La buena Estrella
Cuando yo era joven, los conserjes u ordenanzas de los institutos solían ser guardias civiles retirados (o incluso en activo compatibilizando ambos quehaceres, a todas luces parecidos). Eran buena gente y la mayoría de ellos nos trataba con cariño pero había que andarse con cuidado. Tenían tal sentido del deber y de la custodia que apenas si había espacio para lo extraordinario y salirse de la raya, de lo establecido en algún aspecto, podría traer consecuencias desagradables, aunque, la verdad, tampoco solía llegar la sangre al río. Como los directores eran contingentes y los conserjes permanecían durante años en sus puestos, terminaban por ser los dueños de la información y

