Puntualizaciones

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Unos días en Lisboa sin posibilidad de conectarme a internet me han impedido contestar antes al aluvión de comentarios (están publicados absolutamente  todos los que han llegado) que ha recibido mi carta abierta al Sindicat d’Estudiants dels Països Catalans (SEPC). Los agradezco todos y especialmente los que son claramente críticos con mi pensamiento.
Lógicamente no voy a entrar en todo el abanico de argumentos a favor o e contra de mis posiciones. Los respeto y los tengo en cuenta pero no creo que tenga sentido que yo ni siquiera los comente uno a uno. Que cada lector o lectora saque sus propias conclusiones.
Por mi parte, solo me veo en la obligación de señalar lo siguiente:
– Yo no dije nunca que los miembros del sindicato sean fascistas, ni el propio sindicato. No lo son. Dije que me parece de corte fascista un acto encaminado a boicotear la presencia de alguien en la universidad. Me consta que en Valencia los fascistas en sentido estricto son otros.
– Me señalan algunos miembros del Sindicato que no hubo insultos personales, que no se trató de impedir el acto y que ni siquiera se trató de entrar en la sala donde se celebró. Me alegra que fuese así pero creo que debería llevarnos a reflexión el que una izquierda que no pretende producir eso esté dando lugar a que tanta gente pensemos que lo está haciendo. Me temo que pensar que es que todos estamos manipulados por los medios es una solución demasiado fácil.
– Es verdad que no me dirigí previa o privadamente al sindicato para expresarle mi posición porque conscientemente decidí hacerlo mediante carta abierta. Lamento que eso haya podido privarme de alguna información personal relevante pero que creo que no afecta al problema sustancial que yo denunciaba. Por el contrario, tenía la íntima convicción de que, por encima de ello, era necesario hacer una consideración política del asunto que debía llevarme a expresar públicamente lo que pienso y mi rechazo a ese tipo de acciones.
– Sigo pensando que las acciones encaminadas a impedir, protestar o rechazar la presencia de cualquier persona que desea hablar en la universidad son aborrecibles. Como también sigo pensando que lo es reclamar, más concretamente, “fora polítics de la universitat». Y creo además que, como tantas otras acciones “vanguardistas” (por llamarlas de alguna manera) como la quema de fotos del Rey, no solo son completamente inútiles sino de marcada y rechazable violencia simbólica y totalmente contraproducentes para el cambio social progresista.
– Me parece que quienes dicen que solo defiendo parcialmente la libertad de expresión y que no lo hago en el caso de las personas de la derecha son injustos y están materialmente equivocados. Están en su derecho de criticar mi pensamiento sin leer todo lo que escribo pero si quisieran hacer una crítica honesta deberían leer mejor lo que escribo. Y entonces descubrirían, por ejemplo, que cuando la alcaldesa de Lizartza, del Partido Popular, fue amenazada de muerte yo escribí en mi web: Desde aquí no puedo sino sentirme solidario con esa persona y decirle a ese fascista que de paso me puede matar también a mí, que habría hecho lo mismo. Y a todos los que son tan brutos como él les digo igualmente que por muchos que sean los que maten, no lograrán acabar con la rebeldía de quienes queremos transformar el mundo a base de paz. ¿Hay una forma más contundente de defender la libertad de quienes no piensan como yo y de los que ni siquiera estoy seguro que en su momento respetaran la mía?
– Sobre las disquisiciones valencianistas, catalanistas, de lengua y todo lo demás de este tipo que se ha suscitado mi carta, debo manifestar mi respeto a todas ellas pero también mi total falta de interés por seguirlas. Sinceramente, creo que a quienes están enredados en ellas lo que les falta, siguiendo el consejo de Pío Baroja, es viajar un poco.

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