Mi último día en la Universidad de Málaga

Mi último día en la Universidad de Málaga

 Hace ahora justo veinticuatro pedía la excedencia como profesor adjunto de la Universidad de Granada para incorporarme como catedrático contratado a la de Málaga. Es decir, hacía entonces el recorrido contrario al que deseaban hacer la inmensa mayoría de los profesores de universidad: pasaba de funcionario a profesor contratado. Poco tiempo después hice un concurso de acceso y gané la cátedra de Economía Aplicada.
 Ahora, tanto tiempo después, tomo también un camino contra corriente: el próximo lunes impartiré mis primeras clases como profesor de la Universidad de Sevilla. En principio, de forma «prestada», en lo que llamamos en España una «comisión de servicios», y espero que pronto de forma definitiva.
 Llegaré allí a un departamento numeroso como lo que soy, el último en llegar y el último en importancia, y con la voluntad e ilusión de servir a mis alumnos y de ayudar en lo que pueda a mis colegas. Nada más, pero nada menos.
 Aquí, en la Universidad de Málaga, dejo muchas cosas: recuerdos magníficos, multitud de amigos, tareas cumplidas y otras por hacer, agradecimiento inmenso a muchas personas, alguna que otra indiferencia y ni la más mínima gota de rencor hacia nadie. También, por supuesto, errores más o menos graves y cosas que hice mal, de todas las cuales me arrepiento y por las que pido sinceramente disculpas.
 Haré hasta el último momento lo que he procurado hacer, no sé si mal o bien, todo este tiempo: tratar de devolver a la sociedad lo que ésta me dio permitiéndome estudiar y aprender. A media tarde de mañana viernes terminaré de coordinar una jornada de estudios sobre mujeres e inmigración y después me iré a visitar un rato, aunque sea pequeño, a mis amigos los Estudiantes por una Economía Crítica que se encuentran reunidos el fin de semana para preparar sus actividades del próximo curso.
 Con ellos quiero pasar mis últimos momentos académicos en la Universidad de Málaga y lo haré precisamente porque no forman parte de las mafias estudiantiles a las que apoyan los decanos y los gobiernos universitarios, sino que son los estudiantes a los que las llamadas autoridades académicas y los profesores «de bien» no dan nunca nada porque no son cómplices de su poder, porque no admiten privilegios y porque son eso, jóvenes críticos, valientes, rebeldes y ejemplares a los que quiero y de los que tomo fuerza para seguir estando contra la corriente.
 Fernando García, que es una de las personas a las que más quiero (aunque lamentablemente no se lo demuestre tan a menudo como debiera), ha transcrito en su web una frase del genial Jesús Ibáñez con la que en estos momentos quisiera identificarme más que nunca:
 «Sólo los nómadas descubren otros mundos. Hay que saber pervertir la ley -jugar con ella- y, a veces, subvertirla -ponerla en cuestión- para cambiar y/o quitar la ley: provocar malos pensamientos en los bienpensantes, asediar las sedes de la verdad, el bien y la belleza. Sólo los malditos mejoran este mundo».
 La verdad es que con esa intención me voy a Sevilla, dispuesto a seguir provocando malos pensamientos y a seguir siendo un maldito.
 Allí me tenéis a partir del lunes y desde allí seguiré en contacto con los lectores de la web. Y, como despedida de Málaga y bienvenida en Sevilla os regalo este haiku: 

 

  No me incomodan
  las sombras ni el camino
  huelo a nardos
 

 

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