A mí, francamente, no me sorprende que Berlusconi gane las elecciones en Italia. Lo sorprendente, en todo caso, es que se siga hablando de democracias cuando una sola persona puede llegar a tener su riqueza, el poder personal capaz de hacer que no sea condenado por los delitos que de manera evidente ha cometido y la propiedad y el control de la mayoría de los medios de comunicación como los tiene él.
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