Otros valores

Otros valores

Unos pocos días después de que 300 personas presentáramos un manifiesto con el título Otra política y otros valores para salir de la crisis, el cardenal Rouco Valera se ha reunido con los grandes empresarios españoles para promover una fundación que trata de convertir a Madrid en una «ciudad de valores». Nunca pensé que íbamos a disponer tan rápidamente de una manifestación tan evidente de los valores que no queremos quienes firmamos ese manifiesto (o al menos yo). No queremos los valores de un prelado ultraderechista que concibe su credo como una frontera frente a quienes no lo comparten, de un fundamentalista que no respeta las creencias que no sean la suyas, amigo y cómplice de los poderosos y que persigue a los humildes aunque éstos sean de su propia iglesia, el socio de los defraudadores de hacienda; no queremos los valores de esos grandes empresarios poderosos a los que la justicia no puede ni siquiera enjuiciar gracias al poder que tienen, que eluden los impuestos y que recurren a los paraísos fiscales y defraudan a hacienda para ganar todavía más dinero del que aquí acumulan, que no respetan el medio ambiente y que solo saben competir ahorrando costes salariales y degradando las condiciones laborales de sus trabajadores. Y no queremos los valores que los unen a todos ellos porque son los valores del egoísmo, de la avaricia, de la insolidaridad con las personas y con la naturaleza, el del lucro como único horizonte.
Eso sí, al menos les debemos agradecer que no disimulen su connivencia, su querencia mutua, su empatía, que se fotografíen uno al lado del otro para que sepamos que están juntos, que van de la mano, que tienen los mismos objetivos y les unen los mismos valores. Así ya no pueden engañar a nadie. Así que ahí va la foto del Príncipe de la Iglesia con los presidentes de las grandes empresas españolas (obsérvese, por cierto, qué bonito detalle: el color de la faja del prelado coincide con el de la corbata del banquero más rico de España que fue el encargado de llamar a filas a los demás. Y también el detalle tan habitual entre ese tipo de gente de que no haya ni una sola mujer).
Lo que yo me pregunto es si vamos a dejar que esa tropa se salga con la suya.

 

roucocia

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