Más sobre Repsol

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El lunes pasado, el diario SUR publicaba un editorial con un malvado y significativo título: «Bolivia acosa a Repsol«. Hoy aparece publicada la siguiente carta que envié al director, quien no ha tenido a bien publicarla completa:

 

Señor Director:

 

Su diario publicó el lunes 28 un editorial sobre el «acoso» de la justicia boliviana a Repsol que merece algún comentario. Sorprende que un diario democrático y en un país igualmente democrático se sorprenda de que la justicia de otro país investigue un posible delito. ¿Qué deben hacer en su opinión los jueces bolivianos si estiman que Repsol ha violado la ley?; ¿es que por ser Bolivia un pueblo pobre no tiene derecho a investigar si allí  se cometen delitos?, ¿hablamos en España de persecución cuando nuestros jueces llaman a declarar a presuntos delincuentes?

Los delitos por los que Repsol ha sido o está siendo investigada allí son relativamente fáciles de investigar: fraudes comerciales y, sobre todo, contrabando. ¿No sería más lógico, en lugar de hablar de persecución, solicitar que la justicia actúe y que, si efectivamente se hubieran cometido, que lo haga con toda su fuerza, teniendo en cuenta que esos delitos nos avergonzarían a los españoles de bien por ser especialmente inmorales, ya que se habrían cometido contra una nación en donde el 65% de sus habitantes son pobres?

¿Por qué nos preocupa tanto que pudieran ponerse de evidencia esos hechos y por qué se quiere evitar que se investigue a Repsol? ¿No tendrá que ver, más bien, con su potencial publicitario que con la legitimidad de los jueces bolivianos?

Juan Torres López

 

La parte de la carta que no se ha publicado (¿porque era demasiado larga?) es la que venía inmediatamente después del texto anterior y decía lo siguiente:

 

Dice, por otra parte, el editorial que “resulta inimaginable que empresas de la envergadura, tradición y reputada solvencia de Repsol cometan marrullerías de poca monta para mejorar sus cuentas de resultados”. Déjeme decirle, señor director, que ese juicio editorial denota una ignorancia muy grande de los hechos sociales de nuestro tiempo: no sé si Repsol comete “marrullerías de poca monta” pero lo que está demostrado de modo fehaciente es que las ha cometido de muchísima monta, tanto en el campo estrictamente económico y financiero como, sobre todo, en el ambiental. Basta ver las denuncias, las muertes de indígenas, los despoblamientos forzados, los destrozos ambientales, …Dice también la editorial para defender a Repsol que la obligación de las empresas mercantiles consiste en retribuir lo mejor posible a sus accionistas. Por supuesto que sí, pero usted sabe mejor que nadie que esa obligación debe combinarse con la responsabilidad social y con la ética. No ocurre así con Repsol cuando basa su rendimiento en la explotación intensiva y sin miramiento alguno, tanto del trabajo como de los recursos naturales.Es precisamente por eso que su reflexión final sobre el efecto de las causas judiciales en el crecimiento económico de Bolivia también carecen de fundamento: ¿sabe usted señor director que por cada dólar que Repsol deja en Bolivia se lleva unos 25?, ¿sabe usted que en 2003, cuando el precio del petróleo era de unos 25 dólares, el coste de explotación de Repsol en Bolivia era de unos pocos centavos dados los sueldos y los impuestos miserables que pagaba? ¿no es eso, más bien, lo que empobrece a un país, en lugar de que la justicia, con todo derecho, trate de perseguir a los delincuentes?Finalmente, señor director, quiero decirle que me siento orgulloso de ser español pero que de ninguna manera siento que mis intereses se identifiquen con los de Repsol. Es más, siento vergüenza, precisamente como español, de su actuación irresponsable en esos pueblos latinoamericanos que lo que necesitan y esperan de España es hermandad, ayuda y solidaridad, y no la rapiña de sus empresas.
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