Manuel Chaves en el país de las maravillas

Manuel Chaves en el país de las maravillas

Juan Torres López. Catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Málaga.
Juan Luis Millán Pereira. Profesor Titular de Economía Aplicada de la Universidad de Málaga.

 

La prensa se ha hecho eco ampliamente de dos ideas económicas principales expuestas por el Presidente Chaves en su última comparecencia parlamentaria. Una se ha convertido ya en una especie de latiguillo y no sorprende, la otra es una novedad en el discurso económico del Presidente andaluz. Creemos que vale la pena comentarlas siquiera sea sumariamente.

 

Se refiere en primer lugar el Presidente Chaves a que la economía andaluza va bien y que ha hecho convenientemente los deberes porque crece más que la nacional. Como decimos, es ya habitual que nuestras primeras autoridades utilicen la tasa de crecimiento del PIB como único y principal referente para mostrar la bondad de nuestra evolución económica. No podemos dejar de señalar que el mero crecimiento de la actividad económica no indica, sin embargo, cuál es la naturaleza y la calidad de la actividad que se está generando. Cada vez son más los economistas que advierten sobre la necesidad de tomar en consideración otros parámetros relativos a la condición estructural de la economía y de su contexto para poder enjuiciar con verdadero fundamento, no sólo la evolución de un quantum, sino el nivel de bienestar efectivo que genera la actividad que se lleva a cabo. En cierto sentido, a la economía (y mucho más a una como la andaluza, aún con graves desequilibrios y desajustes internos) le ocurre lo que a cualquier organismo vivo: el crecimiento puede ser nefasto si lo que está creciendo es un organismo imperfecto.

 

Imaginemos por un momento que el año pasado la economía andaluza y la española hubieran generado exactamente el mismo incremento de actividad. Las dos habrían tenido la misma tasa de crecimiento del PIB. Supongamos, sin embargo, que la única diferencia fuese que aquí hubo unos vertidos en Aznalcollar que obligaron a contratar personal, maquinaria y demás actividades de limpieza. La economía andaluza, entonces, registraría una tasa de crecimiento del PIB mayor que la española, pero, ¿se atrevería alguien a decir que su evolución había sido mejor?

 

Es un gravísimo error que nuestros dirigentes políticos no se percaten del simplismo implícito en considerar tan sólo la evolución del PIB. De esa manera, como es lógico y natural, las estrategias que se diseñen no irán orientadas sino a procurar que éste crezca, sin poner en primer plano los problemas de calidad que son los que verdaderamente condicionan el bienestar social.

 

Sólo un ejemplo del triunfalismo vacío al que puede llegar este tipo de actitudes. Según el último Informe ESECA sobre la economía andaluza, ésta última registró en 1997 una tasa de crecimiento del PIB del 4,8%, mientras que la española fue del 3,9%. Sin embargo, hay que considerar que esa gran diferencia es el resultado principalmente de que nuestro sector primario creció un 11,8% y el español el 4,5%. Sin considerar la agricultura, nuestra economía sólo creció una décima más que la española.

 

Ese peso tan grande de la agricultura en la tasa de crecimiento global indica por sí mismo cómo la tasa de crecimiento del PIB es una parámetro demasiado grosero. En el ejercicio anterior, nuestras autoridades también proclamaron a los cuatro vientos que el PIB andaluzhabía tenido una evolución magnífica creciendo un 4,7% en 1996. Pero olvidaban que la agricultura había crecido un 29,1%, la industria sólo un 1% y los servicios un 2,8%, lo que es una muestra bien evidente de que detrás de la cifra aparentemente mágica del PIB se ocultan los verdaderos desajustes de nuestra economía.

 

Mientras no queramos contemplarlos muy difícil será que podamos luchar contra ellos. Andalucía subsidiada

 

La segunda y muy novedosa idea del Presidente Chaves es que la línea de la subsidiación ya no pasa por el sur. Se trata, así expresado, de un pensamiento que puede interpretarse de muchas formas. Pero es evidente que se quiere dar a entender que la economía andaluza ya no es la economía dependiente del subsidio y la transferencia.

 

En nuestra modesta opinión, si esto es lo que se quiere dar a entender, se está faltando a la verdad. O, al menos, se están esquivando aspectos aún muy significativos de nuestra economía.

 

Cuatro tipos de datos pueden confirmar lo que decimos y hacer dudar de lo expresado por el Presidente Chaves.

 

En primer lugar, hay que recordar que una cuarta parte de las rentas de la actividad agraria, cuya papel determinante del crecimiento del PIB andaluza acabamos de señalar, provienen de
subvenciones. Es sencillamente obvio que sin ellas caería estrepitosamente no sólo la producción y la renta agraria, sino las totales.

 

En segundo lugar, y para poder analizar con rigor la mayor o menor dependencia de transferencias y subsidios, hay que contemplar, de entre los datos disponibles, la evolución de la renta interior y la renta disponible. Entre 1994 y 1997, la distancia entre el Producto Interior Bruto per capita andaluz y el español se redujo en 0,81 puntos. Por su parte, la distancia de la Renta Familiar Disponible por habitante disminuyó en 1,72 puntos.

 

Eso indica claramente y sin ninguna duda que las rentas exógenas (provenientes de subvenciones, transferencias sociales o de una menor imposición) tienen una evolución mucho más favorable que la que registra nuesta capacidad de generar rentas endógenas. Sólo un optimismo desorbitado o un triunfalismo nada realista puede entender que se ha roto la dependencia de nuestra economía de las transferencias y demás rentas exógenas. Nos guste o no, seguimos siendo muy dependientes de ellas. Lo que equivale a decir que no somos aún capaces de generar el suficiente impulso endógeno que precisa nuestra economía.

 

En tercer lugar, y también para conocer la realidad de esta mayor o menor dependencia se puede acudir al análisis de las rentas personales. Desgraciadamente, los últimos datos de los que podemos disponer son los de la Encuesta de Presupuestos Familiares de 1991, entre otras cosas, porque nuestro gobierno no ha tenido interés en encargar al Instituto de Estadística de Andalucía la obtención de datos de este tenor. Salvo que el Presidente Chaves conozca datos que nosotros no conocemos, lo que hoy día sabemos es que, en aquel año, casi la tercera parte de la población –el 27,6% exactamente- tenía como principal fuente de ingreso las transferencias sociales. Este porcentaje fue, en el conjunto español, del 22%.

 

¿Habrá mejorado esta situación en los últimos años? Creemos que es muy posible que así haya ocurrido, pero desde luego no de una manera significativa, y nunca como para poder afirmar que haya desaparecido la enorme dependencia que refleja ese porcentaje. Esto es así porque el nivel de paro no se ha reducido de forma sustancial en Andalucía, que sigue manteniendo la tasa más alta de España. También lo corrobora el hecho de que ahora haya 188.000 pensionistas más que hace ocho años, y casi 83.000 perceptores más de subsidio de desempleo. Téngase en cuenta, por ejemplo, que nuestra población representa aproximadamente el 18% de la nacional y, sin embargo, en Andalucía radican el 32% de las prestaciones asistenciales de todo el Estado.

 

Finalmente, no puede olvidarse que Andalucía recibe más de 400.000 millones de pesetas de diversos fondos comunitarios europeos, casi la cuarta parte de nuestro presupuesto autonómico, lo que también muestra bien a las claras que ese tipo de subvención juega un papel determinante en nuestra actividad económica.

 En definitiva, nuestra opinión es que resulta cuanto menos muy optimista creer y hacer creer que la economía andaluza ha dejado de padecer la gran dependencia hacia las rentas exógenas que le ha sido caracterísca en los últimos decenios. Las realidades no se transforman simplemente imaginando que son de otra forma. 

El papel de la redistribución

 

Pero quizá lo más sorprendente del caso sea que las palabras del Presidente parecen obviar un hecho esencial. Queramos o no, nuestra economía es más pobre que otras, sencillamente porque ha sido empobrecida a causa de un sistema de relaciones socio-políticas que generó desarticulación y dependencia. Por ello es justo que ahora reciba más rentas exógenas, si es que funciona adecuadamente un necesario sistema de redistribución de la renta y la riqueza.

 

¿Es mala intrínsecamente la subsidiación? Creemos que lo es cuando ahoga la iniciativa, cuando frustra el espíritu emprendedor, cuando se destina, como a veces ocurre, a mejorar la situación de los que ya gozan de más ventajas. Pero, por el contrario, nadie puede renegar de las transferencias sociales, como ahora está en boga en virtud de las ideas neoliberales dominantes.

 ¿Es que ya Andalucía no es más pobre que otras comunidades, es que acaso hemos igualado nuestra renta a la de las más ricas, es que tenemos el mismo tejido industrial, la misma tecnología, las mismas infraestructuras o las mismas redes de transporte, los mismos niveles de servicios sociales, educativos o culturales? 

Puesto que no es así, no podemos renegar de la trasferencia y de la subvención. Todo lo contrario, debemos procurar que se refuercen los mecanismos, hoy día puestos en cuestión, de
redistribución económica y de cohesión social.

 

La ganancia media mensual de un trabajador del Pais Vasco es casi sesenta mil pesetas mayor que la de un andaluz y quince mil la del español medio. ¿No es eso una clara expresión de que los andaluces no estamos en las mismas condiciones que los ciudadanos de otras comunidades? Si nos dejamos llevar por el discurso neoliberal dominante que abjura de la redistribución, lo que conseguiremos será que se refuercen los mecanismos desigualadores del mercado que son los causantes de nuestro atraso. Y, además, que se agrave nuestra situación comparativa.

 

Es verdad que Andalucía recibe menos subsidios en términos comparativos ahora que hace unos años, pero eso es, sencillamente, la expresión de que no hemos tenido el poder político suficiente para mejorar nuestra posición en el reparto general. Eso es lo que explica, por ejemplo, que Cataluña, que es más rica que Andalucía, tenga mayor volumen de transferencias sociales por habitante que nosotros. Que la cobertura del subsidio de paro sea del 43,9 % en nuestra Comunidad y del 50,4 en el conjunto nacional, que la pensión contributiva media del sistema de la Seguridad Social sea de 66.900 ptas. en Andalucía, de 90.300 ptas. en el País Vasco o de 71.900 ptas. en el total español.

 Valga un solo dato final. Cataluña tiene casi un millón cien mil habitantes menos que Andalucía y, sin embargo, allí hay 140.200 pensionistas más que aquí. A veces puede ocurrir que por creer equivocadamente que todo marcha bien, terminemos por jugar el papel que menos interesa a Andalucía.

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