Zapatero, o el socialismo al revés

Zapatero, o el socialismo al revés

Es verdad que los grandes poderes dejan poca capacidad de maniobra a los gobiernos progresistas. eso es un problema. Pero otro mucho más grande es que los propios gobiernos progresistas renuncien a sus principios y asuman los del liberalismo para favorecer a los poderosos y empeorando la situación de los más débiles. Creo que eso es lo que le está pasando a zapatero, como analizo en este artículo.

 

El nuevamente electo presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero,  parece estar dispuesto a utilizar esta segunda legislatura para demostrar de modo fehaciente que sus pretensiones políticas nada tienen que ver ni con el socialismo, ni con la socialdemocracia, ni siquiera con la equidad más elementalmente entendida.

 

Dejaré de lado la propia conformación del equipo gubernamental, que ya he comentado en otro texto, y en el que significativamente han desparecido las figuras más comprometidas con las políticas sociales y socialdemócratas, para dar paso a liberales confesos como Miguel Sebastián. O que ha dejado en lugar marginal a los departamentos encargados de adoptar las políticas de más calado social (ver El nuevo gobierno de Zapatero, un claro giro a la derecha). Y tampoco me referiré al escandaloso fichaje de su hasta ahora máximo asesor económico, David Taguas, por la gran patronal de la construcción. Aunque sea también una prueba irrefutable de cuáles han sido los intereses que ha defendido durante su etapa en el gobierno este economista procedente del Banco Bilbao Vizcaya y llegado a La Moncloa de la mano de Sebastián.

 

Además de eso, las primeras medidas económicas de esta nueva legislatura reflejan sin ningún género de dudas que lo que Zapatero está dispuesto a llevar a cabo es un autentico socialismo al revés, es decir, favorecer a los que más tienen en perjuicio de los más débiles y desprotegidos.

 

Veamos.

 

Recién puesto a funcionar el gobierno, adoptó una serie de medidas contra la crisis económica (a la que llaman desaceleración para ocultar ante los ciudadanos su verdadera naturaleza y responsables) entre las que destacan dos de ellas.

 

La primera, ya anunciada antes de las elecciones, la devolución de 400 euros a los contribuyentes. Una medida que supone casi 5.700 millones de euros, sobre los 10.000 millones en que se ha evaluado el importe total del conjunto de todas ellas.

 

Por un lado, se trata de una medida a todas luces incapaz por sí misma de tener un impacto relevante en la economía porque incluso se percibirá como devolución fiscal troceada y porque en términos relativos representa un valor individual y total realmente escaso. Es decir, porque en realidad es como tratar de apagar un fuego con un enorme difusor de agua, que hiciera que el chorro se convirtiera en millones de gotas, en minúsculos impactos sin apenas fuerza de conjunto.

 

El propio Banco de España ha advertido que no puede esperarse mucho de esa medida porque lo más seguro es que los contribuyentes que reciban la devolución fiscal la dediquen al ahorro más que al consumo, tal y como se propone el gobierno.

 

Pero, por otro lado, resulta que esa ineficacia contra crisis no es lo más relevante de la medida. Lo peor es que desde el punto de vista de la equidad supone darle a los que tienen más y quitarle a los que tienen menos.

 

Esto es así porque nada hay más injusto que tratar igual a los que son desiguales y eso es lo que hace Zapatero con esta medida, como hizo cuando aplicó el cheque de 2.500 euros a las familias que tenían un nuevo hijo, con independencia de su renta.

 

Y para colmo, la medida tiene incluso una paradoja, puesto que como indica la Memoria que el gobierno ha remitido al Parlamento, resulta que 1,7 millones de contribuyentes ni siquiera podrán recibir los 400 euros ya que su cuota tributaria (lo que “tienen que pagar” a hacienda) no llega a esa cantidad. Es decir, que incluso recibirán menos de 400 euros (o incluso nada) justamente por ser los que menos ingresos tienen.

 

La otra medida estrella del plan contra la crisis también fue anunciada por Zapatero en la pasada legislatura: suprimir el impuesto sobre el patrimonio.

 

            Como ya comenté en otro texto, Zapatero justifica esta medida con mentiras, diciendo que en realidad lo pagan las clases medias. No es verdad porque el hecho de que haya más contribuyentes en este impuesto de rentas medias no significa que paguen más cantidad en el conjunto del impuesto (ver Argumentos falsos de Zapatero para favorecer a los ricos).

 

            Y, además, si fuera así, lo que haría un socialista, o un socialdemócrata, o simplemente un gobernante decente y preocupado por la justicia fiscal no sería eliminar el impuesto ¡sino hacer que lo paguen quien tuviera que pagarlo! Es como si a algún gobernante se le ocurriera eliminar el código de la circulación porque hay gente que no lo respeta.

 

            Estas dos grandes medidas muestran claramente el giro a la derecha que da Zapatero, su paso sin disimulos al liberalismo económico y social, el socialismo al revés que practica.

 

            Y no son las únicas. En el paquete de medidas contra crisis se incluyen, además, otras que en realidad no son sino apoyo a los bancos que han provocado la crisis y que a la postre generan costes que pagarán los consumidores, como los avales gubernamentales o las “facilidades” para aumentar el plazo de las hipotecas.

 

            Como decía más arriba, no es ni mucho menos casual que su máximo asesor económico haya sido fichado precisamente por los grandes constructores. El gobierno trabaja para ellos y por eso son los grandes beneficiados de todas estas medidas.

 

Es ya una evidencia clamorosa que el modelo de crecimiento de nuestra economía, el modo en que se genera y el tipo de actividad económica que predomina, hacen que nuestro país sea cada vez más desigual. Es decir, que aquí los ricos lo sean cada vez más y los pobres cada vez más pobres, que los salarios pierdan cada día que pasa más poder adquisitivo mientras que los beneficios suben por las nubes; y que aumenten también las asimetrías entre territorios y en todos los ámbitos de la vida personal y colectiva. Que el mayor crecimiento económico que tanto anhelan los poderosos suponga más desigualdades sociales.

 

Como analicé en otro artículo, el crecimiento económico, medido en como tasa de variación anual del PIB, fue del 3,6% en 2005, frente al 3,3% del ejercicio precedente y del 3,1% en 2003, la creación de empleo fue positiva, lo que permitió que en ese periodo bajara la tasa de paro en más de 2 puntos y los tipos de interés estuvieron también muy bajos. Todo fue bien según los parámetros al uso para evaluar la situación económico.

 

Sin embargo, la renta media del 20% de los hogares españoles con menor ingreso bajó de 8.500 euros en 2002 a 6.500 en 2005. Es decir, que se redujo en un 23,6%. Por el contrario, el 10% de las familias españolas con más ingresos vio amentar su rentas de 102.300 euros a 118.100 en el mismo periodo, disfrutando pues de un aumento de más del 15% (ver ¿Es que acaso ya no le importa a nadie la desigualdad?.

 

El origen de esas desigualdades lo muestra claramente el siguiente cuadro, que registra la desigual evolución de beneficios, que retribuyen a la minoría más rica de la sociedad, y salarios, que retribuyen a la gran mayoría que ve perder posiciones en el reparto de la renta.

 

     

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fuente: EL PAIS (Suplemento Negocios, 24-02-08, p. 21)

 

 

El socialismo, incluso en sus versiones más moderadas (hoy por hoy radicales frente al capitalismo sin frenos del neoliberalismo), consiste justamente en evitar esas desigualdades, no en producirlas o incluso en aumentarlas.

 

            Zapatero se está convirtiendo en un gran vendedor de humo. Tiene constantemente en su boca la palabra igualdad pero a la hora de la verdad no hace lo que hay que hacer para que se alcance en sus dimensiones más esenciales, las que permiten que todos los individuos tengan efectivamente igualdad de capacidades, en palabras del Premio Nobel de Economía Amartya Sen, y no solo una mera igualdad formal.

 

            Para avanzar hacia esa igualdad hacen falta algo más que gestos teatrales en torno a algunas mujeres valiosas. Se necesita más gasto social para apoyar las políticas públicas sin las cuales no se puede avanzar hacia la igualdad real; se necesita más justicia fiscal y, por tanto, más impuestos progresivos; se necesita considerar prioritarios los intereses sociales y no los de las empresas y el mercado a la hora de hacer los presupuestos o de diseñar la política educativa o de innovación: se necesitan menos gastos militares; se necesita incentivar la actividad productiva que crear empleo y riqueza y no la especulativa; se necesita domeñar a la gran banca para que financie el desarrollo económico y social…

 

            Pero no es por ahí por donde va Zapatero, que está demostrando que no oye más voces que las de los liberales que ha colocado a su lado. Así que va siendo ya hora de que se lo digamos más fuerte para que cambie de rumbo o para que pueda tomarse conciencia de que hace falta otra gente, otras organizaciones políticas, otra economía y otra política.

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