"¡Ningún rojo con cabeza!"

"¡Ningún rojo con cabeza!"

El argumento que utilizó el fiscal para lograr que se condenara a Antonio Gramsci fue una de las expresiones más claras de la obsesión que la extrema derecha tiene con el pensamiento que no le satisface: «es necesario que ese cerebro deje de funcionar durante veinte años», dijo el acusador fascista. Esta mañana, en realidad casi de noche -como si solo la oscuridad pudiera iluminar el exabrupto neonazi- he fotografiado una pintada que por su doble sentido me ha recordado la obsesión. Quizá lo que esos brutos quieren es solamente que seamos como ellos, descerebrados.

 

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