesis.
3. Del análisis académico a la rutina editorial
Con el tiempo, muchos economistas que adoptan un perfil altamente mediático corren el riesgo de transformar su producción teórica en una especie de «sermón» donde las respuestas están dadas de antemano, sea cual sea el problema: la culpa siempre recae en el mercado y la solución siempre pasa por la intervención del Estado.
El verdadero pragmatismo económico no consiste en aferrarse a un catecismo, sino en observar qué políticas funcionan para generar bienestar, respetar los incentivos reales de las personas y corregir los fallos del mercado sin asfixiar la creación de riqueza que financia ese mismo bienestar.

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Juan Torres López 8 de agosto de 2026 at 19:43

Muchas gracias por su comentario. Me siento muy identificado con lo que dice y critica. Como se puede ver en mi bibliografía, he dedicado casi 50 años de vida académica a proponer alternativas concretas y de eso van mis últimos libros.
También me identifico con lo que dice sobre los modelos latinoamericanos que se proponían superar el capitalismo como si eso fuera derrocar a un gobierno de un día para otro. Esos planteamientos han hecho mucho daño y los he criticado en muchos textos.
Mi último libro propone justo lo que usted dice: hay que huir de los catecismos y tratar de descubrir qué modelos o experiencias funcionan mejor y por qué.
Ya me hubiera gustado a mí ser un economista altamente mediático para que estos puntos de vista hubieran tenido más proyección. Pero es muy difícil serlo, como usted sabe perfectamente, defendiendo estos planteamientos.
También me agrada coincidir en qué no basta con imponer más impuestos a los ricos, más regulación y más gastos público, tal y como he escrito muchas veces. Hay que crear riqueza de otro modo, en la producción de bienes y servicios. No basta con re-distribuir a través de impuestos o gasto .
Sólo estoy en desacuerdo con usted en que no haya propuestas alternativas al modo en que funciona la economía capitalista de nuestro tiempo. Cómo he demostrado en mi libro Cómo sobrevivir al trumpismo y a la economía de la motosierra, hay muchas y están cerca de nosotros y muy bien documentadas en la teoría y en la práctica. Es posible que no sea que estemos en desacuerdo sobre esto, sino que usted lo desconoce.
Saludos

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Elías 9 de agosto de 2026 at 11:32

Coincido plenamente con usted en que el objetivo de la economía debe ser el pragmatismo, la creación de riqueza y la búsqueda de modelos que funcionen en la práctica, alejados de cualquier dogmatismo.
​Si me permite matizar mi reflexión, la cuestión que a mi juicio resulta verdaderamente relevante no es tanto mi conocimiento personal sobre sus publicaciones, sino un dilema más amplio que afecta a gran parte de la teoría económica heterodoxa: los cauces para que las propuestas alternativas pasen de la formulación teórica a la implementación práctica a gran escala.
​A lo largo de la historia, multitud de ideas surgidas en ámbitos académicos no mayoritarios han terminado siendo adoptadas por la comunidad internacional cuando han demostrado su capacidad tangible para generar prosperidad, incentivar la innovación y reducir la pobreza en el mundo real. Cuando una solución demuestra eficacia empírica, suele abrirse paso de forma natural en el consenso técnico global y en las políticas públicas de los países que más lo necesitan.
​Por ello, más allá de la proyección mediática que cualquier autor pueda desear, el gran desafío de las alternativas económicas sigue siendo su capacidad para alinearse con los incentivos del mundo real y convencer a los tomadores de decisiones de forma duradera.
​Le agradezco la oportunidad de intercambiar estos puntos de vista.
​Un cordial y afectuoso saludo.

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Juan Torres López 10 de agosto de 2026 at 00:14

Yo no he dicho ni nunca diría que el objetivo de la economía es el pragmatismo. Es un completo sinsentido
Discrepo sobre otra cosa. Quien verdaderamente ha tenido problemas para la implementación práctica de las formulaciones teóricas no es la economía heterodoxa, sino la economía ortodoxa.
Me serviría como prueba en contrario, que me ponga usted un ejemplo, uno solo, ni siquiera dos, uno solo, de alguna experiencia real que demuestre que las formulaciones del modelo neoclásico que se estudia en todas las facultades de economía del mundo se ha implementado en la práctica.
La economía completamente irreal e posible de llevar a la práctica es la economía ortodoxa, no la heterodoxa.
Dicho eso, no tiene usted en cuenta que la implementación práctica de una teoría económica no tiene que ver con la consistencia analítica de esa teoría, sino con el poder que tenga quien la defienda.
Quizás si formula su tesis con más claridad podríamos llegar a algún acuerdo
Saludos

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Elías 10 de agosto de 2026 at 06:35

Estimado señor Torres:
Le agradezco nuevamente que dedique su tiempo a profundizar en este intercambio. Valoro mucho su precisión conceptual, pues es precisamente en el matiz donde el debate se vuelve enriquecedor.
Permítame responder con claridad a los puntos que plantea:
1. Sobre el modelo neoclásico y su aplicación práctica
Entiendo perfectamente su matiz epistemológico: los modelos teóricos puros de competencia perfecta (con información perfecta, agentes 100% racionales y ausencia de costes de transacción) son abstracciones que no existen de forma ‘química en estado puro’ en la realidad. En eso tiene usted toda la razón.
Sin embargo, el éxito del marco neoclásico/ortodoxo no ha sido su aplicación literal como un dogma, sino su capacidad para servir de arquitectura de incentivos en el mundo real. Para ponerle el ejemplo concreto que solicita: la liberalización del comercio internacional y la integración de cadenas globales de valor (fundamentadas en el principio neoclásico de la ventaja comparativa y la asignación eficiente de recursos vía precios).
El caso de China a partir de 1978, o de Asia Oriental, no necesitó un modelo neoclásico ‘puro’ de libro de texto, sino la adopción de sus principios operativos fundamentales: apertura de mercados, incentivos a la propiedad privada, fijación de precios por oferta y demanda y atracción de capitales. El resultado práctico de esa adopción pragmática de la lógica de mercado fue la mayor reducción de la pobreza extrema en la historia de la humanidad (más de 800 millones de personas según datos del Banco Mundial). Ese es un ejemplo claro de cómo la lógica ortodoxa del mercado, adaptada a la realidad, ha transformado el mundo tangible.
2. Sobre el papel del poder frente a la validez de las ideas
Coincido con usted en que el poder político y económico influye enormemente en qué modelos se imponen. Es innegable. Pero reducir la hegemonía de la economía de mercado únicamente al «poder de quien la defiende» deja fuera un factor decisivo: la preferencia voluntaria de los individuos.
Los flujos migratorios globales, las decisiones de inversión, la creación de empresas y las elecciones de consumo diarias de miles de millones de personas no ocurren por imposición militar o corporativa, sino porque las economías de mercado ofrecen un dinamismo, una libertad de elección y una prosperidad material que los modelos dirigidos o fuertemente intervenidos no han logrado replicar de forma sostenible.
Sintetizando mi tesis:
Mi planteamiento principal no es que el modelo actual sea perfecto o inmune a fallos —los tiene, y corregirlos es tarea imprescindible de la política económica—, sino que los modelos teóricos valiosos son aquellos que consiguen conciliar sus ideales con los incentivos reales de la conducta humana. Cuando una teoría necesita la ausencia de fallos humanos o un poder político omnipotente para funcionar, el problema suele estar en el diseño de la teoría, no en la realidad que se resiste a cumplirla.
Le reitero mi agradecimiento por este espacio de discusión tan estimulante.
Un cordial saludo.

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Juan Torres López 10 de agosto de 2026 at 12:26

Veo que tiene usted una relación muy estrecha con la inteligencia artificial. He estado 48 dando clase y corrigiendo exámenes….
Saludos

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Elías 10 de agosto de 2026 at 07:12

Estimado señor Torres:
​Añado una breve pincelada a mi mensaje anterior, únicamente por el ánimo de precisar con un dato empírico el ejemplo de China que le mencionaba.
​Resulta ilustrativo observar la relación causa-efecto de su transición desde 1978. Tras el abandono de la economía planificada de la era Mao y la introducción de reformas de mercado (libertad de precios, incentivos a la producción agrícola, inversión privada y apertura al comercio exterior):
​El efecto en la desigualdad: El coeficiente de Gini se disparó, pasando de un ~0,22 (la «igualdad en la pobreza» del periodo maoísta) a rozar el 0,49 en la década de 2000.
​El efecto en la prosperidad: Paralelamente a ese incremento de la desigualdad relativa, más de 800 millones de personas salieron de la pobreza extrema según datos del Banco Mundial.
​Este fenómeno encaja con la Curva de Kuznets y demuestra cómo los incentivos del mercado, aun generando brechas de renta, han sido la herramienta pragmática más potente de la historia reciente para la erradicación masiva de la miseria.
​Nuevamente, le agradezco este enriquecedor intercambio.
​Un cordial saludo.

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Juan Torres López 10 de agosto de 2026 at 12:24

Ese razonamiento suyo me suena mucho a la falacia de la que habla Samuelson en su manual de economía: post hoc, ergo propter hoc. Dice que hay que tener mucho cuidado con eso.

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