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¿Por qué odian a Europa?

En las últimas semanas he escrito tres artículos sobre Europa (este, este y este) en los que vengo a decir que la Unión Europea, sus valores, principios y propósitos iniciales, han sido traicionados y puestos al servicio de grandes corporaciones y grupos de poder. Se ha alcanzado tal grado de sumisión, incoherencia e impotencia política que, al menos a mí, incluso me avergüenza sentirme europeo.

Sin embargo, en esta situación se produce una paradoja que conviene resolver si queremos reflexionar con lucidez sobre nuestro futuro: si la Unión Europea está “encadenada”, según la expresión de Sami Naïr en el título de su última obra; si no pone en práctica los valores progresistas originales; si ha sido y sigue siendo una socia fiel de Estados Unidos y ha aceptado someterse a sus dictados, ¿por qué la odian los grandes líderes del nuevo capitalismo tecnológico que tratan de dominar el mundo y que utilizan al trumpismo y a la extrema derecha global para lograrlo?, ¿por qué Trump la desprecia e insulta? ¿por qué no disimulan —como se hace en el reciente documento sobre Seguridad Nacional de la administración estadounidense— que desean destruirla y reducir a la nada su presencia e influencia en el mundo?

Dar respuesta a estas preguntas es fundamental para no caer en el antieuropeísmo que conduce a un peligro letal: el que lleva a renunciar a condiciones indispensables para frenar la ofensiva totalitaria que se extiende avanzando, al mismo tiempo, hacia un mundo diferente basado en la democracia, la justicia, la libertad y la paz.

Mi respuesta general a estas preguntas es sencilla: la extrema derecha trumpista no odia a Europa porque funcione mal, sino porque se resiste a dejar de ser la Europa que pudo ser. Aunque haya sido traicionada, esté encadenada, burocratizada y moralmente desorientada, la Unión Europea todavía encarna principios que son estructuralmente incompatibles con el tipo de economía y sociedad que impone el nuevo capitalismo tecnológico oligárquico, autoritario y tendencialmente neofeudal que se extiende. En concreto, hay cinco elementos que siguen estando presentes en Europa y que este último no puede admitir.

1.⁠ ⁠Han hecho que Europa sea principalmente un mercado, pero sigue siendo un límite.

El nuevo capitalismo que tiene al trumpismo como bandera política concibe —o quizá sería más preciso decir que necesita— al Estado como una empresa, a la ciudadanía como clientela, a la política como intercambio y al poder como el ejercicio de un derecho que nace de la propiedad privada.

La Unión Europea, incluso en su versión claramente disfuncional y sometida a la lógica que imponen los grandes poderes económicos y financieros, no se corresponde plenamente con esa concepción de la sociedad y la política.

Europa sigue siendo un espacio posnacional, lo cual es inaceptable para el nacionalismo autoritario en el que se basa el nuevo capitalismo. Y continúa estando sostenida, al menos formal o declarativamente, por un entramado de derechos positivos que no están definidos exclusivamente para proporcionar libertades de mercado. Aunque el espacio europeo adolece de un profundo déficit democrático, conforma sin embargo un sistema en el que el poder no es plenamente discrecional.

2.⁠ ⁠El modelo social europeo conserva herejías imperdonables para el nuevo capitalismo.

El “modelo social europeo”, aunque esté siendo erosionado desde dentro, conserva tres herejías imperdonables para el nuevo capital tecnológico y para el capitalismo de concentración exacerbada de la riqueza: la idea de que el mercado debe ser regulado —algo que, además, se convierte en práctica cotidiana en Europa—, el reconocimiento de derechos sociales universales y prevención, por muy debilitada que esté, frente al poder concentrado.

El nuevo capitalismo oligárquico de las plataformas, las big tech y las finanzas algorítmicas necesita, por el contrario, desregulación radical, Estados débiles o capturados, condiciones legales que permitan el trabajo precarizado, no sindicalizado y despolitizado, y ciudadanos convertidos en datos.

Europa, sin embargo, aún regula, sanciona, protege datos y limita monopolios —aunque lo haga mal y tarde, pero lo hace—. Y el nuevo capitalismo, sencillamente, no puede prosperar ni siquiera existir en un marco así.

3.⁠ ⁠Europa es deliberativa y, por ello, “ineficiente”.

Europa es deliberación constante. Necesita articular consensos complejos para poner de acuerdo a una diversidad enorme de intereses, instituciones, sujetos y naciones. Por ello es casi siempre lenta, y sus negociaciones producen a veces monstruos. Todo ello la hace “ineficiente”, o peligrosa si se quiere, para quienes solo se proponen sacar adelante su negocio sin consideración alguna sobre las externalidades o los daños que produce, ni sobre responsabilidad alguna.

El nuevo autoritarismo tecnológico necesita decisión rápida, opacidad, concentración del poder y ausencia de conflicto democrático. Todo lo contrario de lo que hay en Europa: procedimientos largos, contrapesos, tribunales, normas comunes y negociación constante. Para quienes aspiran a ser los nuevos amos del mundo todo ello no es sino un obstáculo operativo detrás de otro; fricciones que generan costes y limitan el beneficio.

4.⁠ ⁠Europa conserva una memoria genética quizá indeleble: el poder puede domesticarse.

Aun dando por bueno que Europa ha sido sometida y se ha desfigurado, la realidad es que conserva una especie de huella genética original que posiblemente no se pueda borrar, por mucho que unos y otros se empeñen: la idea de que el poder se puede domesticar.

Aunque cada día que pasa sea menos evidente y vaya quedando en rincones cada vez más alejados del subconsciente colectivo, en esa huella está marcado algo esencial: Europa nació del trauma, del fascismo, de las guerras y del genocidio, del rechazo a los Estados totalitarios, y por eso, a pesar de todo, desconfía del líder fuerte, de la ausencia de reglas —incluso en el sacrosanto mercado— y de la fusión entre dinero, tecnología y poder político.

Justo lo contrario de lo que necesita y persigue el nuevo capitalismo y su extrema derecha neofeudal: líderes carismáticos, empresarios soberanos, tecnólogos que diseñan la marcha del mundo y una democracia vaciada, reducida a mero espectáculo. Frente a ello, la memoria interna de Europa sigue siendo incómoda.

5.⁠ ⁠No la odian por lo que es hoy, sino por lo que podría ser.

En realidad, el nuevo capitalismo no odia a Europa por lo que es hoy. Nuestros dirigentes, con von der Leyen y el canciller alemán a la cabeza, se empeñan cada día en demostrar que no deberían tenerle temor alguno. La odian por lo que podría ser.

Europa no es peligrosa por su presente, por lo que vienen haciendo sus líderes desde hace décadas, sino por su potencial. Si Europa recuperara soberanía política, democratizara su economía, controlara seriamente el capital tecnológico, reforzara los derechos sociales y apostara por bienes públicos europeos que proporcionen seguridad y autonomía a sus pueblos, se convertiría en el único bloque capaz de ofrecer una alternativa sistémica al capitalismo autoritario oligárquico.

Es por lo que podría hacer —y no por lo que hace— por lo que quieren una Europa fragmentada y rota, débil, ridiculizada y sumisa incluso en las formas. Detrás del odio no hay desprecio, sino prevención estratégica.

Europa hoy funciona mal, tiene dirigentes mediocres y aplica políticas que generan malestar, inseguridad y desafecto ciudadano. El comportamiento servil de sus líderes avergüenza. Pero lo cierto es que su ADN de libertades y democracia, por imperfecto que sea, sigue siendo una piedra en el zapato del nuevo capitalismo, porque le marca un límite histórico, político y moral.

6.⁠ ⁠Europa como problema geoestratégico

Por último, hay una razón adicional, de carácter geoestratégico y de fondo, que explica el odio del trumpismo y de la extrema derecha global hacia Europa y que no puede pasarse por alto.

La Unión Europea es hoy el único gran espacio económico integrado del mundo que, aun estando subordinado, no está completamente sometido ni al nuevo capitalismo tecnológico oligárquico ni a una soberanía estatal única que lo controle sin fisuras. Su peso económico, su capacidad regulatoria con efectos globales, su posición central en las cadenas de valor y su ubicación estratégica entre Estados Unidos, Rusia, China, África y Oriente Medio la convierten en un territorio decisivo que ningún proyecto hegemónico puede permitirse dejar fuera de control.

En el escenario que está marcando el nuevo capitalismo, una Europa políticamente autónoma, capaz de definir una política industrial propia, construir soberanía tecnológica, energética y financiera y dotarse de una arquitectura de seguridad independiente, sería un competidor sistémico. No tanto por su poder militar como por su capacidad de establecer reglas, estándares y límites al poder económico global. Por eso, la estrategia de Estados Unidos nunca ha sido fortalecerla ni integrarla como aliada en pie de igualdad, sino mantenerla fragmentada, dependiente, militarmente subordinada, tecnológicamente vulnerable y políticamente irrelevante como actor global. No ha tratado ni tratará de conquistar Europa, sino de neutralizarla como sujeto histórico, incluso —como ya ha comenzado a ocurrir— implicándola en conflictos bélicos derivados de escaladas geopolíticas que han desembocado en guerras como la de Ucrania.

Las élites políticas, económicas y tecnocráticas dominantes en Europa no van a defender ese ADN europeo de democracia, bienestar y libertades. La mayoría ha demostrado con claridad que la prefiere subordinada pero funcional para los grandes intereses económicos antes que autónoma al servicio de sus pueblos. Ante la ofensiva que se avecina, su reacción previsible será una combinación de seguidismo estratégico, retórica vacía sobre los valores y profundización de políticas que fragmentan, militarizan y debilitan aún más el proyecto europeo.

Si esa dinámica se impone, Europa se convertirá definitivamente en un espacio sin proyecto propio, gestionado desde fuera y administrado desde dentro por élites cada vez más desconectadas de la ciudadanía.

Hay que evitar, por tanto, caer en un doble error: plantear “el problema europeo” como un simple enfrentamiento con Trump y dejar la defensa de Europa en manos de quienes la han vaciado de contenido democrático y social. Europa solo puede tener futuro como tal si se la rescata del doble naufragio al que la empujan, por un lado, el autoritarismo oligárquico global y, por otro, el conformismo tecnocrático interno.

Ese rescate no concierne exclusivamente a las izquierdas tradicionales, hoy debilitadas y desorientadas, sino a todos los movimientos sociales, culturales y políticos que aspiran a un mundo de libertades reales, democracia sustantiva, justicia social y paz. Defender Europa no significa aceptar lo que hoy es, sino luchar por lo que podría y debería ser.

En la situación en que se encuentra el mundo, renunciar a Europa o abandonarla al antieuropeísmo sería un error histórico de consecuencias letales. Mientras que entender por qué la odian es imprescindible para comprender que es fundamental rescatarla, si se quiere frenar la deriva autoritaria global que se cierne sobre nosotros y abrir caminos alternativos para transformar las condiciones de vida en el planeta.

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17 comentarios

Jano 2 de febrero de 2026 at 15:55

Magnífico análisis profesor.
El drama es que, ya mayoría de la población europea no advierte el peligro.
La prueba evidente de esto, ha sido la repercusión mundial de la regularización de emigrantes en España (Europa).
Este «mal ejemplo» es lo que les saca de quicio.
¿Cómo puede ser que nosotros (los USA) persigamos a los emigrantes con una saña digna de mejor causa y unos escuadrones que recuerdan a las SA hitlerianas y el Europa les den papeles?….les explota la cabeza.
Europa es sobre todo un «mal ejemplo» y con eso quieren acabar…y millones de votantes europeos «en babia»….estupidizados, casi como votantes yanquis…..

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Edvillherr 2 de febrero de 2026 at 18:37

Nadie odia a Europa, son los excesos de los socialdemócratas y las izquierdas quienes la debilitan. Después de «regado el tepache» de la desilusión americana y europea, las masas se inclinan por las derechas para enderezar las barras retorcidas. El poder de las izquierdas europeas abandonaron y dejaron hueco desatendido en Ucrania y Palestina. El caos trumpiano se originó por la exageración de los demócratas e incluso de republicanos cómplices anteriores. Los europeos deben de cambiar con respecto a Rusia y encabezar la negociación escuchando y rearmándose.

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Copitodenieve 2 de febrero de 2026 at 20:38

Como de costumbre un articulo muy esclarecedor con un último párrafo que sintetiza lo que puede ocurrir si abandonamos la política.

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Antonio 2 de febrero de 2026 at 23:22

La Administración Pública en España utiliza los servidores de Microsoft y el fraude de su inteligencia artificial, cada vez estamos más vendidos al imperialismo yanki por nuestros gobiernos, a pesar de que ahora regularice a 500 inmigrantes, una medida cosmética de cara a la galería para tapar las políticas de sumisión. Todo freno a la avaricia y a la codicia de los poderosos puede ser un fastidio para ellos pero esta meridiánamente claro que los dirigentes de la UE están más que vendidos a sus dictados.

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Roser Batlle 3 de febrero de 2026 at 11:29

¡Qué buenísimo artículo, Juan! ¡Vamos todos a rescatarla!

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Juanjo 3 de febrero de 2026 at 11:34

Los excesos de la socialdemocracia, dicen. No han entendido nada.

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José Luis Pineda Acosta 3 de febrero de 2026 at 14:04

Totalmente de acuerdo profesor,quiero añadir que los peores enemigos de Europa son los grandes capitales y las grandes subvenciones que reciben sus mandatarios,lacayos muy serviles de las políticas Trumpistas,también ellos
reparten nuestro dinero público a cadenas de radio y tvs por toda España y Europa,con bulos,mentiras,corrupciones a topes van programando cada día a más ciudadanos, nadie explica que su propósito con la sanidad es:
Cuando llegue usted al hospital tiene que enseñar en ventanilla la tarjeta de crédito como en EEUU,si no tiene money a curarse a la calle.Lo mismo que está pasando con la educación pública,hoy hasta la FP.cuesta de 6 a 9 mil euros por año a los jóvenes.Recortes,más recortes van sumando cada día todo lo social.
Para hacer una europa grande respetada necesitamos la lucha de todos los pueblos unidos en una misma dirección:
LIBERTAD,DEMOCRACIA , RESPETO A LOS DDHH ,POLÍTICA FISCAL JUSTA.
LA POBREZA NO ES MÁS QUE UNA PÉSIMA DISTRIBUCIÓN DE LA RIQUEZA.

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Juan 3 de febrero de 2026 at 14:44

Totalmente en desacuerdo con sus consideraciones, profesor. Sirva el libro de Fabian Scheidler, entre otros, para conocer la peligrosa Europa, su explotadora y desigual filosofía llevada a cualquier territorio, a cualquier sociedad y cultura del mundo mediante su concepción de civilización superior al resto de los habitantes de este planeta.

Algo que usted obvia en un doble aspecto: Por un lado, Europa siempre ha producido y defendido el modo de producción capitalista: desigualitario, explotador, esclavista, imponiendo su cultura del dinero, del capital, destruyendo las culturas autóctonas (mediante el colonialismo y el imperialismo europeo y estadounidense, especialmente el practicado por el cristianismo), nutrido por la acción y las consecuencias de la guerra, y por el desarrollo y el ejercicio de una libertad económica absoluta, sin control alguno, salvaje, que es como lo sigue haciendo Europa hoy día; y, por otro, esos valores de la «libertad», el «progreso», «la igualdad», el «crecimiento», «los derechos humanos» (que usted defiende) son una farsa, un invento muy bien organizado de la clase social burguesa desde el siglo XVIII, muy abundante durante los siglos XIX, XX y hasta la tercera década del siglo XXI en la que nos encontramos.

Ese «progreso» y esa «libertad» tienen un fundamento de engaño, porque eso está pensado y diseñado para las clases altas dominantes, las que habitan en los países europeos y las propias autóctonas de las colonias del injustamente denominado Tercer Mundo (muy sobradamente en Hispanoamérica y África).

Usted olvida que ese bienestar que «disfrutamos» las europeas, los europeos, las estadounidenses y los estadounidenses tiene un precio cruel, basado en el sometimiento y la explotación de los demás habitantes y de sus recursos vitales, como los ofrecidos por la propia naturaleza (los de aquí y los de fuera). En este sentido, sirva como ejemplo el acto de guerra salvaje perpetrado por Estados Unidos en Venezuela el pasado 3 de enero de este año 2026. (Por cierto, Nicolás Maduro, presidente de Venezuela, y su mujer, Cilia Flores, son dos prisioneros de guerra. Y, además, el complot de los medios de comunicación de Venezuela junto con otros muchos del resto de Hispanoamérica, de Europa (los españoles, por ejemplo) y Estados Unidos , mediante el silencio y la censura, no han informado absolutamente de nada, de los cientos de venezolanos y venezolanas asesinados y de la destrucción de barrios y de viviendas en Caracas y en otras ciudades de Venezuela. No se ha de manchar la ropa, la imagen del emperador del imperio, ¿no?, como en la antigua Roma.

Se trata de la no aceptación de esa concepción de que Occidente (Europa y Estados Unidos) tiene el papel de salvador del mundo, con su pensamiento supremo y divino para producir la salvación de las bárbaras y los bárbaros con su civilización.

https://icariaeditorial.com/inicio/4828-el-fin-de-la-megamaquina-historia-de-una-civilizacion-en-vias-de-colapso.html

De todas formas, sus palabras ayudan al debate.

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Juan Torres López 3 de febrero de 2026 at 19:45

Su planteamiento es muy importante, aunque no lo comparto. Me resulta muy difícil confrontarlo porque mezcla demasiadas cosas. Lo que más curioso me resulta es que usted escribe como si sólo hubiera clases dominantes. ¿No hay dominadas? Y si las hay ¿no han hecho nada? Y si han hecho ¿qué han hecho? Saludos

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MALO 3 de febrero de 2026 at 14:50

Estimado Sr. Torres López,
​Le escribo estas líneas desde el respeto que merece su trayectoria, pero con la firme convicción de que las soluciones que usted propone pecan de una excesiva confianza en la geometría de las ideas y de una preocupante desconexión con la rugosa complejidad de la realidad.
​Suele usted defender que la redistribución forzosa es el suelo mínimo para la igualdad, o que el gasto público es un motor infalible para la economía. Sin embargo, me temo que sus teorías funcionan como los círculos perfectos de Platón: son bellas sobre el papel, fáciles de definir y cómodas de enseñar, pero no existen en el mundo real. En la práctica, la economía no es una máquina que se ajusta con palancas estatales; es un sistema biológico complejo. Cuando el Estado intenta «diseñar» el bienestar mediante el gasto, a menudo olvida que no está creando recursos, sino trasladándolos de manos que arriesgan su propio capital a manos de una burocracia que gestiona lo ajeno sin coste alguno por el error.
​Usted apela con frecuencia a la «función social de la propiedad». Es un concepto seductor, pero peligroso. Al supeditar la propiedad individual al «interés general», usted asume que existe un grupo de iluminados capaz de definir qué es ese interés para millones de personas. La historia nos enseña que, cuando la propiedad deja de ser inviolable para estar sujeta al arbitrio político, lo que se resiente no es solo la economía, sino la libertad más básica. En un autobús lleno —como es nuestro mundo hoy—, la convivencia requiere normas, pero esas normas deben protegernos de los pisotones del vecino, no darnos un manual de cómo debemos respirar todos al unísono.
​Mi mayor discrepancia con su visión es, quizás, de índole metodológica: la falta de humildad ante lo que no sabemos. La economía no es una ciencia exacta, es casi una «ciencia oculta» resistente a modelos simples. Atribuir los males del mundo exclusivamente a factores externos o a la falta de intervención estatal es ignorar que el diseño de sus propias ideas contiene los gérmenes de la ineficiencia que critica.
​Sr. Torres, el mundo no tiene forma de círculo perfecto. Es una forma compleja, fracturada y llena de matices que ninguna ideología, por muy bienintencionada que sea, puede abarcar por completo. Solo desde el escepticismo constructivo ante las soluciones definitivas y el respeto absoluto a la autonomía individual podremos construir algo que se parezca, aunque sea de lejos, a un entorno donde las personas puedan buscar su propia felicidad sin ser piezas de un tablero de ajedrez ajeno.
Atentamente:
________________________________
Estimado Sr. Torres López,
​Sus escritos sobre «lo que Europa podría ser» pecan de un romanticismo peligroso que ignora la naturaleza humana y las leyes más básicas de la economía. Usted propone una Europa que no es más que un estado de bienestar hipertrofiado, sostenido por una impresora de billetes y blindado contra la realidad. Aquí los puntos donde su análisis se desmorona:
​1. El mito del Estado como motor (El error del gasto)
​Usted insiste en que el Estado debe «gastar para estimular». Pero, como bien sabemos, el Estado no tiene recursos propios. Cada euro que el Estado gasta es un euro que ha sido sustraído de un creador de valor o confiscado al ahorro futuro mediante deuda. Su modelo no crea riqueza; simplemente la transfiere de la sociedad civil productiva a una burocracia ineficiente que no rinde cuentas ante el fracaso.
​2. La trampa de la «Redistribución para la Igualdad»
​Usted confunde deliberadamente la igualdad de resultados con la igualdad ante la ley. Al proponer un «suelo mínimo» garantizado mediante la coacción fiscal, usted fragmenta la riqueza acumulada y desincentiva el esfuerzo. Europa no necesita más redistribución; necesita más libertad para que el individuo prospere sin que el Estado le castigue por su éxito. La historia demuestra que cuando el «interés general» pisotea la propiedad privada, la libertad es la primera en morir.
​3. La irresponsabilidad financiera como sistema
​Su propuesta de un BCE que financie directamente a los gobiernos es la receta perfecta para la inflación y la destrucción de la moneda. Al eliminar la disciplina de mercado, usted invita a los políticos a gastar sin freno, sabiendo que la factura la pagarán todos los europeos vía pérdida de poder adquisitivo. Es el triunfo de la irresponsabilidad fiscal bajo el disfraz de «solidaridad».
​4. La falacia de la «Armonización Fiscal»
​Lo que usted llama «evitar la competencia desleal» es, en realidad, un cartel fiscal. Usted teme que los países compitan por ser más atractivos para el capital porque eso obliga a los Estados a ser eficientes. Su «Europa ideal» es una donde el ciudadano no tiene escapatoria y debe aceptar el nivel de confiscación que la nomenclatura decida, eliminando el último control que le queda al individuo frente al poder estatal: el derecho a votar con los pies.
​En conclusión: Su Europa no es una oportunidad perdida, es una advertencia. Es el intento de salvar un sistema agotado (el estatismo) culpando a la libertad de unos males que el propio intervencionismo ha provocado.

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Juan Torres López 3 de febrero de 2026 at 19:48

Estimado lector. Su posición intelectual sería mucho más limpia y rica si, en lugar de acharcarme ideas que nunca he defendido para atacarme, señala concretamente lo que yo he escrito y lo critica. así, además, podría enroquecerme. Pero si me achaca ideas que yo no defiendo, pues está usted dando palos a un fantasma. Saludos

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Malo 3 de febrero de 2026 at 14:55

Para finalizar, Sr. Torres, resulta curioso que su defensa del control estatal y la planificación central ignore sistemáticamente el ejemplo más acabado de su ideología: la China actual. Usted nos habla de «soberanía» y «protección social», pero evita mirar hacia donde el Estado es, efectivamente, el dueño de todo.
​¿Es ese el modelo de «eficiencia» que propone? Un sistema donde:
​La justicia es una herramienta de purga: Las recientes desapariciones de ministros (como Qin Gang o Li Shangfu) y altos mandos militares no son ejercicios de transparencia ni lucha contra la corrupción, sino luchas de poder internas de una élite que no rinde cuentas a nadie. En un sistema sin propiedad privada inviolable ni contrapesos, quien cae en desgracia con el «Líder» pierde su libertad y su patrimonio en cuestión de horas.
​Existe un Apartheid Sanitario: Usted que tanto clama por la sanidad pública europea, ¿qué opina del sistema de castas chino? Mientras el pueblo llano sufre las carencias del sistema general, la alta nomenclatura del Partido disfruta de una red hospitalaria paralela y ultra-lujosa (como el Hospital 301 en Pekín). Allí, el acceso a los mejores especialistas y recursos es ilimitado y opaco, pagado con el esfuerzo de esos «trabajadores» que usted dice defender.
​El «interés general» es la excusa del tirano: En China, como en su propuesta, la propiedad privada está supeditada al interés del Estado. El resultado no es una sociedad más justa, sino una sociedad más sumisa, donde el capital huye ante la arbitrariedad de un burócrata que puede cerrar una industria entera por un capricho ideológico.
​Díganos con claridad, Sr. Torres: cuando usted pide que el Estado europeo tenga el control total sobre la moneda, el gasto y la propiedad, ¿está usted pidiendo una «Europa Social» o está pidiendo un Politburó en Bruselas? Porque la historia nos enseña que el camino que usted propone —el de sacrificar la libertad individual en el altar de la planificación estatal— no termina en una utopía de bienestar, sino en un sistema de castas donde unos pocos «elegidos» viven en la opulencia mientras el resto se reparte la escasez.

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Juan Torres López 3 de febrero de 2026 at 19:51

Vuelvo a decirle que con mucho gusto trataría de denfender mis ideas si usted las pusiera en cuestión, pero es que usted me achaca las que yo sinceramente no defiendo. Mi pensamiento está escrito, mencione exactamente qué he dicho que le parezca mal y confrontamos, pero no dé palos de ciego. Me parece bien que quiera usted reafirmar su ideología y le aplaudo el intento, creando un sparring inventado al que llama Ideas de Juan Torres pero lamento decirle que es eso, un sparring falso. Mis ideas no son esas que usted dice. Es fácil comprobarlo, están escritas. Saludos

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Malo 3 de febrero de 2026 at 22:11

Bien. en todo caso, agradezco enormemente que haya publicado mis escritos y tengo en consideración su trayectoria, Aun que confieso que soy relativamente nuevo aquí, lo que he leído de usted, me lleva a interpretar lo que he escrito punto por punto. También usted tiene la oportunidad de negar punto por punto las intuiciones que yo he interpretado, o quizá malinterpretado de usted. Hacerlo arrojaría luz en el blog. Importa que cada uno explicite sus ideas de la manera mas clara posible para que no haya interpretaciones equívocas. Estados Unidos no es solo Trump ( lo digo por el comic ). En todo caso, gracias y un saludo.

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Juan Torres López 4 de febrero de 2026 at 05:35

Estimado amigo. No creo que tenga mucho sentido que yo comenté sus intuiciones sobre mi pensamiento. Lo suyo es que cite usted cuál de mis opiniones efectivamente escritas por mí le merece crítica y yo con mucho gusto las comentaré (aprendiendo de ellas). Estoy seguro de que así nos acercaremos mucho más que si nos dejamos llevar por lo que intuímos que piensa el otro. Saludos

Responder
Juan Torres López 6 de febrero de 2026 at 23:01

Aaansjsj hshe. Hhhhd

Responder
Juan Torres López 6 de febrero de 2026 at 23:02

Hshegg

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