Marcos y Teodulfo: Un poeta de palabra, una persona consecuente

Marcos y Teodulfo: Un poeta de palabra, una persona consecuente

Ayer lunes se presentó en mi universidad el libro de Teoldulfo Lagunero, «Una vida entre poetas». Pasamos un rato genial oyéndolo a él y a Marcos Ana contar sus experiencias.

 

Podría relatar aquí casi literalmente todo lo que nos dijeron porque los oí fascinado pero solo voy a recordar dos cosas, una de cada uno.

 

Nos dijo Marcos Ana que al salir después de veintidós años de la cárcel de Franco (ese terrorista del que tantos dirigentes del Partido Popular dicen ahora que hay que respetar porque nos trajo «una España en paz») se propuso un compromiso: dedicar el resto de su tiempo a quienes aún quedaban en las cárceles. Como el propio Teoldulfo subrayó después, ha cumplido su palabra sin perder ni un solo instante. Su vida es un compromiso militante con quienes sufren y, sobre todo, con quienes han perdido la libertad. Por eso Marcos Ana se ha convertido en un símbolo de paz y de solidaridad, cuya trayectoria debería enseñarse en los colegios para que los jóvenes apreciaran el valor de la democracia y de la libertad.

 

Teodulfo lo propone como candidato al Premio Nobel de la Paz, propuesta a la que me sumo y sobre la que hablaré con él para que se active y a la que pueda sumarse mucha más gente.

 

Por su parte, Lagunero contó otra anécdota que vale la pena recordar siempre. Contó que la primera vez que habló con Dolores Ibárruri le preguntó qué podía hacer para ayudar al Partido Comunista y a su causa de libertad. Dolores le dijo simplemente «Ser consecuente». No necesita comentarios.

 

Al final, María Eloy recitó un  poema de Marcos y él mismo también lo hizo:

 

hp

 

Cómo es la vida?

 

Decidme cómo es un árbol.

 

Decidme el canto de un río cuando se cubre de pájaros.
Habladme del mar. Habladme
del olor ancho del campo.
De las estrellas. Del aire.
Recitadme un horizonte
sin cerradura y sin llaves
como la choza de un pobre.
Decidme cómo es el beso
de una mujer. Dadme el nombre
del amor: no lo recuerdo.
(¿Aún las noches se perfuman
de enamorados con tiemblos
de pasión bajo la luna?
¿O sólo queda esta fosa,
la luz de una cerradura
y la canción de mis losas?)
22 años. Ya olvido
la dimensión de las cosas,
su color, su aroma… Escribo
a tientas: «El mar», «El campo…
Digo «Bosque» y he perdido
la geometría del árbol.
Hablo por hablar de asuntos
que los años me borraron.
…  …  …  …  …  …  …
(No puedo seguir: escucho
los pasos del funcionario).

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