Sobre Mayor Zaragoza y otras cosas peores

Sobre Mayor Zaragoza y otras cosas peores

La revista EL OBSERVADOR, de la que hasta hoy soy colaborador, prublicó hace unos días un artículo sobre Federico Mayor Zaragoza que puede leerse más abajo en esta web o directamente en la de la revista aquí. Me parece que el artículo es una mezquindad y les he escrito la siguiente respuesta breve que espero que publiquen.
Sobre Mayor Zaragoza y sobre otras cosas peores
He leído con estupor y pena el artículo (si es que se puede llamar así) sobre Federico Mayor que ha publicado El Observador.
Me siento además avergonzado pero no escribo estas letras por dejarme llevar de esas sensaciones. No trato de salvar su honra, porque no le hace falta; ni quiero tratar de evidenciar que algunas de las afirmaciones que se hacen carecen del más mínimo rigor que debería exigírsele a un texto escrito, sea periodístico o no, o que algunas expresiones simplemente merecen formar parte de la antología del disparate.
No, no escribo solo por eso. Escribo también porque me parece que el artículo es una muestra de un tipo de papanatismo político muy en boga y que yo puedo respetar pero que me parece complemente contrario a lo que debería hacerse para que nuestro mundo sea cada vez mejor, más justo y satisfactorio.
Trataré de exponer mi opinión de la forma más breve y clara posible.
Aceptemos que el profesor Mayor fue un funcionario franquista. ¿Es eso lo definitivo para descalificarlo por sus posiciones actuales?
Si El Observador  quiere juzgar su comportamiento y posición política actual lo que debería hacer es evaluar lo que ahora dice, sus palabras y sus actuaciones, el tipo de compromiso social y personal que pueda estar manteniendo actualmente y la forma de llevarlo a cabo.
¿Qué de malo tiene que cualquier persona que haya mantenido posiciones políticas antidemocráticas pase  más tarde a mantener otras de signo contrario? ¿No es eso lo que entre todos deberíamos conseguir con toda la gente que no las haya defendido?
¿Qué hay hoy día (en realidad desde hace mucho tiempo) de censurable en el pensamiento y en la actuación de Mayor Zaragoza?
Lo que se manifiesta como sectario y fascista es el texto y el comportamiento de El Observador. Juzga las intenciones, critica que personas que quizá no han estado antes en sus posiciones puedan llegar a estarlo, como si solo los izquierdistas de toda la vida (lo que, en todo caso, también está por ver que así sea en realidad) sean los que tienen el derecho a formar parte del parnaso de progresismo totémico que defienden. El discurso de El Observador sí es sectario. Me asquea. Es como si solo quien eso escribe tenga la potestad de determinar el RH adecuado que debe portar cualquier otra persona. El discurso que hay en el artículo de El Observador sobre Federico Mayor Zaragoza es un ajuste de cuentas y no un análisis. Justamente eso es lo que hacían las policías más asquerosas del nazismo o del estalinismo, es una caza de brujas. No hay ni una sola línea, ni tres palabras para analizar si lo que dice hoy día (desde hace tiempo) Mayor Zaragoza se suma o no a los discursos y las acciones que abogan por cambiar el mundo. Solo hay, como digo, juicios de intenciones y un comportamiento que más bien deja entrever un severo daño psicológico en quien lo escribe que le lleva a querer seguir siendo el único ocupante de un territorio que se considera como de propiedad exclusiva frente a los demás a los que, en realidad, se teme y se envidia. El artículo es una mezquindad.
Además, me avergüenzo también por el hecho de que el artículo sea anónimo. Para defender determinadas posiciones hay que tener coraje y valor.
Me avergüenzo de El Observador y dejo de formar parte de su grupo de colaboradores.
Lo siento mucho.

 

     

 

 

 

 

 

Mayor Zaragoza: de servidor del franquismo a la Alianza con Zapatero y a la foto con IU de la Diputación en Málaga: la insuperable ascensión del individuo de la suprema adaptabilidad al medio

 

OPINIÓN. Redacción. Trayectoria del ex director de la UNESCO, que lo trae a Málaga IU para inaugurar una exposición, a través de 4 décadas de vida institucional

 

Opinión. Se supone que Mayor Zaragoza, político “a mano” y de “estar por casa”, que lo mismo plancha un huevo que fríe una corbata, siempre cara al sol por el bronceado, va a venir a Málaga a inaugurar la exposición sobre los conflictos del agua en el mundo, del mundo extranjero, vamos, que está montando Izquierda Unida (IU) desde el Área de Medio Ambiente de la Diputación que dirige Miguel Esteban y para la que pone 55.000 euros de esos tan difíciles de conseguir en estos tiempos de crisis, y que se van a hacer fotos con él y que incluso se le va a entregar un comunicado o manifiesto sobre la problemática del agua en nuestra provincia, como si representara en realidad a alguien o le interesara de verdad la cosa. La vida de Mayor Zaragoza parece ser de las más beneficiadas de los grandes logros de la Inmaculada Transición. Mientras que a otros –Fraga, Francisco de la Torre-, su pasado franquista sólo se les ha perdonado, al actual copresidente del Grupo de Alto Nivel de la Alianza de Civilizaciones de Zapatero sencillamente no se le conoce. Sin embargo, Mayor Zaragoza tiene un pasado, no oscuro, como el de Snoopy o el de Werner von Braun, sino muy clarito. Eso sí, hay que rebuscar un poco, porque en su suprema calidad genética para la adaptación a nuevas circunstancias, Mayor Zaragoza logra, en cada reencarnación política, un olvido total de las anteriores e incluso un blindaje altamente efectivo de la memoria que a él se refiere.

   

 

EL OBSERVADOR/ www.revistaelobservador.com ha recopilado algunas de las hazañas del prócer y las pone a disposición pública, con ocasión de su visita a Málaga, en la que, siguiendo la costumbre sin someterla a contrastación dura, se le rendirá culto por diversas instituciones y organizaciones relacionadas con la próxima exposición sobre los conflictos del agua en el mundo y que organiza, extrañamente, IU desde el Área de Medio Ambiente de la Diputación de Málaga, y en la que se va a gastar esos 55.000 euros anunciados de los de estos tiempos de crisis. Todo sea para que los políticos de IU y los que los apoyan puedan hacerse unas buenas fotos al lado de gente tan importante como Mayor Zaragoza, junto a los grandes paneles que se expondrán en calle Larios. Sí, claro, como cualquier acomplejado que mora en la periferia patria. Y olvidando, convenientemente, que a los conflictos del agua en la provincia, que dicen apoyar, sólo se les va a dedicar un ratillo de charla alguna tarde en algún sitio pequeño y a una mala hora para que no vaya casi nadie o los de siempre. Vamos, para que no se hable mucho de ellos y no molesten en esta gran ocasión de saltar a la fama interestelar de “lo bien que lo hacemos con el agua y lo capaces que somos de que vengan gente famosa a hacerse la foto con nosotros, que es lo que importa”. Por no hablar de que en esta ocasión la exposición que patrocina IU viene de la mano de una multinacional, la Fundación Nueva Cultura del Agua, y que cuesta más de 600.000 euros de estos tiempos de crisis, y que ésta ha estado sostenida y ha mantenido relaciones con la oscura e internacional Fundación Avina, y que su presidente, Stephan Schmidheiny, es un conocido propietario de fábricas de amianto y que ahora tiene juicios por contaminación.

LA carrera institucional de Mayor Zaragoza comienza en Granada. Llegó a ser, a los 34 añitos, ‘el rector más joven de España’; de la España franquista, en junio de 1968, donde ya era profesor desde 1963. Dado que coincide el acontecimiento con otros sucesos de la universidaducd española, surge la duda. Apenas un mes antes, García Calvo, López Aranguren y Tierno Galván, entre otros, y un buen puñado de estudiantes a los que no se suele citar, sufren la represión, la destitución y el exilio por haberse adscrito, de un modo u otro (la épica suele sobrevalorar lo que hicieron, pero la represión fue real), al movimiento estudiantil surgido del contagio del fantasma de la revuelta juvenil de la época. En aquellos mismos días en que la política del régimen con respecto a la universidad fue de reorganizar el control, acentuar la represión, purgar de elementos nocivos para la buena salud de la juventud española, Mayor Zaragoza es nombrado por el franquismo el rector más joven de España.

LAS relaciones del joven rector con la cúpula de Educación en el franquismo son conocidas, entonces y ahora. Es un protegido de Villar Palasí, que había sido director del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y había llegado del Ministro de Educación. De su gestión es producto la Ley de Educación de 1970, con la que se pretendió la modernización que en aquellos años quedaba pendiente, como parte de la política de los tecnócratas del Opus Dei que entonces dominaban el gobierno de la dictadura, y con los que el ministro estaba muy relacionado, aunque no se le ha probado militancia con carné. Mayor Zaragoza fue rector de la Universidad de Granada gracias a su brillante porvenir y a sus estrechos lazos con el que luego sería su jefe directo. Pero antes, en 1970, sin haber dejado Granada, fue vicepresidente del CSIC en 1971 y posteriormente presidente en funciones (1972-1973). Tras abandonar Andalucía, Mayor Zaragoza fue a Madrid a trabajar con Villar Palasí en el Ministerio, como subsecretario de Educación y Ciencia del gobierno español, todavía antes de que comenzara la Transición. Los comienzos de este prohombre fueron algo así como de alto funcionario franquista. Eso sí, como Fraga, también afirma que por donde él ha pasado, queda más libertad de la que había cuando entró.

LOS años en que Mayor Zaragoza es rector de la Universidad de Granada son conflictivos por la propia época, finales de la dictadura franquista, con una actividad opositora cada vez mayor, y menos clandestina, con una sociedad que ya empieza a asomar tras décadas de esconderse. Mayor Zaragoza es un activo colaborador. Del régimen. Era un tiempo en que elcatedra_unescofranquismo, amenazado por la oposición interna, cada vez más animada, se pone manos a la obra. Villar Palasí crea, junto a otros amigos, la Organización Contrasubversiva Nacional, de implantación estrictamente universitaria. Esto da pie a una feroz represión que los estudiantes pagan en detenciones, palizas, torturas dentro y fuera de las comisarías, estados de excepción, invasiones policiales del campus y el etcétera ya conocido de la dictadura. Mayor Zaragoza, rector de la Universidad de Granada en aquellos mismos años, y persona con conexión directa con Villar Palasí, nunca ha dicho nada de aquellos años. Nada. Como tampoco se ha pronunciado, ni siquiera ahora que lucha por la paz mundial en el contexto del proyecto de la Alianza de Civilizaciones, sobre esa coincidencia temporal de un destacamento del Mossad (servicio secreto israelí, que usa métodos bastante violentos) en Granada con su rectorado, y que tenían vigilados y quién sabe si algo más, a todos los ciudadanos palestinos, sirios y árabes en general que eran estudiantes en la universidad de la que Mayor Zaragoza era rector. Ni palabra.

LA siguiente fase en la que entra el ilustre científico es en la dedicación al servicio público democrático. A diferencia de otros que no supieron vislumbrar las indudables ventajas de la democracia, Mayor Zaragoza se une a UCD, y allí se inserta como diputado, en la que va a ser su primera misión en la recién llegada monarquía parlamentaria, que aún era un experimento, hasta que en diciembre de 1978 se aprueba la Constitución que ‘nos hemos dado todos los españoles’. Allí calienta el banquillo aparentemente, porque en realidad es un ‘diputado de a pie’ (¿existe el diputado sin coche?) con un carguillo, no muy visible, cierto, pero con su atractivo: consejero del presidente del gobierno, que entonces, aunque el hombre no lo recuerde y no se sabe si Federico tampoco, era Adolfo Suárez, aquel joven capitán de la Sagrada Transición emanado de las esencias del Movimiento Nacional (un santo), aunque el resto de los españoles tampoco tenga memoria de eso.

EL 23 de febrero de 1981, Calvo Sotelo se presenta a la sesión de investidura como presidente del gobierno. La ceremonia fue algo accidentada, pero, como suele decirse, el resultado fue en pronóstico menos grave. El desenlace, sin embargo, no fue muy distinto, Calvo Sotelo fue investido y estuvo presidiendo el gobierno español durante unos 20 meses, en los que le dio tiempo a hacer de todo: meter al país en la OTAN sin consultar a nadie más que a su conciencia y honor, promulgó la LOAPA que tanto hizo por el desarrollo de las autonomías, como ha podido comprobarse a lo largo de los años, y nombró ministro de Educación y Ciencia a Federico Mayor Zaragoza, cuya labor al frente de la institución fue breve pero intensa. Le tocaba aplicar la famosa ley de estatuto de centros, que fue ampliamente contestada por estudiantes, profesores, padres y, en general, por todo el mundo. Incluso el Tribunal Constitucional (TC) suspendió varios artículos. Al margen de esta brillante actuación, preparó un informe para describir científicamente la mala calidad de las enseñanzas medias, con la intención de demostrar la necesidad de una ley de reforma, como la que estaba en marcha y que era rechazada hasta por sentencia del TC.

PERO todo lo bueno dura poco. En octubre de 1982, Felipe González y su equipo ganan las elecciones generales por goleada. La UCD se jubila por la fuerza de los votos. ¿Todos los de lafundacion_cultura_paz UCD? No, hay un reducto que resiste fieramente la derrota. Entre ellos, el propio Adolfo Suárez, a quien la leyenda atribuye un señorial y digno silencio después de la catástrofe, y que en realidad fundó un partido (CDS) y fue diputado hasta 1992. Mayor Zaragoza, que había sido consejero del ex presidente tampoco se queda quieto, y comienza su carrera internacional. En 1978 ya había sino vicepresidente de la UNESCO, el siguiente paso natural, llegar a la presidencia del organismo, vino en 1987, y le duró hasta 1999. Aguantó el ascenso y caída de Felipe González y el tramo de subida de Aznar, 12 añitos al frente de la institución.

EN el 2000 llega a ser otra vez presidente, ahora de la Fundación para una Cultura de Paz. Y se dedica a la paz por sobre todas las cosas, aunque no descuida su faceta de científico, que es lo que le permite ser miembro de Sociedad Española de Bioquímica, Asociación Americana para el Fomento de la Ciencia, Sociedad de Bioquímica del Reino Unido, Real Academia Nacional de Farmacia, Club de Roma, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Real Academia Nacional de Medicina, de la Academia Europea de Ciencias y Artes. Por pertenecer, pertenece a la Academia China de Ciencias. Es lo que tiene el prestigio universal como científico, que te quieren en todos lados. Mayor Zaragoza es como Chomsky, Dawkins, Pinker o Mandelbrot, por poner ejemplos a su altura, o más bien como Yoichiro Nambu, Makoto Kobayashi y Toshihide Maskawa, que han recibido el Nobel por estudiar la ruptura de la simetría, algo sobre lo que Mayor Zaragoza debe saber lo suyo. Y si no ha hecho un programa científico en Telecinco es porque ya estaba Punset enredado en el suyo.

EN el 2005 se incorpora al proyecto por la paz mundial de Zapatero, la Alianza de Civilizaciones, nombrado copresidente del GAN por el mismísimo Kofi Annan. Un hombre que lleva toda la vida, desde sus comienzos en la Universidad, cuando era ese estudiante soñador que quería cambiar el mundo oponiéndose con todas sus fuerzas al régimen franquista, aunque no hay constancia más allá de sus propias declaraciones (lástima).

PERO no es ese proyecto del que Federico Mayor Zaragoza obtiene sus mejores marcha_pazgratificaciones, aun siendo la notoriedad institucional y el respeto unánime a su persona factores de importancia. No, es su Fundación para una Cultura de Paz lo que más le gratifica. Después de que la UNESCO hiciera una declaración sobre la necesidad de crearla, poco antes de que Mayor dejara de ser su presidente, él mismo se decide a crearla. Desde entonces, no ha parado. Por ejemplo, sólo en 2005, el año en que se incorpora al GAN, su fundación pilló 195.155,25 euros de ingresos, 176.195,25 euros, procede de subvenciones, de la Generalitat de Cataluña y del Ayuntamiento y la Diputación de Barcelona, y 186.000 euros de la  Agencia Española de Cooperación Internacional. Puede comprobarse en estas cifras lo bien pagado que está el pacifismo institucional.

EN estos años, Mayor Zaragoza se ha hecho anti-bush, antiglobalización, anticapitalista y, a nada que se le ponga, se hace antisistema, que es una cosa que debe ser lo peor, a juzgar por cómo se les nombra en los telediarios, los antisistema y los radicales, esos que, si no son de extrema derecha, acaban siempre en comisaría. El discurso de Mayor Zaragoza ha evolucionado con los años y ahora, en la onda Avina, viene a utilizar el léxico importado de Chomsky o de Attac a conveniencia. Es una tradición. Es como cuando infraestructura dejó de ser un término marxista para aplicarse a las carreteras y a los alcantarillados; como cuando cualquier idiota institucionalizado como poeta dispuesto al asalto de un centro de arte contemporáneo –que detesta- emplea el término ‘espacio público’ desviando su sentido original, como, en definitiva, ha hecho siempre la derecha, antes de convertirse a la democracia de toda la vida: usurpar conceptos, léxico y patrimonio común en beneficio propio. Y la de seguidores acríticos que tienen, que ni se preocupan de sondear ni de analizar quién es quién, qué hacen y han hecho, con quién se juntan y adónde van en tropel. Por ejemplo, que venga este hombre aquí, en su marcha mundial por la paz, que hace tan bien acompañado por una entidad tan sustancialmente indispensable para la especie humana como es el Movimiento Humanista, esa organización que muchos no dudan en llamar secta, y no pocos ‘secta peligrosa’, con ramificaciones en la extrema derecha; quizás, en el colmo de la coherencia, Mayor Zaragoza ha vuelto a sus orígenes.

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